POR KUKULKAN
VAYA mordida de realidad la que recibió María Corina Machado y la derecha venezolana que celebró la intervención estadounidense convencida de que Donald Trump les entregaría, casi con moño y tarjeta de felicitación, las llaves del Palacio de Miraflores… pero una cosa es llamar al águila para espantar al enemigo y otra muy distinta conseguir que, una vez instalada en el gallinero, acepte marcharse sin revisar primero qué hay en la despensa. Y en Venezuela hay petróleo. Mucho petróleo.
DURANTE meses, los adversarios del chavismo imaginaron que Washington sería el vehículo que finalmente los llevaría al poder. Maduro fuera, transición inmediata, elecciones y todos felices. Bueno… casi todos. Sólo que olvidaron preguntarle a Trump, porque el presidente estadounidense acaba de declarar que Venezuela “no está preparada” todavía para celebrar elecciones. Así nomás. Después vemos.
AHÍ ESTÁ el pequeño detalle que seguramente provoca urticaria en las oficinas opositoras: cuando Washington considere que existen las condiciones. Es decir, el chavismo seguirá gobernando encabezado ahora por Delcy Rodríguez mientras Trump decide cuándo llegó la primavera democrática ¡Qué cosas tiene la geopolítica! Sí María Corina esperaba por lo menos una reprimenda estadounidense contra Rodríguez, tampoco hubo premio de consolación.
TRUMP ha hablado maravillas de Delcy. Dijo que está haciendo un trabajo “muy, muy bueno” y presumió que su administración mantiene una buena relación con el gobierno venezolano. Sí, estimadas víboras. Después de tantos discursos, sanciones, acusaciones y promesas de transición democrática, Washington descubrió que puede entenderse con una de las figuras centrales del chavismo.
DEBE ser que el petróleo posee extraordinarias propiedades diplomáticas. Y entonces apareció el gigantesco acuerdo energético estadounidense en Venezuela. Ahí fue cuando algunas sonrisas opositoras comenzaron a ponerse tiesas. María Corina Machado cuestionó que un gobierno sin legitimidad electoral pueda comprometer durante décadas los recursos naturales venezolanos. Preguntó quién firma, bajo qué condiciones, cuáles son las garantías y, sobre todo, qué beneficio obtendrá el pueblo venezolano.
PREGUNTAS pertinentes. Nada más que ahora van dirigidas, indirectamente, hacia el mismo Washington al que buena parte de la oposición había colocado todas sus veladoras. Y aquí viene la parte deliciosa del serpentario. Machado llegó a entregarle a Trump la medalla de su Premio Nobel de la Paz, un gesto político cargado de agradecimiento y simbolismo. Seguramente alguien imaginó que aquello ayudaría a aceitar la maquinaria de la transición. Pues parece que se aceitó otra maquinaria. La petrolera. Porque elecciones no hay. Fecha tampoco.
DESDE luego que acuerdo energético, ése sí ¡Qué ingrata puede ser la diplomacia! Machado puso sobre la mesa hasta el símbolo de su Nobel y Trump terminó poniendo sobre la mesa los mapas petroleros venezolanos. Negocios son negocios. Ahora la oposición tendrá que esperar pacientemente a que el inquilino de la Casa Blanca determine cuándo los venezolanos están suficientemente preparados para votar.
LA IRONÍA merece enmarcarse. Durante años se denunció que Maduro impedía que los venezolanos decidieran democráticamente su futuro. Maduro salió. Pero resulta que ahora tampoco serán únicamente los venezolanos quienes determinen cuándo podrán elegir presidente. Para eso habrá que esperar la bendición de Washington. Mientras tanto, Delcy gobierna. Trump la elogia. Las petroleras hacen cuentas. Y María Corina protesta.
EXTRAÑO desenlace para quienes pensaron que la intervención estadounidense significaría automáticamente el principio del fin del chavismo. Quizá apenas cambió el administrador de las expectativas. Porque una vieja regla de la política internacional volvió a cumplirse: las potencias pueden compartir discursos, enemigos y hasta fotografías, pero cuando aparecen los intereses económicos, cada quien acomoda las fichas de su propio tablero. Así que en el Nido ya se escucha el cascabeleo. A María Corina le prometieron democracia, entregó hasta la medalla y terminó esperando elecciones. Delcy, mientras tanto, conserva Miraflores. Y Trump… Trump encontró el petróleo.




