POR KUKULKAN
VAYA ironía. La Fiscalía boliviana entró buscando plata y terminó encontrando oro. Y no hablamos solamente de los más de 500 mil bolivianos, dólares y euros reportados durante los allanamientos relacionados con Fernando Cerimedo. El verdadero filón apareció enchufado, conectado y listo para multiplicarse: equipos que las autoridades describieron como una “mini granja de bots”.
CERIMEDO ya estaba metido en un problema bastante serio. Había sido detenido derivado de la investigación por el ataque contra su expareja, Nadia Beller, un caso que la justicia boliviana investiga como tentativa de feminicidio y por el cual permanece en prisión preventiva. Él niega las acusaciones. Pero como suele ocurrir cuando se levanta una piedra en los jardines de la política latinoamericana, debajo aparecieron más animalitos.
LA FISCALÍA abrió otra línea de investigación por presunto enriquecimiento ilícito y legitimación de ganancias. Fue entonces cuando, buscando documentos, dinero y posibles movimientos financieros, los investigadores encontraron computadoras y dispositivos que calificaron como una pequeña granja de bots. ¡Premio mayor!
RESULTA que Cerimedo no es precisamente un vendedor de computadoras de segunda mano. Su nombre lleva años asociado a la comunicación política digital de la nueva derecha latinoamericana. Participó en el ecosistema político que llevó a Javier Milei a la Presidencia argentina, tuvo protagonismo en las controversias posteriores a las elecciones brasileñas que ganó Lula y ha sido señalado desde México como parte de una estructura internacional dedicada a amplificar narrativas contra gobiernos progresistas.
Y JUSTO aquí es donde la víbora empieza a levantar la cabeza. Meses antes de que los fiscales bolivianos encontraran esos aparatos, el gobierno de Claudia Sheinbaum ya había acusado públicamente a Cerimedo y a otros actores de formar parte de una red internacional que utilizaba medios digitales, influencers, trolls y bots para posicionar contenidos contra su administración.
DESDE Palacio Nacional incluso se habló de clústeres de cuentas automatizadas. En aquel momento, los señalados rechazaron las acusaciones. Ahora Javier Negre, antiguo socio de Cerimedo en La Derecha Diario, también niega que ese medio utilice granjas de bots y asegura que sus audiencias son orgánicas. Aquí mejor conviene guardar los colmillos un momento.
EL HECHO de que la Fiscalía haya encontrado equipos descritos como una granja de bots no demuestra todavía que fueran utilizados contra Sheinbaum, Lula, Evo Morales o en su momento cualquier otro dirigente progresista. Para sostener eso harán falta peritajes, direcciones IP, cuentas administradas, historiales, campañas, fechas y conexiones. Pero políticamente la coincidencia resulta sospechosa.
ES COMO denunciar durante meses que alguien tiene una fábrica clandestina de matracas y que, cuando la policía entra a su casa por otra cosa, encuentre quinientas matracas en el sótano. No prueba quién hizo ruido en la plaza. Pero vaya que despierta curiosidad. Por eso México observa con particular interés lo que salga de las computadoras aseguradas en Bolivia.
EN CASO de que los peritajes llegaran a conectar esa infraestructura con campañas detectadas previamente en territorio mexicano, entonces dejaríamos de hablar exclusivamente de propaganda política para entrar en una discusión mucho más incómoda: la industrialización transnacional de la conversación pública.
LAS GRANJAS de bots tienen una virtud maravillosa para quienes las utilizan: convierten diez operadores en diez mil ciudadanos indignados. Uno escribe. Novecientos repiten. Y después alguien publica: “Las redes estallan” ¡Milagro digital! Evo Morales, presidente depuesto, no dejó pasar semejante banquete y volvió a cargar contra Cerimedo, a quien acusa de formar parte de operaciones internacionales destinadas a generar polarización.
DESDE México también se retomó el caso como ejemplo de mecanismos utilizados para fabricar tendencias y amplificar información falsa. Mientras tanto, la madeja política continúa creciendo. Cerimedo tuvo relaciones con el mileísmo argentino, asesoró al actual presidente boliviano Rodrigo Paz y desarrolló actividades de comunicación política que cruzaron fronteras.
SIN EMBARGO, eso no convierte automáticamente a cada persona relacionada con él en integrante de una conspiración continental. Pero sí explica por qué cada disco duro decomisado provoca sudores fríos en más de una oficina. La pregunta ahora no es cuántos aparatos había. La pregunta es a quiénes hablaban esas máquinas cuando fingían ser personas. Ahí está el oro que accidentalmente encontró la Fiscalía.
SEGURAMENTE los investigadores entraron siguiendo el rastro del dinero y terminaron abriendo una puerta hacia algo políticamente mucho más valioso: conocer cómo funcionan las redes que intentan fabricar percepciones, tendencias e indignaciones en América Latina.
HABRÁ que esperar los peritajes. Pero si las computadoras empiezan a hablar, más de uno descubrirá que los bots no votan… pero vaya que hacen campaña.




