Por KUKULKÁN
EN UN ACTO de redención judicial que habría hecho llorar de emoción al mismísimo Pilato, la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación decidió lavar el honor mancillado de Lorenzo Córdova Vianello, ese prócer de la democracia moderna, quien ahora podrá dormir tranquilo sabiendo que ya no será recordado como el tipo que se mofó de los pueblos originarios en una llamada telefónica filtrada en 2015. O bueno, al menos no por los niños de sexto año… del ciclo escolar que ya terminó.
PORQUE, claro, si hay algo que caracteriza a nuestras instituciones es su puntualidad quirúrgica. La SEP ya repartió los libros, los alumnos ya leyeron el “agravio”, ya se hicieron los memes, se rieron los papás, se indignaron los tuiteros, y hasta la presidenta Sheinbaum lo volvió a recordar públicamente… pero la Corte dijo: “Momento, esto no puede quedar así”.
ASÍ QUE, en su última sesión antes de extinguirse, la Segunda Sala decidió que lo mejor era reeditar el libro de texto que incluye el episodio donde Lorenzo suena más a personaje de La Hora Pico que a presidente del INE. Tres ministros contra dos -con un voto de desempate prestado de la Primera Sala, como quien pide azúcar al vecino- decidieron que la SEP debe retirar el libro Proyectos Comunitarios, suspender su distribución, reeditarlo, y borrar toda mención al exconsejero.
POR SUPUESTO, cuando se trata de proteger la “dignidad” de un personaje público con historial de racismo telefónico, no hay tiempo que perder. Aunque ya todo el país se haya enterado. El fallo es claro: el libro afectaba el “honor, reputación y dignidad” de Córdova. Aparentemente, reproducir literalmente lo que él mismo dijo en una llamada privada y que luego fue pública, es una falta de respeto.
PERO no cualquier falta. Una tan grave que merece que el Estado gaste tinta, papel y logística para hacer como si nunca hubiera pasado. Porque si algo sabemos, es que en México, borrar las palabras de un libro borra también los hechos. Claro que sí. Y no, no estamos diciendo que Lorenzo no tenga derecho a defender su nombre. ¡Por supuesto que lo tiene! Lo que causa comezón es el timing judicial, esa perversa costumbre de llegar siempre tarde… pero con dictamen.
EL AUDIO es de 2015, el amparo se promovió en 2023, el ciclo escolar ya pasó, y ahora resulta que el problema es la página 234 del libro. ¡Ni las telenovelas de Televisa tienen guiones tan absurdos! Lo más curioso es que, aunque el fallo ordena eliminar el nombre de Córdova de futuras ediciones, la Corte aclaró que no hubo violación al derecho a la educación de la niñez. Al parecer, lo único que se vulnera aquí es la piel delgada del exconsejero.
EL DERECHO a una educación crítica, a saber quién fue quién en la historia reciente, ese puede esperar. Que los niños no se enteren. Que olviden. Que repitan: “Córdova, ¿quién?” Y mientras la SEP planea cómo corregir los libros que ya están en manos de 82 millones de alumnos, la presidenta Sheinbaum, fiel a su estilo directo, remata: “Lo vamos a seguir mencionando”. Porque sí, aunque borren su nombre del papel, ahí seguirán los audios, los archivos digitales, los videos, y sobre todo, la memoria colectiva.
ASÍ QUE, querido Lorenzo, enhorabuena por tu victoria legal. No cualquiera logra que la Suprema Corte lo ampare por un agravio que ya fue, en un libro que ya circuló, en un ciclo que ya cerró. Pero, por más que editen, recorten o tapen con corrector, hay cosas que no se borran tan fácil: el sonido de tu voz, tu risa burlesca, y esa frase que pasará a la historia… aunque no esté en los libros.


