Morena y sus XV… ¿Quién cuida la marca?

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JOSÉ LUIS CARRILLO

Morena nació como asociación civil el 2 de octubre de 2011 —una fecha que nunca debemos olvidar— y, en noviembre de 2012, decidió emprender el camino para convertirse en partido político. El registro fue aprobado el 9 de julio de 2014, con efectos a partir del 1 de agosto de ese año.

Entre las figuras que acompañaron sus primeros años destacan, además del expresidente Andrés Manuel López Obrador, Laura Esquivel, Elena Poniatowska, Paco Ignacio Taibo II, la actual presidenta Claudia Sheinbaum y Martí Batres.

El Movimiento Regeneración Nacional llega a su adolescencia envuelto en una paradoja política: parece resentir la falta de dos grandes fortalezas que lo vieron nacer.

¡La unidad y la identidad!

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A más de una semana de concretarse los nombramientos de los 17 coordinadores estatales rumbo a las elecciones de gobernador, las aguas de la transformación siguen más turbias que las del Pacífico después de un huracán.

Las inconformidades exhiben a personajes que, horas antes de las designaciones, casi “se cortaban las venas” para demostrar que su sangre ya no era roja ni azul, sino guinda.

El método que hasta ahora ha contribuido a los triunfos del partido amenaza con convertirse en una piedra en el zapato: las encuestas para seleccionar a quienes aspiran a cargos de elección popular.

No cuestiono aquí la confiabilidad del método ni sus resultados electorales. El problema es que la apertura a perfiles diversos también puede dar entrada a personajes cuyos intereses personales terminan por imponerse al proyecto colectivo.

Personajes que, a juzgar por sus reacciones, parecen más preocupados por su futuro político que por la unidad, la imagen y la percepción social del llamado “segundo piso” de la Cuarta Transformación.

¿Para qué incluir a tantos aspirantes en las encuestas si algunos sólo están dispuestos a respetar los resultados cuando les favorecen?

Las tensiones que vive Morena no deberían pasar inadvertidas durante la celebración de su decimoquinto aniversario en el Auditorio Nacional. La quinceañera llega a la fiesta con varios chambelanes inconformes por no haber sido seleccionados para buscar alguna de las 17 gubernaturas en disputa el próximo año.

En lugar de abrir el proceso a tirios y troyanos, ¿por qué no realizar una competencia preliminar que permita llegar a la etapa final únicamente a los tres perfiles mejor posicionados?

Cuando un aspirante termina por confundir la promoción de su imagen con el respaldo efectivo de la ciudadanía, puede llegar a creerse más popular que Luis Miguel. Después, el problema para la dirigencia es devolverlo a la realidad.

La naturaleza humana siempre encuentra la manera de hacerse presente.

Las reacciones de algunos aspirantes no seleccionados en Guerrero, Chihuahua, Quintana Roo y Nuevo León permiten preguntarse si estaban preparados para asumir una responsabilidad colectiva, incluso cuando el resultado no les favoreciera.

Desde mi perspectiva, esas respuestas también ayudan a entender por qué no fueron elegidos.

El caso de Andrea Chávez merece atención. Después de no obtener la coordinación estatal en Chihuahua, fue designada coordinadora municipal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Ciudad Juárez, una posición que la perfila hacia la candidatura a la alcaldía, aunque todavía no equivale a una postulación formal.

La secuencia invita a preguntarse si estas decisiones fortalecen la unidad o si terminan por convertir la inconformidad en una herramienta de negociación política.

La lógica parece resumirse en dos frases:

“¡Primero yo y solamente yo!”

“¡Respeto al árbitro siempre y cuando pite a mi favor!”

Más allá de los argumentos que cada aspirante pueda tener para reclamar una falta, aceptaron participar en un proceso cuyos resultados prometieron respetar. Durante sus recorridos y actividades públicas, se mostraron de acuerdo con las reglas y aseguraron ser leales a Morena.

El compromiso se pone a prueba precisamente cuando se pierde.

En su decimoquinto aniversario, Morena entra en la adolescencia con tensiones que obligan a revisar cuánto pesa el compromiso de sus militantes con la transformación de México y cuánto el interés por asegurar su propio bienestar político.

Ojalá este miércoles la dirigencia ajuste tuercas y cierre filas alrededor del proyecto colectivo. La celebración también debería servir para recordar que pertenecer a un movimiento implica responsabilidades que van más allá de obtener una candidatura.

Lo reitero: las disputas actuales dejan la impresión de que muchos están ocupados en cuidar sus propias marcas.

¿Quién cuida la marca Morena?

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