POR KUKULKAN
EN MORENA ya descubrieron que el tiempo también participa en las encuestas. No aparece en las boletas, no organiza asambleas ni solicita licencia, pero anda metiendo la cola en la selección de candidatos para 2027. Y es que mientras algunos aspirantes presumen tres décadas de oficio político, otros podrían presumir que hace tres décadas todavía no habían nacido.
LA CONTIENDA guinda empieza a parecer menos una pasarela de corcholatas y más una incómoda reunión familiar donde los hijos ya preguntaron quién se quedará con la casa. Ahí está Chihuahua. Andrea Chávez tiene 29 años. Cruz Pérez Cuéllar, 57. La diferencia no necesita interpretación de encuestadora: son 28 años, suficientes para que uno haya comenzado su carrera política mientras la otra aprendía las tablas de multiplicar. Y ambos quieren la misma gubernatura.
EL ASUNTO resulta exquisito porque exhibe el dilema que Morena intentará envolver en palabras como unidad, transformación, continuidad y demás productos de la mercería discursiva nacional. ¿Quién debe administrar la siguiente etapa del movimiento? ¿Los que construyeron carrera durante décadas o quienes llegaron cuando Morena ya tenía Palacio Nacional, gubernaturas, mayorías legislativas y hasta sucursales de aspirantes?
POR EJEMPLO, Quintana Roo tiene su propia versión del conflicto. ‘Gino’ Segura y Ana Paty Peralta representan una generación que aprendió rápido dónde están los botones del poder. Enfrente sobreviven políticos veteranos como Rafa Marín, curtido en la época cuando nadie quería participar en el partido. Ahí la juventud tiene una ventaja maravillosa: corren muy rápido. Los veteranos poseen otra: ya conocen el camino.
NAYARIT es todavía más atrevido. Allí los jóvenes no necesitan rebelarse contra sus mayores porque comenzaron a pelear entre ellos. Geraldine Ponce, Héctor Santana y Jasmine Bugarín forman parte de una camada que entendió algo elemental: para heredar no siempre hace falta esperar a que los tíos abandonen la sala. La renovación también puede llegar a codazos.
EN CAMBIO, Nuevo León decidió respetar la antigüedad. Mientras otros estados exhiben treintañeros ansiosos por gobernar, entre los nombres morenistas regiomontanos aparecen figuras como Tatiana Clouthier, Andrés Mijes, Clara Luz Flores y Felipe de Jesús Cantú. Aquello no parece relevo generacional. Parece junta del consejo.
Y LUEGO está Michoacán, tierra donde la izquierda tiene más genealogías que algunas casas reales europeas. Raúl Morón representa una generación formada mucho antes de que Morena tuviera registro; Carlos Torres Piña pertenece a una camada posterior que ya exige pasar de heredero paciente a propietario. Entre ambos cabe buena parte de la historia reciente de la izquierda michoacana.
EL PROBLEMA para Morena será descubrir qué significa realmente “renovación”, ya que colocar a alguien joven no garantiza prácticas nuevas, del mismo modo que acumular canas tampoco entrega automáticamente sabiduría política. Hay veinteañeros capaces de reproducir los vicios de un dinosaurio y veteranos con mayor capacidad de adaptación que varios influencers legislativos.
LA EDAD sirve para detectar el fenómeno, no para repartir certificados de modernidad. Lo verdaderamente incómodo está en otra parte. Morena fue construido alrededor de una generación que convirtió décadas de oposición en el poder. Esa generación ganó la Presidencia, conquistó estados, formó estructuras y creó nuevas élites.
AHORA llegan políticos cuya experiencia profesional completa ocurrió bajo la sombra de ese triunfo. No conocieron al movimiento como resistencia. Lo conocieron como gobierno. Ese detalle puede transformar al partido mucho más que cualquier discurso. Los fundadores aprendieron a conquistar el poder. Los jóvenes están aprendiendo a heredarlo. Y, tarde o temprano, toda familia política descubre que repartir la herencia provoca discusiones bastante más sinceras que cantar juntos el himno.
EN TOTAL, Morena registró 277 aspirantes para 17 estados. Muchos serán filtrados, otros olvidados y algunos terminarán abrazando al ganador con esa expresión característica de quien acaba de encontrar súbitamente enormes virtudes en su antiguo adversario. Pero detrás del procedimiento surge la pregunta que ninguna encuesta resolverá por completo: ¿la Cuarta Transformación seguirá siendo dirigida por quienes la fundaron o comenzará a pertenecer a quienes crecieron políticamente dentro de ella? Y es que si de algo hablan mucho las revoluciones, es del futuro… hasta que el futuro llega pidiendo las llaves.




