José Réyez
El mercado mundial de las drogas alcanza cifras récord impulsado por las sustancias sintéticas, según la ONU. El consumo global de drogas ha alcanzado su nivel más alto de la historia, con un estimado de 331 millones de personas que consumieron alguna sustancia ilícita en 2024.
Así lo establece el Informe Mundial sobre Drogas 2026 presentado el 26 de mayo por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). La cifra representa el 6.2% de la población mundial de entre 15 y 64 años, lo que supone un aumento del 34% en la última década y refleja tanto el crecimiento demográfico como una mayor prevalencia del consumo.
El informe, dado a conocer en Viena con motivo del Día Internacional contra el Abuso y el Tráfico Ilícito de Drogas, revela un panorama de mercados ilícitos en constante evolución, caracterizados por una creciente complejidad y el auge de nuevas sustancias psicoactivas (NPS) de alta potencia que están transformando el panorama global de las drogas.
Uno de los hallazgos más significativos del informe es el “punto de inflexión” que atraviesa el mercado mundial de opioides.
La drástica reducción en la producción de opio en Afganistán, consecuencia de la prohibición del cultivo de adormidera impuesta por los talibanes en 2022, ha creado un vacío de suministro que los traficantes están intentando llenar con opioides sintéticos. Mientras que la producción en Afganistán se desplomó un 95 por ciento, otros países productores como Myanmar no han logrado compensar la caída, a pesar de haber incrementado su producción a más de mil toneladas en 2025.
Esta situación está llevando a los mercados a buscar alternativas sintéticas como el fentanilo y, más recientemente, los nitacenos y las orfinas, lo que podría provocar un cambio permanente hacia sustancias mucho más potentes y peligrosas.
El informe subraya la expansión global de la metanfetamina, que ha pasado de ser un fenómeno regional a un mercado de alcance casi universal. Los decomisos de esta droga han crecido a un ritmo anual del 13 por ciento, impulsados principalmente por las incautaciones en el este y sudeste asiático, con Myanmar como principal país de origen.
Sin embargo, la producción y las rutas de tráfico se han diversificado, con nuevos focos de producción en Norteamérica, África Occidental y Meridional, y el suroeste de Asia, lo que demuestra la capacidad de adaptación de los grupos criminales.
Por su parte, el mercado de la cocaína ha alcanzado niveles históricos. La producción potencial de cocaína pura se ha multiplicado por más de cuatro en la última década, superando las 4 mil toneladas en 2024.
Este incremento ha ido acompañado de un fuerte crecimiento en el número de consumidores y de la diversificación de las rutas de tráfico, que ahora se extienden a nuevos mercados en África y Asia. Las redes criminales están utilizando métodos cada vez más sofisticados, incluyendo semisumergibles capaces de cruzar el Atlántico, para abastecer los mercados establecidos y emergentes.
La complejidad del mercado actual se manifiesta también en la diversificación de productos. La UNODC alerta sobre la proliferación de mezclas de drogas, que bajo nombres atractivos como “cocaína rosa” o “agua de la felicidad”, combinan múltiples sustancias de las que los consumidores desconocen su composición, lo que incrementa drásticamente los riesgos de sobredosis. El informe advierte que “no siempre sabemos lo que estamos tomando, y los primeros respondedores no saben a lo que se están enfrentando”.
Un ejemplo alarmante es el kush, una mezcla de bajo costo que combina cannabinoides sintéticos con potentes opioides como los nitacenos y que ha causado una crisis de salud pública en África Occidental, llevando a Liberia y Sierra Leona a declarar el estado de emergencia en 2024.
Los datos del informe señalan que en los decomisos de 2024 se identificaron cinco veces más tipos de drogas que antes del año 2000, y el número de NPS reportadas alcanzó las 755, con 118 sustancias detectadas por primera vez ese año.
A pesar del alarmante aumento del consumo y los daños asociados –casi medio millón de muertes atribuidas al consumo de drogas en 2023, un 29 por ciento más que una década atrás– el acceso al tratamiento sigue siendo profundamente desigual. Se estima que sólo una de cada 12 personas que sufren trastornos por consumo de drogas recibe tratamiento.
Las mujeres son las más perjudicadas por esta brecha: a nivel mundial, sólo una de cada 23 mujeres con un trastorno por consumo de drogas recibe tratamiento, en comparación con uno de cada 9 hombres.
Este dato se agrava si se tiene en cuenta que las mujeres que se inyectan drogas tienen un 20 por ciento más de probabilidades de vivir con VIH que los hombres. El informe subraya que los daños asociados al consumo no sólo dependen de las sustancias, sino que están moldeados por la pobreza, la falta de vivienda, la mala salud mental y el acceso desigual a la atención sanitaria.
La adolescencia se destaca como un período crítico. Aunque se observan signos de descenso en el consumo de algunas drogas en países de altos ingresos, el consumo entre los jóvenes sigue siendo alto.
En su conjunto, el Informe Mundial sobre Drogas 2026 pinta un panorama de un problema complejo, en constante mutación y con consecuencias devastadoras para la salud y la seguridad. Los expertos coinciden en que la respuesta internacional debe ser igualmente dinámica y multidimensional, combinando enfoques de salud pública, justicia y seguridad, y abordando las desigualdades estructurales que perpetúan el ciclo del daño.
La comunidad internacional se enfrenta al reto de adaptarse a un mercado de drogas que no ha dejado de innovar y expandirse.




