Los mega ricos también lloran… en dólares

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POR KUKULKAN

MIENTRAS el grueso de habitantes de América Latina hace malabares para pagar la renta, el transporte y la tortilla —que ya parece producto gourmet—, hay un club selecto que no sabe lo que es la inflación, salvo como una oportunidad de negocio. Son 109 mega ricos latinoamericanos, una especie protegida por el mercado, la historia, la herencia y, en no pocos casos, por gobiernos dóciles. De ese zoológico dorado, 22 ejemplares son mexicanos. Nada mal para un país que lamenta a gritos la pobreza con la misma pasión con la que tolera fortunas obscenas.

FORBES los enumera con la frialdad de un contador: miles de millones de dólares aquí, unos cuantos más allá. Pero detrás de las cifras hay una verdad incómoda: la región más desigual del planeta sigue produciendo multimillonarios a un ritmo que ya quisieran ver en la exclusiva región de Silicon Valley. En América Latina no se erradica la pobreza, pero se reproduce la riqueza como si fuera moho en pan húmedo.

DESDE siempre Carlos Slim Helú ha encabezado la procesión con más de 80 mil millones de dólares, una cifra tan grande que deja de significar algo para el ciudadano promedio. Es dinero que no cabe en la imaginación, pero sí en concesiones, contratos, telecomunicaciones y décadas de un modelo económico que confundió competencia con concentración. Slim no está solo: Germán Larrea, los Baillères, los Salinas, los Hank, los Coppel. Apellidos que no necesitan presentación porque son parte del paisaje, como el tráfico o los baches.

LO INTERESANTE no es sólo cuánto tienen, sino cuánto ganaron. Porque incluso en años de crisis, pandemias, guerras, inflación y discursos de austeridad republicana, las fortunas de este club no se evaporaron: se reacomodaron, se protegieron y, en muchos casos, crecieron. El mercado siempre encuentra la forma de llorar en público y cobrar en privado.

EN CONTRASTE, el salario mínimo sube como escalera de caracol y el discurso oficial celebra cada aumento como una hazaña histórica. Pero basta comparar: lo que un trabajador gana en toda su vida laboral, un mega rico lo obtiene mientras duerme, literalmente, gracias a dividendos, acciones y movimientos bursátiles que nadie votó pero todos padecen.

MÉXICO aporta 22 nombres a esta lista continental no porque sea particularmente innovador, sino porque perfeccionó el arte de privatizar ganancias y socializar pérdidas. Aquí se rescatan bancos, se condonan impuestos, se renegocian deudas y se firman contratos “estratégicos”, todo en nombre de la estabilidad. La estabilidad, claro, de los de arriba.

LO PARADÓJICO es que muchos de estos mega ricos florecieron bajo gobiernos de todos los colores. Neoliberales, tecnócratas, populistas y regeneradores: la riqueza extrema no discrimina ideologías, sólo exige reglas claras para acumular y un Estado lo suficientemente fuerte para cobrar impuestos a los pobres y lo suficientemente débil para cobrárselos a los poderosos.

NADA nuevo. En América Latina se repite el ritual: informes que alertan sobre desigualdad, discursos que prometen justicia social y, al final, rankings que confirman que los ricos no sólo siguen siendo ricos, sino cada vez más ricos. Los 109 mega ricos América Latina concentran más riqueza que millones de personas juntas, pero el verdadero milagro es que lo hagan sin ruborizarse, envueltos en filantropía de escaparate y fundaciones con nombre rimbombante.

ESO SÍ, cuando se habla de impuestos a grandes fortunas, la narrativa cambia: se espanta la inversión, se amenaza con la fuga de capitales y se invoca al mercado como si fuera una deidad susceptible. Curiosamente, elcapital siempre encuentra dónde esconderse, pero la pobreza nunca encuentra dónde huir. Así que no, no es que América Latina sea pobre. Es extraordinariamente rica, pero con una habilidad sobresaliente para concentrar esa riqueza en muy pocas manos.

Y MÉXICO, fiel a su tradición, no se queda atrás: produce multimillonarios con la misma eficacia con la que produce indignación y discursos huecos. En el Nido de Víboras no sorprende que los mega ricos sigan ganando. Lo verdaderamente escandaloso es que todavía pretendan convencernos de que su fortuna es fruto exclusivo del mérito, como si la historia, el Estado y la desigualdad no hubieran puesto la mesa… y pagado la cuenta.

@Nido_DeViboras

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