José Luis Carrillo
Sigo sin entender a miles de mexicanos.
Si no se actúa frente a los criminales, se acusa al Gobierno de México de tener un “pacto de impunidad”.
Si se actúa, entonces se afirma que “obedecemos órdenes” de un presidente altamente cuestionado en su país y en el mundo, y no precisamente por ser “puro y casto”.
Y como dicen en el rancho: nada les embona.
¿Cuándo dejaremos esa actitud de autoflagelo para, al menos, intentar confiar en una presidenta que podrá ser cuestionada por diversas razones?
Menos por defender intereses criminales o los de Estados Unidos.
Los famosos memes en los que se muestra a Donald Trump “ordenando y planeando” una invasión a México, más que cómicos, resultan trágicos.
Y como reza una parte de la canción Maldición de Malinche: “nos siguen llegando rubios y les abrimos las puertas y les llamamos amigos; pero si llega cansado un indio de andar la sierra, lo humillamos y lo vemos como extraño por su tierra”.
¿En qué momento vamos a recuperar el amor por México, sin distingo de partidos políticos?
¿En qué momento dejaremos de admirar a militares rubios y daremos crédito a nuestros hermanos mexicanos?
¿Será que la famosa “Maldición de Malinche” nos sigue castigando?
No se hagan bolas, señores. Lo sucedido en la sierra de Jalisco hace unos días, por supuesto que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no solo estaba enterada, sino que siguió minuto a minuto los hechos, mientras realizaba una gira en la Comarca Lagunera.
Aunque oficialmente se informó que los hechos ocurrieron durante la madrugada del domingo, lo cierto es que tres días antes el grupo especial de la Guardia Nacional y el Ejército Mexicano —apoyados por inteligencia de Estados Unidos— tenía perfectamente ubicado el paradero del criminal más buscado del mundo.
Sus reiteradas y urgentes necesidades de medicamentos para la diabetes lo obligaban a someterse a procedimientos constantes de diálisis.
Estamos hablando del líder del grupo criminal más importante del mundo, cuya fortuna se estima comparable a la de conglomerados empresariales como Meta o Google, con presencia en 60 naciones.
Pocas horas después, los aeropuertos de Guadalajara, Puerto Vallarta y Tepic —donde se registraron hechos delictivos— operaban con normalidad, a pesar de que varios “agoreros del desastre”, algunos que ni siquiera viven en México, se atrevieron a informar que integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación mantenían “rehenes” a pasajeros.
Pocas naciones pueden presumir la detención del criminal más buscado del mundo y recuperar la paz y la tranquilidad en menos de dos días. Los hechos, una vez más, superan a los dichos.
El colmo es cuando el aporreado Gobierno de Estados Unidos, y personajes como Elon Musk, se atreven a repetir la demagógica frase de Trump, asegurando que la presidenta de México no puede actuar contra los cárteles porque les tiene miedo.
Que alguien le diga a Musk que no solo murió el líder del grupo narcoterrorista más buscado, sino también su operador financiero y parte de su equipo cercano de seguridad.
¿Trump y sus voceros mantendrán la misma narrativa después de lo ocurrido en Jalisco?
¿Otros seguirán con el agotado y reiterado discurso de que en México manda Palenque?
No tengo dudas. Pero ya chole con ese cuento.


