POR KUKULKAN
VAYA papelón el que le toca representar a México en el nuevo sainete de la guerra comercial. De un lado está el águila estadounidense, que exige cerrar espacios a China; del otro, el dragón asiático, que ya comenzó a enseñar los dientes. Y en medio, nuestra diplomacia intentando sonreír para las dos fotografías sin salir chamuscada en ninguna. Eso de llevarse bien con todos suena precioso en los discursos. El problema aparece cuando los dos gigantes quieren saber de qué lado está uno.
DESDE hace tiempo Washington observa con bastante menos entusiasmo que México se haya convertido en un mercado importante para automóviles, maquinaria, electrónicos, acero y toda clase de productos procedentes de China. La preocupación estadounidense es todavía mayor cuando se trata de inversiones capaces de integrarse a las cadenas productivas mexicanas y, eventualmente, aprovechar las ventajas comerciales de Norteamérica.
Y CLARO, con la revisión del T-MEC como telón de fondo, México tampoco está precisamente en condiciones de decirle al vecino: “muchas gracias por su opinión”. Más de cuatro quintas partes de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos. Ahí está buena parte de la industria, los empleos y los dólares que mantienen funcionando la maquinaria exportadora nacional.
PERO tampoco conviene hacerle demasiados desplantes al otro invitado. China se ha convertido en un proveedor fundamental de mercancías e insumos para la economía mexicana. El país importa del gigante asiático decenas de miles de millones de dólares en maquinaria, componentes electrónicos, vehículos y productos utilizados posteriormente por industrias instaladas en territorio nacional. Dicho de otra manera: Estados Unidos compra buena parte de lo que México vende, mientras China vende una buena parte de lo que México necesita para producir. Bonito triángulo.
EL GOBIERNO mexicano comenzó a elevar las barreras comerciales para productos procedentes de países con los que no tiene tratados de libre comercio. Automóviles, autopartes, textiles, acero, aluminio, electrodomésticos, juguetes y calzado quedaron dentro de una estrategia que oficialmente busca proteger industrias y empleos nacionales. Pero que nadie vaya a pensar mal. México asegura que aquello no fue diseñado contra China ni responde a presiones estadounidenses. Pekín, curiosamente, no quedó muy convencido.
EN RESPUESTA el Ministerio de Comercio chino abrió una investigación sobre las restricciones mexicanas y terminó concluyendo que algunas constituían barreras al comercio y la inversión. Más recientemente se sumó otro expediente: el supuesto dumping en las exportaciones de nuez pecana procedentes de México y Estados Unidos. Y ahora los productores mexicanos enfrentan cuotas compensatorias provisionales que pueden alcanzar 51.6 por ciento.
¿REPRESALIA? Cuidado con afirmarlo. Hasta ahora no existe evidencia suficiente para asegurar que Pekín haya castigado directamente a México por acercarse comercialmente a Washington. Aunque tampoco hace falta ser especialista en mandarín para escuchar el mensaje político detrás del ruido comercial. China está dejando bastante claro que tiene herramientas para defender sus intereses cuando considera que sus productos están siendo perjudicados.
Y EL PRIMER susto cayó sobre algo aparentemente pequeño: la nuez pecana. El problema es que para Chihuahua no tiene nada de pequeño. El estado concentra más del 60 por ciento de la producción nacional y durante años productores mexicanos trabajaron precisamente para conquistar el mercado chino y reducir su dependencia de Estados Unidos. Ironías de la globalización: México buscó a China para depender menos de Estados Unidos y ahora podría terminar necesitando todavía más al mercado estadounidense por las barreras impuestas desde China ¡Maravilloso negocio!
LAS NUECES son apenas la botana de esta tragicomedia. El plato fuerte será definir la relación económica mexicana con China mientras Washington endurece su competencia estratégica con Pekín y México se prepara para defender sus intereses dentro del T-MEC. Ahí sí comenzará el verdadero acto de equilibrismo. México puede repetir hasta el cansancio que mantiene relaciones soberanas con todas las naciones. Diplomáticamente es correcto. Comercialmente, sin embargo, la geografía suele ser bastante menos romántica.
LA PRESIDENTA Claudia Sheinbaum tendrá que ejecutar una coreografía bastante complicada: convencer a Washington de que México no será la puerta trasera de China hacia Norteamérica, mientras convence a Pekín de que tampoco pretende convertirse en el portero de Estados Unidos. Todo ello sin encarecer insumos, perder inversiones, cerrar mercados a exportadores mexicanos ni convertir la revisión del T-MEC en una sesión de interrogatorio sobre las relaciones del país con China.
COSA sencilla. México quiere comerciar con el dragón, producir con sus insumos, venderle alimentos y atraer inversiones; pero necesita mantener contenta al águila porque ahí está su principal mercado. Y los dos parecen comenzar a preguntar lo mismo: “¿Con quién estás?” La respuesta mexicana probablemente seguirá siendo: “Con México”. Suena impecable. El pequeño inconveniente es conseguir que Washington y Pekín también se lo crean. Cuando dos elefantes deciden medir fuerzas, conviene recordar quién está parado exactamente en medio. Y México, para variar, ya escuchó el primer crujido. Esta vez vino de una nuez.




