POR KUKULKAN
HAY PERSONAJES que parecen tener un talento extraordinario para aparecer, una y otra vez, en el lugar donde el dinero huele raro. No importa si se trata de pleitos fiscales, tribunales, reguladores o ahora plataformas de apuestas: el nombre de Ricardo Salinas Pliego vuelve a colarse en una historia que, cuando menos, levanta más cejas que aplausos.
ESTA VEZ no se trata de una sentencia, ni de una condena judicial. Conviene decirlo desde el principio para que nadie se rasgue las vestiduras. Lo que existe es una investigación gubernamental, la suspensión de plataformas de apuestas que operaban con permisos de Ganador Azteca, empresa vinculada a Grupo Salinas, y un contexto en el que las autoridades financieras mantienen la lupa sobre un sector considerado de alto riesgo para operaciones de lavado de dinero.
PERO, como suele ocurrir en México, el problema no siempre es la sentencia. A veces basta con la repetición de los episodios para dibujar un patrón político y empresarial difícil de ignorar. Según la información oficial, bet365.mx y betano.mx continúan suspendidas por la Dirección General de Juegos y Sorteos de la Secretaría de Gobernación. Ambas operaban bajo permisos de Ganador Azteca.
PARALELAMENTE, la Unidad de Inteligencia Financiera ha recibido más de 202 mil reportes relacionados con juegos de apuesta durante los primeros cinco meses del año, por operaciones que suman al menos 15 mil 287 millones de pesos sujetos a mecanismos preventivos de revisión. El dato, por sí mismo, no implica que exista delito alguno. Los avisos forman parte de los controles previstos por la legislación antilavado cuando se superan determinados montos.
AUNQUE tampoco es un asunto menor que varias plataformas permanezcan suspendidas dentro de investigaciones que buscan cerrar espacios al crimen organizado y al financiamiento ilícito. Y ahí aparece nuevamente el empresario que gusta presentarse como víctima profesional del Estado mexicano.
RESULTA curioso que quien dedica buena parte de sus redes sociales a predicar sobre libertad económica, eficiencia privada y exceso regulatorio termine encontrándose constantemente con autoridades fiscales, financieras o administrativas. Pareciera que la mala suerte persigue únicamente a los multimillonarios más incomprendidos del país.
PORQUE esa ha sido la narrativa favorita: todo es persecución política. Si el SAT reclama impuestos, persecución. Si un juez resuelve en contra, persecución. Si una autoridad financiera investiga plataformas de apuestas, persecución. El libreto ya es conocido y hasta predecible. Sin embargo, la realidad suele ser menos épica que los videos publicados desde un yate.
LA INDUSTRIA de los casinos en línea no es precisamente un club de lectura. En prácticamente todo el mundo representa uno de los sectores con mayores riesgos para el lavado de dinero, precisamente porque combina grandes flujos de efectivo, operaciones digitales y movimientos internacionales.
POR ESO existen controles especiales y por eso las autoridades financieras mantienen vigilancia permanente. Nadie debería sorprenderse de que existan investigaciones. Lo preocupante sería exactamente lo contrario. Lo que sí llama la atención es que, una vez más, un negocio relacionado con Grupo Salinas aparezca mencionado en medio de un operativo de supervisión gubernamental.
SI BIEN la empresa ha reconocido públicamente que dos de sus plataformas forman parte de las investigaciones y no operan actualmente, ello no equivale, por sí solo, a acreditar responsabilidad alguna. Será la autoridad competente la que determine, en su caso, las consecuencias jurídicas correspondientes.
MIENTRAS tanto, el golpe reputacional ya está servido. Y es que la confianza también cotiza en bolsa, aunque no aparezca en los estados financieros. Para cualquier conglomerado empresarial resulta incómodo que su nombre vuelva a asociarse con investigaciones, suspensiones o revisiones oficiales.
MÁS AÚN cuando su principal accionista ha construido una imagen pública basada en cuestionar constantemente la legalidad de las decisiones gubernamentales, mientras exige que nadie cuestione las prácticas de sus propias empresas. La ironía termina siendo inevitable. Quien suele acusar a las instituciones de abusar del poder termina dependiendo de esas mismas instituciones para demostrar que todo está en regla.
ASÍ FUNCIONA el Estado de derecho, incluso para quienes parecen convencidos de que sólo aplica cuando les favorece. En el fondo, esta historia trasciende a un empresario específico. Habla de un país donde las grandes fortunas reclaman mercados libres, pero también exigen excepciones; donde los reguladores son enemigos cuando investigan y héroes cuando autorizan; donde algunos magnates confunden influencia con inmunidad.
LA RULETA sigue girando. Las fichas cambian de color. Las investigaciones continúan su curso. Y, curiosamente, el nombre de Ricardo Salinas Pliego vuelve a caer en la casilla que menos le gusta: la del escrutinio público. Y es que en el casino de la opinión pública hay una regla infalible: cuando el mismo jugador aparece demasiadas veces en la mesa de las sospechas, ya no basta con culpar al crupier.




