Opositores de alta costura

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POR KUKULKAN

EN LA POLÍTICA mexicana siempre hay asuntos de Estado impostergables: la seguridad, la economía, la relación con Estados Unidos y, por supuesto, saber cuántos pantalones tiene Claudia Sheinbaum en el clóset. Y es que cuando la discusión pública se queda sin pólvora, nunca falta quien descubra una amenaza a la República escondida entre un huipil, un saco bordado y un vestido presidencial.

AHORA resulta que parte del escrutinio sobre la mandataria pasó de sus decisiones de gobierno a una pregunta casi existencial: ¿cómo puede aparecer con ropa distinta tan seguido si la Cuarta Transformación presume austeridad? El planteamiento circuló en redes y terminó llegando a Palacio Nacional. Sheinbaum respondió este jueves que recicla prendas, repite pantalones y transforma textiles que recibe durante sus recorridos con ayuda de costureras y costureros. 

NADA qué ver con un ejército de diseñadores parisinos escondido en los sótanos de Palacio, pues. Y aquí es donde empieza el sabroso contraste, ya que mientras en México algunos observadores cuentan sacos presidenciales como si fueran auditores de guardarropa, The New York Times colocó a Sheinbaum entre las 67 personas con más estilo de 2025.

LA PUBLICACIÓN estadounidense destacó precisamente aquello que aquí provoca cejas levantadas: el uso de bordados y textiles indígenas mexicanos y la visibilidad que la presidenta ha dado a esa tradición artesanal. Vaya contradicción: lo que afuera fue leído como identidad, aquí algunos lo presentan como sospechoso despilfarro.

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DESDE luego, preguntar por la congruencia entre austeridad y gasto público es perfectamente legítimo. Más aún en Morena, donde los viajes, relojes y lujos de algunos de sus integrantes han provocado cuestionamientos justamente porque chocan con el discurso fundacional del movimiento. Ahí sí hay una discusión política de fondo: la distancia entre predicar sobriedad y practicar opulencia.

PERO trasladar automáticamente ese debate al vestido de la presidenta requiere algo más que fotografías de atuendos diferentes. Habría que demostrar cuánto cuestan, quién los paga y si existe gasto público excesivo. Hasta ahora, la explicación ofrecida por Sheinbaum es otra: prendas reutilizadas, textiles regalados y confecciones realizadas fuera del circuito de las grandes firmas internacionales.

CLARO que todas estas explicaciones arruinan un poco el escándalo, porque es mucho más entretenido imaginar un vestidor digno de una monarquía europea que aceptar que un mismo pantalón puede sobrevivir varias mañaneras. También hay otra dimensión que incomoda a quienes reducen el asunto a frivolidad. Sheinbaum convirtió los textiles indígenas en parte deliberada de su imagen pública.

DURANTE su toma de posesión, ceremonias oficiales y encuentros internacionales han aparecido bordados provenientes de distintas comunidades mexicanas. El mensaje puede gustar o no, pero existe: colocar artesanía nacional en escenarios donde durante décadas dominaron códigos de vestimenta importados. ¿Hay política detrás de esa imagen? Naturalmente. Todo presidente comunica políticamente incluso cuando decide qué ponerse.

LO CURIOSO es que sus adversarios también hacen política con el mismo vestido. Unos ven propaganda identitaria; otros, promoción de artesanas. Unos hablan de contradicción con la austeridad; otros observan una estética presidencial alejada de las marcas de lujo. Y algunos críticos parecen haber desarrollado tal especialización en moda que cualquier día veremos mesas de análisis calculando el impacto electoral de una blusa bordada.

ASÍ ANDA el debate público: mientras unos discuten las costuras del país, otros prefieren discutir las costuras del vestido. Y quizás ahí esté la verdadera ironía. La oposición tiene numerosos terrenos sustantivos donde confrontar al Gobierno: resultados, presupuesto, seguridad, salud, infraestructura o política energética.

SIN DUDA, convertir el guardarropa presidencial en expediente político puede generar conversación en redes, pero difícilmente sustituye una discusión sobre gobierno. Entre tanto, al norte del Río Bravo consideran estilosa a la presidenta por vestirse con textiles mexicanos. Y aquí algunos siguen buscando la etiqueta del precio.

@Nido_DeViboras

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