Elmer Ancona Dorantes
Vaya advertencia que le lanzó la presidenta Claudia Sheinbaum a quienes dirigen a Morena -su partido político-, y muy en especial a Marx Arriaga: “Todos somos parte de este movimiento de transformación, nunca hay que subirse a un ladrillo y marearse”.
El ahora ex director general de Materiales Educativos de la SEP, necio en su postura de no abandonar las instalaciones donde despachó durante el sexenio de López Obrador, sigue creyendo que la Secretaría de Educación Pública le pertenece.
El funcionario marxista-leninista, arraigado en esa obsoleta ideología que dejó de tener vigencia desde mediados del siglo pasado, considera que los neoliberales enquistados en Morena – Mario Delgado y subsecretarios- están acabando con la educación en México.
Los acusa de traidores a la patria, de estar vendiendo a la SEP a empresarios y consorcios que han lucrado con la educación en el país, y de no respetar los contenidos –doctrinarios y absurdos- que imprimió en los libros de texto.
“Lo que no puedes hacer es negar todo porque crees que el patrimonio público es tuyo. Nadie tiene el patrimonio de un espacio público…. Este es un movimiento que se construyó con el pueblo y no significa que ahora unos son traidores y otros no (…) Aquí no se está traicionando a López Obrador”, advirtió la presidente Sheinbaum.
Marx Arriaga está sintiendo en carne propia lo que vivieron cientos de funcionarios públicos que fueron despedidos injustificada e ilegalmente cuando llegó Andrés Manuel a la Presidencia de la República en el 2018.
Al presidente morenista no le importó que muchos de estos servidores públicos tenían maestrías, doctorados, posdoctorados y una amplia experiencia en diversas áreas de la administración pública ¿De qué se quejan ahora?
En lo que sí coincido con Marx Arriaga son en las pésimas e insultantes formas que ha utilizado el secretario de Educación, Mario Delgado, que no le ha extendido un oficio formal, institucional, para darlo de baja como director general.
Marx Arriaga no sólo no debe recibir humillaciones públicas por parte de sus compañeros de Morena, de sus jefes en la SEP ni de sus opositores, sino que debe ser liquidado conforme a la ley ante los tribunales laborales pertinentes.
Más allá de que no se coincida con la forma de pensar ni de actuar de un funcionario, nada le da derecho ni a sus superiores ni a cualquier ciudadano a insultar, a humillar a quien ejerció una actividad -bien o mal- dentro del sector público. Con insultos no se gana nada. Se pierde todo.
No me cabe duda de que Carlos Marx tenía razón cuando hablaba del “opio de los pueblos”, de cómo los hombres de poder enajenan a la gente con engaños, con mentiras, con discursos y narrativas bobas que se utilizan como pan y circo.
Ojalá que pronto termine este show -y muchos otros más- que los gobiernos de Morena están armando, voluntaria o involuntariamente, para manipular al “pueblo bueno” del que tanto se jactan, con tal de mantenerse en el poder, muy, pero muy al estilo de Marx Arriaga.
@elmerando


