¡Fideicomisos al hoyo… y con ellos la marrullería judicial!

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POR KUKULKAN

QUÉ CURIOSO, qué conveniente y qué revelador resulta cuando el Pleno de la Suprema Corte —versión 2026, con nuevos rostros y menos simulación— decide resolver de una vez por todas un paquetito que llevaba cuatro años guardado en el cajón del chantaje institucional: las controversias constitucionales contra la extinción de 109 fideicomisos que se aprobaron en 2020. Porque sí, señoras y señores, la anterior Corte jugó a hacerse la ofendida con la Constitución… pero sólo cuando le convenía a la oposición.

NO ES QUE uno quiera andar hurgando en el pasado, pero a veces el olor a podrido es tan fuerte que no queda más remedio. El caso de estos fideicomisos —que sumaban más de 68 mil millones de pesos y que por años sirvieron como fondos oscuros de operación política y administrativa— fue elevado por los gobiernos estatales de Jalisco, Nuevo León, Guanajuato, Chihuahua, Aguascalientes, Coahuila, Tamaulipas y Michoacán a la categoría de “crisis constitucional”. ¿Su argumento? Que eliminar esos instrumentos financieros era poco menos que una invasión de competencias estatales y una amenaza al federalismo. Casi lloran tinta.

¿Y QUÉ hizo la Corte de aquel entonces? Le abrió la puerta de par en par al drama. Admitió las controversias con una sonrisa cómplice y luego las dejó durmiendo el sueño de los justos. ¿Por qué no resolvieron? Porque les servía más como espada de Damocles que como caso jurídico. Era una ficha de negociación, un mensaje velado al gobierno federal: “No nos molestes y no te echamos abajo tus reformas”. Pero todo cambia. Llegó una nueva integración al máximo tribunal, y ¡sorpresa! Resulta que nada de lo que argumentaron los gobiernos panistas y sus clones jurídicos tenía fundamento real.

LO QUE SE impugnaba en estos casos no era un atropello constitucional, sino una simple —y legítima— decisión del Congreso de la Unión de reordenar el uso del dinero público. Es decir, una bronca política disfrazada de tecnicismo jurídico. Y ahí, en plena sesión pública, uno a uno los ministros y ministras actuales fueron desnudando la farsa. El ponente, Arístides Guerrero, no se anduvo por las ramas: los expedientes estaban cerrados desde 2021, pero la anterior Corte simplemente se hizo guaje. ¿Falta de tiempo? No. ¿Complejidad del caso? Tampoco. Lo que había era una falta de voluntad política. La instrucción estaba terminada y lista para votarse… pero el silencio fue más útil.

POR SI fuera poco, el ministro presidente Hugo Aguilar fue aún más claro: la eliminación de los fideicomisos no afecta las atribuciones estatales ni viola el federalismo, porque estos instrumentos eran simples mecanismos de apoyo al Ejecutivo federal, no derechos adquiridos por los estados. La autonomía estatal no se mide por cuántos fideicomisos se tiene, sino por cómo se ejerce el presupuesto local, dijo. Tómala.

Y ASÍ, con votos concurrentes, precisiones y alguna que otra reserva políticamente correcta, el Pleno echó abajo las controversias de los gobiernos opositores, dejando en evidencia que lo que se ventilaba no era una disputa legal, sino una rabieta política de quienes perdieron el control del dinero fácil. La cereza del pastel la puso la ministra Lenia Batres, quien recordó que estos fideicomisos no sólo eran opacos, sino directamente incompatibles con los principios de legalidad y transparencia. ¿Cómo se auditaban? ¿Dónde estaban sus reglas claras? ¿Y por qué tantos estaban en manos de bancos privados bajo el secreto fiduciario? ¡Ah, pero claro! Para eso servían: para no rendir cuentas.

CON ESTA resolución, la Corte actual no sólo puso fin a una disputa jurídica innecesaria, sino que también desenmascaró a sus antecesores. Porque si algo quedó claro es que la toga no blinda del cinismo, y que más de uno usó la investidura de ministro como escudo para defender los intereses de quienes hoy lloran la pérdida de sus “cajas chicas”. Así que sí: los fideicomisos murieron oficialmente… y con ellos, un episodio vergonzoso de simulación judicial. Que sirva de lección para futuros bufones de toga: la justicia no es instrumento de la politiquería. Al menos no cuando alguien se atreve a quitarles el telón.

@Nido_DeViboras

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