Brasil, México y la 4T

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Elmer Ancona Dorantes

Brasil es un país enorme en territorio y población; tiene ocho millones y medio de kilómetros cuadrados, el quinto país más grande del mundo después de Rusia, Canadá, China y Estados Unidos.

En cuanto a población, tiene 214 millones de habitantes que viven en los cinco mil 570 municipios; comparado con México, tiene 4.3 veces el territorio mexicano y casi 1.6 veces su población. Es un gigante de América, junto con Estados Unidos.

Política y electoralmente, Brasil ha sido gobernado por la izquierda de Luiz Inácio “Lula” da Silva y de Dilma Rousseff -Partido de los Trabajadores- por 17 años no consecutivos.

Pensaron que su sueño sería eterno, pero se vio interrumpido por la maquinaria de Michel Temer y Jair Bolsonaro durante seis años ¿Gobernó bien, administró mal la izquierda en ese país? Los brasileños están divididos en sus posturas.

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Lo cierto es que en los años recientes hubo un desencanto de los brasileños ante la forma de gobernar de la izquierda. Y hay que considerar que no todos los que votan en contra de Lula son de derecha. Para nada.

Algunos han apoyado los programas sociales aplicados y las políticas de reducción de la pobreza; no obstante, al mismo tiempo están descontentos con la corrupción, la inseguridad, los elevados impuestos o el gasto público.

¿Por qué giró de nuevo Brasil hacia la derecha? Algunas de las razones que se señalan, de acuerdo con estudios internos del país sudamericano, son las siguientes:

1- Seguridad: Una de las críticas más fuertes de la población es que la izquierda pone demasiado énfasis en las causas sociales del crimen y no en el fortalecimiento de la policía, las cárceles y el endurecimiento penal. En un país con niveles elevados de violencia, tiene bastante peso electoral.

2- Corrupción: El escándalo de Petrobras y el caso Lava Jato marcaron de manera significativa a la administración de Lula; la percepción de corrupción política sigue siendo un argumento central de sus adversarios.

3- Polarización: Los brasileños consideran que el PT ha convertido la política en una confrontación permanente entre “lulistas” y “bolsonaristas”; también critican el peso político de Lula después de tantos años en primera línea.

4- Impuestos y tamaño del Estado: Sectores empresariales y de la clase media critican al gobierno por una carga tributaria elevada y por considerar que el Estado gasta demasiado.

5- Economía: La población y los críticos cuestionan el aumento del gasto público, el déficit y determinadas intervenciones estatales; debaten sobre si las políticas de la izquierda favorecen suficientemente la inversión privada y el crecimiento.

6- Valores sociales y culturales: Sectores conservadores, especialmente entre los evangélicos, cuestionan posiciones de la izquierda sobre aborto, género, educación sexual y otros asuntos culturales. En estos rubros Bolsonaro consiguió construir una base política importante.

7- Relación con las izquierdas: Cuestionan que Lula mantenga un discurso relativamente “comprensivo” hacia gobiernos como el de Venezuela, Nicaragua, Cuba y España.

8- Establishment político: Después de más de dos décadas como principal fuerza de la izquierda brasileña, en el PT también existen corrientes internas y externas que consideran que Lula forma parte de una clase política que lleva demasiado tiempo en el poder.

En estos tiempos de elecciones, en los que todo parece apuntar que perderá Lula el poder, la autonomía estratégica y mundo multipolar serán derrotados para dar paso a un gobierno con mayor afinidad con Estados Unidos y la derecha conservadora occidental. Por eso triunfa también ahora el senador por Río de Janeiro, Flávio Bolsonaro.

Pero este candidato representa algo más profundo que la “derecha”, es un fenómeno que los brasileños lo interpretan como una relación favorable con Estados Unidos.

A esto fenómeno se le combinan factores de interés como el conservadurismo social, el nacionalismo, el antiizquierdismo, la religión evangélica, el populismo (de derecha), el discurso a favor de la seguridad y el rechazo a las élites políticas arraigadas.

Flávio Bolsonaro consiguió en estas elecciones algo que la derecha brasileña tradicional no había logrado: convertirse en una identidad popular de masas; este candidato necesita a China, pero también requiere comerciar con Estados Unidos.

Los especialistas argumentan que en lugar de una “ola roja” o una “ola azul”, en Brasil se está viviendo algo parecido a una ola “anti-establishment”.

La gente castiga al gobierno que está en el poder: si gobierna la izquierda y la economía va mal, gana la derecha; si gobierna la derecha y aumenta la desigualdad o el gobierno fracasa, vuelve la izquierda.

Hay evidencia de que buena parte del electorado latinoamericano mantiene posiciones híbridas: puede ser relativamente de izquierda respecto de la desigualdad y simultáneamente de derecha respecto de seguridad y delincuencia. Por eso la política latinoamericana se parece cada vez más a un péndulo.

¿Qué pasará con México?

México es especialmente interesante dentro de este mapa, ya que ocupa una posición peculiar: tiene un gobierno que se dice de “izquierda” (Morena y PT) pero al mismo tiempo Estados Unidos es su socio económico estructural más importante.

Eso genera una situación diferente de la brasileña. Brasil puede intentar construir cierta autonomía entre Washington y Pekín, pero México está geográficamente pegado a Estados Unidos y profundamente integrado a su economía.

Aún más, en materia de seguridad, México está considerado por la Administración Trump como el “epicentro” de los cárteles de la droga, hoy considerados como grupos terroristas, algo que no tiene Brasil.

Aquí la pregunta que nos podemos hacer, pensando en las próximas elecciones intermedias del 2027 es si seguirá gobernando Morena y sus aliados en México, después de todo lo que ha surgido en el mundo de la criminalidad, aunado al proceso inflacionario que se vive en el país.

Si queremos acertar un poco en nuestro diagnóstico, es importante voltear a ver lo que sucedió con otras naciones sudamericanas, y entender por qué perdieron las izquierdas.

Desde mi punto de vista, Morena, sus aliados y la llamada Cuarta Transformación la tienen bastante complicada para el 2027, y lo más seguro es que se vuelva a un retorno más seguro y conveniente para los diversos sectores y para las llamadas “mayorías”.

@elmerando

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