Citlalli, la cuña que incomoda en Morena

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POR KUKULKAN

EN POLÍTICA, las formas importan tanto como los fondos. Y a veces, las formas delatan más de lo que pretenden ocultar. La renuncia de Citlalli Hernández y su casi inmediata reubicación en la estructura partidista de Morena no sólo fue un movimiento estratégico rumbo a 2027 —como se vendió oficialmente—, sino también una escena que dejó al descubierto tensiones, estilos y, sobre todo, una nueva manera de ejercer el poder… con sello femenino, pero sin concesiones sentimentales.

Y ES QUE si algo quedó claro en este episodio es que el llamado ‘empoderamiento de las mujeres’ en la 4T no es una consigna decorativa ni un gesto simbólico: es poder real, que se ejerce, se disputa y, cuando es necesario, se impone. Luisa María Alcalde apenas había terminado de decir —con tono institucional y lealtad subrayada— que sólo dejaría la dirigencia de Morena si la presidenta se lo pedía, cuando desde Palacio se anunció la ‘decisión’ asumida por Citlalli.

NO PASARON ni 24 horas y, en política, ese tipo de sincronías no son casualidad: son mensajes. Y el mensaje fue claro: la dirigencia no es un espacio de comodidad, es un campo de operación. La lectura incómoda —pero inevitable— apunta a un desgaste en el manejo político de Alcalde, particularmente con los aliados. Morena, convertido en maquinaria electoral dominante, ya no puede darse el lujo de la rigidez ideológica ni de las torpezas diplomáticas.

EL VERDE y el PT no son accesorios: son bisagras. Y cuando esas bisagras rechinan, alguien tiene que engrasarlas. Ahí entra Citlalli. Pero no la Citlalli combativa, feminista de barricada y discurso encendido. No. La nueva Citlalli llega con traje de operadora, con lenguaje de conciliación y con la instrucción —nada menor— de alinear, negociar y, si hace falta, ceder. Un giro que confirma que en la política real, las convicciones suelen doblarse ante las matemáticas electorales. Y aquí es donde el asunto se vuelve interesante.

DURANTE años se construyó la narrativa de que la llegada de más mujeres al poder implicaría una política distinta: más sensible, más empática, menos confrontativa. La realidad está mostrando otra cosa. No es que haya menos dureza… es que hay menos drama. Las mujeres que hoy gobiernan —y operan— en la 4T no están administrando emociones, están administrando poder. Con menos estridencia, pero con mayor eficacia.

SI ANTES el estilo masculino privilegiaba el golpe, el control vertical y la testosterona discursiva, el nuevo estilo parece apostar por el cálculo frío, la negociación quirúrgica y la disciplina interna. Menos sentimiento, más pragmatismo. Y en ese tablero, la llegada de Citlalli a la estructura partidista suena menos a relevo y más a cuña. Al interior de Morena se empieza a escuchar ese viejo dicho: “para que la cuña apriete, debe ser del mismo palo”. Y no es menor que la cuña sea otra mujer. Una mujer que conoce las entrañas del movimiento, que tiene vínculos con las bases y que ahora tendrá en sus manos uno de los instrumentos más delicados del poder: la definición de candidaturas. Es decir, quién sí… y quién no.

LUISA María no está fuera, pero tampoco está sola. Y en política, esa diferencia lo es todo. Mientras tanto, Andy López Beltrán observa. Secretario general en el papel, heredero político en la narrativa, pero todavía sin el peso específico dentro del partido. Ya sea por prudencia, por falta de experiencia o por la sombra inevitable del apellido que carga, su liderazgo no termina de consolidarse. Y en un entorno donde las decisiones se toman rápido y sin titubeos, la ausencia de una voz firme también comunica. Así, Morena entra a una nueva etapa: más ordenada, más estratégica… y más competida internamente.

LA PARADOJA es evidente. El fortalecimiento político de las mujeres, impulsado por reformas, cuotas y una narrativa de justicia histórica, está derivando en un ejercicio del poder cada vez más técnico, más disciplinado y menos romántico. No es una política más suave. Es una política más efectiva. Citlalli no llega a confrontar. Llega a alinear. Y en ese movimiento, la dirigencia de Morena enfrenta su propia prueba: resistir, adaptarse… o ser desplazada sin hacer ruido. En este nuevo matriarcado político, las decisiones no se anuncian… se ejecutan.

@Nido_DeViboras

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