NIDO DE VÍBORAS

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Por KUKULKÁN

EN EL TEATRO político, algunos actores recurren a tácticas tan desesperadas como predecibles para mantenerse en el escenario principal. La reciente visita de Claudia Sheinbaum a Mérida nos dejó una escena digna de análisis, protagonizada por Laura Beristain, cuyo arribismo no conoce límites. Tramposa como es, la actual regidora que perdió la confianza de su partido por mal gobernar el municipio de Solidaridad en el trienio 2018-2021 por lo que hoy enfrenta graves acusaciones de corrupción, intentó sorprender a la candidata presidencial morenista solicitando enviar un saludo para Playa del Carmen en Quintana Roo, pero se le cebó.

EN UN INTENTO por manipular la situación a su favor, Beristain se coló en la comitiva de Huacho Díaz Mena, candidato a la gubernatura de Yucatán, fingiendo una cercanía inexistente. Su estrategia se desmoronó frente a la astucia de Sheinbaum, quien, con una sonrisa forzada y una palmada, evadió la trampa de Beristain. No es la primera vez que emplea estas tácticas funestas. En su repertorio, se recuerda el pasado 14 de marzo precisamente en Playa del Carmen, donde se coló en el presidium de un acto al que ni siquiera estaba invitada, sólo para ser expulsada públicamente. Este patrón de comportamiento resalta un desesperado intento por permanecer relevante.

FRENTE a estas fallidas argucias, Sheinbaum manejó la situación con diplomacia y una visible molestia, dejando en claro su compromiso con los principios de integridad y transparencia de quienes militan con el movimiento de la Cuarta Transformación, donde paradójicamente la ambición desmedida de Beristain simplemente no encaja. Su truculenta actuación es la de una política desesperada que se resiste a desaparecer, pese a las sombras que oscurecen su trayectoria que carga a cuestas denuncias abiertas por un presunto quebranto patrimonial de 335 millones de pesos.

ANTES este bochornoso episodio, Beristain se dedicó a atacar en sus redes sociales a la actual candidata de Morena a la presidencia municipal de Solidaridad, Estefanía Mercado quien durante sus recientes actos de campaña ha pintado su raya acusándola de traicionar los principios torales de la 4T: ‘no mentir’, ‘no robar’, ‘no traicionar al pueblo’. Desafortunadamente, la política mexicana, a menudo se ve asolada por un cinismo que desgasta la confianza pública y erosiona las bases de la democracia. Este cinismo se manifiesta claramente en la conducta de figuras como Beristain, quien goza del fuero de una regiduría que hasta el momento la mantiene a salvo de pisar la cárcel.

ESTOS actos de arribismo no sólo destacan la ambición personal de Beristain, sino que también reflejan una falta de respeto por los principios éticos que deberían regir la vida pública. Este panorama nos confronta con una realidad incómoda: muchos políticos ven el servicio público no como un deber hacia los ciudadanos, sino como un escenario para el avance personal, donde el fin justifica los medios, sin importar las consecuencias éticas o sociales de sus actos. Ante ello, es imperativo preguntarnos cómo los ciudadanos podemos contrarrestar esta tendencia y renovar la política con líderes que realmente representen los intereses y esperanzas de la población. Hoy más que nunca, la transparencia, la rendición de cuentas y el compromiso genuino con el servicio público deben ser los pilares sobre los que se construya cualquier carrera política.

@Nido_DeViboras