- Nuevo Guerrero carece de servicios básicos, el agua llega en pipas que cuestan hasta mil 800 pesos y la electricidad depende de paneles solares.
STAFF / AR
CHILPANCINGO, GRO.- Sin agua, sin luz y sin baños, 23 alumnos reciben clases en una galera de apenas 30 metros cuadrados, ubicada en lo alto de un cerro seco y polvoriento, a unos metros de una antena de alta tensión.
Se trata de la escuela de la comunidad Nuevo Guerrero, en el municipio de Eduardo Neri, donde estudiar implica resistir la precariedad todos los días.
Desde hace más de tres años, alumnos de preescolar, primaria y secundaria acuden a este espacio improvisado que no tiene puertas ni ventanas y cuyo techo está hecho con pedazos de lámina galvanizada y asbesto.
En temporada de calor, el sol cae sin piedad y cuando llueve el agua se filtra. No hay pupitres suficientes, los pizarrones son donados y el polvo invade el aula.
Cinco niños de kínder, 12 de primaria y seis de secundaria son atendidos por una maestra y dos maestros del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe).
“Recuerden que el lunes tenemos homenaje a la Bandera y deben venir temprano y bien uniformados”, dice el profesor Gerson Beyad Herrera Francisco, mientras intenta mantener el orden en un espacio compartido por varios grupos.

Desde el cerro de esta comunidad, ubicada entre los límites de los municipios de Zumpango y Chilpancingo, se ven las casas que en su mayoría son de madera, aunque hay un buen número de viviendas de material de concreto y un inmueble que parece ser un rancho abandonado.
Para llegar a esta colonia tiene que hacerse en vehículo propio o caminar alrededor de 30 minutos por un tramo de terracería, ya que no hay transporte público.
Los niños más pequeños toman clases cerca de la entrada, sentados en sillas de plástico. “No te vayas a caer”, advierte la maestra a una niña que acomoda su diminuta silla.
En el patio contiguo hay sillas escolares tiradas e inservibles. A pocos metros, los alumnos de secundaria reciben clase entre el ruido y las distracciones que provoca la cercanía entre grupos.
Los docentes de Conafe perciben cinco mil pesos mensuales sin prestaciones laborales, además de un apoyo para estudios profesionales.
“Hay mucha inconformidad porque el Conafe no nos quiere pagar un salario digno y, lo que nos dan, es como un servicio social”, señala Herrera Francisco.
Aunque estas escuelas (preescolar, primaria y secundaria) cuentan con clave de registro ante la Secretaría de Educación Guerrero, las condiciones materiales siguen siendo precarias.
La galera también es utilizada por los colonos de la zona como espacio para hacer asambleas. Antes de su construcción, los alumnos recibían clases de manera itinerante en patios de viviendas. La falta de baños obliga a los estudiantes a regresar a sus casas cuando necesitan hacerlo.
Ante la omisión de las autoridades, los propios habitantes comenzaron a construir un baño con cooperaciones voluntarias.
“La gente deposita sus monedas en una cajita para juntar el dinero para la compra de la tubería y de la taza”, agregó Gerson.
Nuevo Guerrero carece de servicios básicos, el agua llega en pipas que cuestan hasta mil 800 pesos y la electricidad depende de paneles solares. Las familias han solicitado apoyo a autoridades municipales y estatales; sin obtener respuesta, pese a contar con un terreno de mil 800 metros cuadrados para edificar una escuela.
Aún en estas condiciones, los maestros aseguran que sus alumnos no renuncian a sus sueños.
“Los muchachos me han dicho que quieren seguir estudiando, unos dicen que para maestros, otros ingenieros”, señala el docente Mario Jesús.


