Rodolfo El Negro Montes
La noticia que sacudió los cimientos de la seguridad nacional con el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, en un operativo de alta precisión en Tapalpa, Jalisco, marca el fin de una era y el inicio de una incertidumbre peligrosa.
Por eso, en las oficinas de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, no hay espacio para el brindis. Omar García Harfuch sabe que la caída del “Señor de los Gallos” no es la meta, sino el disparo de salida de una carrera frenética contra reloj.
El tablero es complejo. La historia nos ha enseñado que el vacío de poder en una organización con la capilaridad del Cártel Jalisco Nueva Generación suele llenarse con sangre.
Pero esta vez, el Gobierno de Sheinbaum no sólo lucha contra la fragmentación del cártel o la ambición de mandos medios como “El RR” o “El Meño”. También lucha contra el calendario.
Estamos a escasos 107 días para que el balón ruede en el Estadio Azteca, el Estadio Monterrey y, precisamente, en el Estadio Akron de Guadalajara —corazón del dominio del CJNG—. Por eso la seguridad de la Copa del Mundo 2026 pende de un hilo de inteligencia.
México no puede permitirse que la fiesta deportiva más grande del planeta sea eclipsada por narcobloqueos o disputas sucesorias en las sedes mundialistas.
Tanto es así, que los juegos en la perla tapatía podrían cambiar de estadio y sacar a millones de turistas de esa zona roja en donde está la madriguera de esa estructura criminal, y reagendar esos encuentros en las otras dos sedes o en algún otro estadio en territorio mexicano o hasta en Estados Unidos o Canadá.
Por eso para Harfuch y todo el Gabinete de Seguridad, no hay tiempo para el brindis. Su objetivo no es sólo descabezar, sino neutralizar el relevo. Y evitar, al menos en el corto plazo, que el Mundial de Futbol se convierta en una vitrina de inestabilidad.
El desafío es titánico. El Mencho era el eje articulador del imperio en el tráfico de fentanilo. Su muerte deja un monstruo de mil cabezas que Harfuch debe atajar una a una. Y garantizar a la FIFA y a las delegaciones internacionales que México es un territorio seguro.
El tiempo corre.


