- La isla de Tamalcab volvió a colocarse en la conversación pública luego de que la gobernadora Mara Lezama Espinosa recorriera este punto de la Bahía de Chetumal.
STAFF / LUCES DEL SIGLO
CHETUMAL, Q. ROO.- La isla de Tamalcab volvió a colocarse en la conversación pública luego de que la gobernadora Mara Lezama Espinosa recorriera este punto de la Bahía de Chetumal.
En este atractivo turístico llamó a la población local, así como a los visitantes, a mirar hacia uno de los espacios menos explorados del sur de Quintana Roo.
Frente a Calderitas, esta isla se mantiene como un destino de acceso relativamente cercano a la capital, pero todavía ajeno a los circuitos turísticos más concurridos.
El traslado puede hacerse en lancha en pocos minutos desde la Zona Continental, lo que convierte a Tamalcab en una escapada accesible para quienes buscan un entorno más sereno y con menor intervención urbana.
Durante la visita, la mandataria destacó el valor paisajístico del sitio y subrayó que, además de sus aguas tranquilas y vegetación conservada, en la zona puede apreciarse fauna marina, incluido el avistamiento de delfines en determinadas condiciones.
Más allá del mensaje promocional, Tamalcab representa una de esas postales que ayudan a entender por qué el sur del estado conserva un perfil distinto al del norte turístico.
La isla se localiza en la Bahía de Chetumal, frente a Calderitas, comunidad costera ligada históricamente a la pesca y al desarrollo local de la ribera, situada a pocos kilómetros de la capital del estado.
Distintas referencias turísticas y geográficas la identifican, además, como la única isla de la bahía, una característica que le da un valor particular dentro del paisaje regional.
El entorno donde se ubica también carga con un trasfondo histórico que suele pasar inadvertido.
La zona de Calderitas está vinculada con antiguos asentamientos mayas y con sitios de relevancia arqueológica en la bahía, como Oxtankah, mientras que el nombre Tamalcab aparece incluso en estudios históricos sobre antiguos poblados coloniales en la región.
Ese cruce entre naturaleza, memoria territorial y baja intervención humana le da a este espacio una dimensión más amplia que la de un simple destino de descanso.
En ese contexto, la invitación oficial apunta a posicionar a Tamalcab como una alternativa turística para Chetumal sin desprenderla de su vocación natural.
El reto, sin embargo, no será únicamente atraer visitantes, sino hacerlo sin alterar el equilibrio ambiental que precisamente vuelve atractiva a la isla.
Ahí está la diferencia entre promover un paraíso y conservarlo: el éxito no debería medirse solo en llegadas, sino en la capacidad de mantener intacto aquello que hoy la distingue.



