Elmer Ancona
Para entender la forma de actuar de Donald Trump en el entorno internacional, y en especial su relación con Venezuela, Colombia, Cuba y México, hay que remontarnos al pensamiento del filósofo, teórico político y jurista Carl Schmitt.
Hasta el momento no haypruebas sólidas de que el presidente de Estados Unidos o sus principales asesores sustenten sus discursos en este pensador alemán, sin embargo, se podría deducir que gran parte de las decisiones tomadas se orientan en esta doctrina.
Diversos analistas políticos han trazado “paralelismos”significativos entre las ideas de Schmitt y las acciones de la Administración Trump. La relación es de “analogía ideológica” más que de influencia directa.
Vámonos un poco al contexto geopolítico. Hace unos días, a través de su plataforma Truth Social, el mandatario estadunidense se autodenominó “Presidente interino de Venezuela”, y sugirió que su secretario de Estado, Marco Rubio, “suena bien” para ser presidente de Cuba. Prácticamente rebasó los límites de lo impensable.
Las breves declaraciones no sonaron a broma, sino a una clara advertencia de quién manda en el hemisferio; es la clásica postura de quien siente tener el poder hegemónico en el contexto internacional. “Las reglas las pongo Yo”.
En cuanto a Cuba, Donald Trump, lanzó el ultimátum a quienes gobiernan la isla caribeña: no tendrán más petróleo ni dinero procedente de Venezuela, por lo que los conminó a alcanzar un acuerdo con Estados Unidos “antes de que sea demasiado tarde”.
“¡No habrá más petróleo ni dinero para Cuba! ¡Cero!”, amenazó al presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez. “Venezuela ya no necesita a Cuba para su protección porque ahora cuenta con Estados Unidos, que tiene al ejército más fuerte del mundo”.
Y es aquí donde entra México, con su gobierno solidario y proteccionista de las dictaduras en América. La presidenta Claudia Sheinbaum también ha sido advertida por diversos congresistas de Estados Unidos para que frene sus envíos de crudo a la isla.
Postulados de Schmitt
01- Estado de Excepción (Ausnahmezustand): Es uno de los principios torales del pensador alemán. Es el punto donde se prueba la soberanía, donde el poder (de Trump) suspende las leyes para restaurar el orden, exponiendo la voluntad política detrás del derecho.
La aplicación de este principio se puede palpar con lo que sucedió en el caso de Venezuela: “Soberano es quien decide sobre el Estado de Excepción”.
Donald Trump tuvo la capacidad personal de suspender (brincarse) el orden constitucional normal en tiempos de crisis. No le interesó lo que pensaba la comunidad internacional ni la ONU que permaneció calladita.
Previamente al “Asalto a Caracas”, usó expresiones de “Emergencia Nacional” para eludir al Congreso y aplicar políticas internacionales “a modo”.
02- Distinción Amigo-Enemigo: La política se define por la capacidad de distinguir al amigo (comunidad identificable) del enemigo público (la amenaza existencial). El soberano es quien define esta frontera. Para el pensador alemán, el principio clave de su doctrina argumenta que la esencia de la política reside en identificar con claridad estas dos esferas.
En la retórica de Donald Trump, permanentemente se “demoniza” a opositores políticos, medios de comunicación, migrantes y refugiados, así como otros grupos nacionales o internacionales. Los percibe como “enemigos del pueblo estadunidense”. Vuelve a reencarnar esta filosofía.
03- El Soberanismo: En este tercer postulado doctrinal, las políticas de Donald Trumpo (“Make America Great Again” y “America First”) se sustentan en el escepticismo hacia las instituciones multilaterales y el derecho internacional.
Algunos analistas han relacionado la visión de Donald Trump con un orden mundial basado en “esferas de influencia” (“Grossraum” o “Gran Espacio”) y en acuerdos bilaterales.
Aboga por un orden internacional de grandes potencias con zonas de influencia geográfica inviolables. Esto tiene que ver directamente con el ejercicio efectivo del poder político.
Carl Schmitt planteaba que la soberanía reside en quien decide suspender el ordenamiento jurídico normal para hacer frente a situaciones de crisis, revelando que detrás de toda ley está una decisión fundamental, la voluntad de un sujeto (Donald Trump) que define lo político y lo que constituye una amenaza para la comunidad (el enemigo).
La soberanía, desarrollada en su “Teología Política”, no es una norma, sino la prerrogativa de tomar una decisión última cuando el derecho ordinario falla, afirmando el poder de hacer existir el orden.
04- Decisionismo: Para el filósofo alemán, la fe en la decisión del soberano es lo que fundamenta el poder, no la ley positiva o la racionalidad legal. El soberano tiene una “mentalidad decisionista” que resuelve sobre la creación y suspensión del orden, actuando sobre lo “milagroso” o “excepcional”.
En fin, con estas consideraciones político-filosóficas podríamos deducir que la personalidad del presidente de Estados Unidos se basa, en gran medida, en el pensamiento de Carl Schmitt.
Tiene una visión absolutista del poder, soberanista y decisionista. Nada lo frena, nadie puede detenerlo -ni su propio Congreso-, por lo que las reglas del juego las toma él junto con sus principales colaboradores, entre ellos Marco Rubio.
México debe tener sumo cuidado de cómo toma las decisiones ante su vecino de Norteamérica, porque no está jugando. Su mentalidad registra peligro y conquista. Nada más.
Para la profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Yadira Gálvez Salvador, los cárteles de la droga en México (terroristas, según Trump) ya infringieron el carácter soberano tanto del Estado mexicano como del norteamericano.
Prevé posibles acciones unilaterales por parte de Estados Unidos, como ataques aéreos contra instalaciones o laboratorios de fentanilo, operaciones quirúrgicas específicas para detener a quienes representan un serio riesgo para los intereses estadunidenses.
Después de este análisis, que cada quien tome sus propias determinaciones, que cada quien pague las consecuencias de enfrentar al Trump soberanista.
@elmerando


