Más que Oporto

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  • Cuando se habla de vinos portugueses vienen a la memoria sus sobresalientes fortificados bajo la etiqueta Oporto, con más de 300 años de tradición.
NAYELI ESTRADA / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Cuando se habla de vinos portugueses vienen a la memoria sus sobresalientes fortificados bajo la etiqueta Oporto, los 300 años de tradición escondidos en barricas de Madeira y la predominante extensión que abarca Vinho Verde, pero en sus terruños existe una diversidad aún inexplorada por el mercado mexicano.

“Portugal es muy diverso en suelos, climas y, por consecuencia, en estilos de vinos. Su vitivinicultura se expresa a partir de 300 variedades de uvas, más de 250 son autóctonas”, detalla Claudia Treviño, embajadora de Wines of Portugal.

Este país, ubicado al suroeste de la Península Ibérica, resguarda 14 regiones vinícolas y se posiciona como el onceavo productor mundial y el noveno exportador de vino.

“La ventaja de Portugal en términos de vino es su aislamiento. Ha mantenido intacta su herencia de variedades autóctonas y es prácticamente ajeno a la obsesión mundial por los Chardonnay y Cabernet”, describe la autora especializada Jancis Robinson.

Estilos por explorar

Blancos ligeros: Las frescas y arboladas montañas al noroeste de Portugal son el núcleo de este estilo, bajo en porcentaje de alcohol y de acidez fresca. Vinho Verde significa vino joven y muchos de ellos tienen una ligera aguja (efervescencia); más que monovarietales, generalmente se encuentran ensambles secos o semisecos.

Blancos robustos: Provenientes de viñedos bañados por abundantes rayos de sol y altas temperaturas estivales, son más altos en alcohol y ricos en textura. Allí están los aterciopelados blancos del Alentejo, los intensos y mineralizados de Duero y las corpulentas y expresivas etiquetas de Trás-os-Montes.

Rosados: Tienden a una acidez más viva, menor alcohol y un cuerpo más ligero cuando se cultivan en lugares más frescos, con influencia marítima o de gran altitud. No hay un punto geográfico en Portugal particularmente famoso por sus rosados y todas las uvas tintas imaginables, nativas y extranjeras, se transforman en rosados.

Tintos ligeros: Los viñedos situados a lo largo de la ventosa costa atlántica de Portugal producen algunos de sus tintos ligeros y ácidos, con un volumen alcohólico cercano al 11 por ciento. Esto incluye la región de Vinho Verde, fresca y a menudo lluviosa, ubicada al noroeste.

Tintos con cuerpo: Los veranos calurosos de Alentejo facilitan la maduración. Allí los tintos se elaboran a partir de un ensamble, ya sea Trincadeira y Aragonez, Alicante Bouschet (Garnacha Tintorera y Syrah) o Touriga Nacional y Cabernet Sauvignon. Ocasionalmente, otras regiones de Portugal, como los tramos superiores del Duero o el Tejo, coquetean con este estilo.

Tintos robustos: No hay región portuguesa más representativa que el valle del Duero para este estilo. Sus mejores tintos tienen un estilo propio, elegante y complejo, y son producto de la mezcla de uvas de diversos viñedos. Envejecen y evolucionan bien: sus taninos se suavizan y la fruta se hace presente. Trás-os-Montes y Bairrada también son grandes exponentes de este estilo.

Tintos elegantes: Dão concentra la mayor parte de los tintos con este carácter gracias a su altitud, suelos graníticos y clima fresco, que promueve una maduración lenta.

Especialmente sobresalientes sus ensambles de Touriga Nacional, Tinta Roriz, Alfrocheiro y Jaén, que se expresan perfumados, intensos, con buena acidez y equilibrio.

Espumosos: Se elaboran en las zonas más frescas. En Bairrada a partir de uvas tintas, como Baga o Touriga Nacional, y de blancas aromáticas, como Maria Gomes, Arinto, Bical y, a veces, Chardonnay. Távora-Varosa, con clima fresco y gran altitud, produce espumosos de Malvasía Fina y, cada vez más, de Chardonnay y Pinot Noir.

Los fortificados Oportos

Oporto se sitúa en la parte noroeste, bañada por el Atlántico; sin embargo, los viñedos se localizan entre 80 y 200 kilómetros río arriba. Existen más de 50 variedades de uva para su elaboración.

Para darle su característico dulzor se añade aguardiente, que detiene la fermentación y dejar azúcar residual, posteriormente se trasiega y envejece en barrica. Durante la primavera -a bordo de viejos veleros “rabelos”-, es llevado a la zona de crianza, en Vila Nova de Gaia, sobre la ribera sur del Duero. El añejamiento varía de tres a 50 años, según el estilo. Los hay blancos, tawny, ruby y rosé.

Madeira

Toma su nombre de la remota isla ubicada en el Atlántico. Su gama va de aperitivos a vinos de postre. Los hay elaborados de uva Malmsey (Malvasía), parduscos, fragantes y untuosos; Boal, menos dulces y cremosos; Verdhelo (Verdejo), sutilmente ahumados, y Sercial, los más secos y ligeros.

Su fermentación también se detiene añadiendo aguardiente, pero lo que los hace únicos es el estufagem, un proceso de envejecimiento que consiste en exponer el vino al calor, ya sea por tuberías o de forma natural. Y, de forma deliberada, se deja al aire provocando su oxidación.

Moscatel de SetúbalLas uvas Moscatel se convierten en vinos dulces en la región de Setúbal, 40 kilómetros al sur de Lisboa. Se añejan de cinco a seis años, en cuba y embotellados.

De un tono dorado pálido, ofrecen finura en nariz y boca, una graduación alcohólica de 16.5 a 22 grados y se toman como digestivo con queso de oveja de Azeitão.

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