El abecedario perdido de Samuel

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POR KUKULKAN

HAY ERRORES que se explican por un resbalón de la lengua. Otros, por el cansancio. Y luego están los de Samuel García, que ya no son lapsus: son una tradición política registrada, casi un sello de fábrica. El joven gobernador de Nuevo León volvió a regalarle al país uno de esos momentos que alimentan los memes, las burlas y, sobre todo, las dudas sobre el nivel de preparación de quien presume encabezar uno de los estados más prósperos de México.

AHORA resulta que Matehuala ya no está en San Luis Potosí. No, señor. Según el mandatario emecista, la Carretera 57 conduce… ¡a Guatemala! Así, con la misma seguridad con la que explicaba los avances de la Carretera Interserrana, sustituyó una humilde “M” por una “G” y, de un plumazo, desplazó cientos de kilómetros la geografía nacional. Si Cristóbal Colón se equivocó de continente, Samuel parece decidido a redibujar el mapa de México letra por letra.

PODRÍA decirse que cualquiera se equivoca. Cierto. A cualquiera se le puede cruzar una palabra. El problema es que cuando las metidas de pata dejan de ser excepcionales para convertirse en una colección, dejan de ser accidentes y comienzan a parecer síntomas. Desde luego que no se trata del primer capítulo de la saga samuelesca. Todavía resuena aquella joya pronunciada cuando buscaba la gubernatura, asegurando que “en el norte trabajan, en el centro administran y en el sur descansan”.

BASTÓ esa frase para desnudar una visión simplista, clasista y profundamente ignorante de un país cuya riqueza precisamente radica en la diversidad de sus regiones. Millones de mexicanos del sur, acostumbrados a jornadas extenuantes, migración forzada y abandono gubernamental, recibieron la lección geográfica y sociológica del entonces candidato con la misma indignación con la que uno escucha a un turista explicar la historia nacional después de hojear un folleto de aeropuerto.

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LA REALIDAD es que Samuel nunca ha permitido que el ridículo interrumpa su carrera. También quedó para la posteridad aquella conmovedora tragedia infantil que compartió con absoluta naturalidad: de pequeño, sus padres lo amenazaban con quitarle el domingo si no terminaba de recorrer los 18 hoyos del campo de golf junto a su abuelo. Mientras millones de niños mexicanos crecían vendiendo dulces en los cruceros, ayudando en el negocio familiar o simplemente soñando con tener un balón, el hoy gobernador sufría el terrible drama de caminar por un campo de golf.

SIN DUDA, en México hay infancias difíciles pero la de Samuel, víctima del green y del carrito de golf, es ejemplar. Más recientemente anunció, sin rubor alguno, que durante la Copa Mundial de Futbol 2026 se pondría “en modo party”. Nada menos que el gobernador de una de las entidades más complejas del país, donde la crisis ambiental, la inseguridad, la movilidad y el abastecimiento de agua siguen esperando soluciones menos festivas. Para algunos gobernar implica administrar problemas; para Samuel parece tratarse de organizar el after.

Y AHORA llega Guatemala. Tal vez la diferencia entre la “M” y la “G” parezca insignificante para algunos. Apenas una letra. Pero en política las letras pesan. Cambian nombres, modifican significados y, en ocasiones, exhiben el tamaño del desconocimiento. No es que Samuel haya descubierto una nueva frontera internacional; simplemente volvió a demostrar que la improvisación suele viajar más rápido que la reflexión. Lo inquietante de este lapsus no es el error, sino la facilidad con la que se acumulan.

HABRÍA que recordarle que un gobernador no sólo administra presupuestos y obras; también representa institucionalmente a millones de ciudadanos. Cada declaración proyecta una imagen del estado que gobierna. Y cuando esas declaraciones terminan convertidas en tendencia por sus desatinos más que por sus resultados, algo claramente está fallando. Paradójicamente, estas ocurrencias provienen del mandatario de un estado que suele presumir su desarrollo económico, su cercanía con Estados Unidos y una supuesta superioridad administrativa frente al resto del país.

LO IRÓNICO es que Nuevo León gusta de presentarse como ejemplo nacional de eficiencia, modernidad y competitividad. Sin embargo, fue precisamente ese electorado, que presume estar mejor informado que nadie, el que decidió entregar las llaves del Palacio de Cantera a un personaje que parece producir más frases virales que políticas públicas memorables. Probablemente el problema no haya sido confundir la “M” por la “G”. Tal vez el gobernador simplemente necesita regresar a primero de primaria. Un repaso del abecedario ayudaría a distinguir Matehuala de Guatemala.

TAMPOCO le vendrían mal unas clases de geografía para ubicar mejor las carreteras nacionales. Y ya encarrerados, quizá un curso de historia, civismo y sentido común terminaría de completar la formación. Y es que gobernar un estado no debería parecer un concurso permanente de gazapos. Aunque, viendo el historial de Samuel García, nadie descarte que la próxima vez descubra que Monterrey queda junto a Madagascar. Total, al ritmo que va, una letra más o una menos ya parece asunto de Estado.

@Nido_DeViboras

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