POR KUKULKAN
CUARENTA megáfonos y un ataúd. No, estimados lectores, no es el inventario de una funeraria que organiza manifestaciones ni el equipo de producción de una película de bajo presupuesto. Es parte de la utilería con la que el PRI decidió llegar a la Cámara de Diputados para la recepción del Segundo Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum.
QUÉ NIVEL. Y es que cuando los argumentos ya no alcanzan, siempre quedan las pilas alcalinas. Los diputados priistas llegaron a San Lázaro pertrechados con decenas de megáfonos y hasta un féretro para protestar durante la sesión. Morena, naturalmente, acusó que pretendían “reventar” el acto. Y así, antes de discutir una sola cifra presidencial, nuestros representantes populares ya habían convertido el Congreso en una mezcla de mitin, velorio y función de lucha libre.
VAYA manera de honrar la solemnidad republicana. Pero tampoco nos confundamos: protestar es legítimo. Una oposición que no incomoda sirve aproximadamente para lo mismo que un megáfono sin baterías. El problema comienza cuando el volumen pretende sustituir al argumento. Desde luego que el PRI tiene motivos de sobra para cuestionar al Gobierno: seguridad, economía, salud, deuda, corrupción, obras públicas, transparencia.
MATERIAL no falta para llenar discursos enteros, aunque alguien creativo en la estrategia tricolor debió pensar que era más contundente presentarse con cuarenta bocinas portátiles y un muerto de utilería ¿Será que ya agotaron las ideas? Lo verdaderamente maravilloso es que el numerito ocurre mientras el PRI atraviesa uno de los momentos más complicados de su historia. El partido que gobernó México durante décadas hoy pelea por conservar espacios, militantes, votos y relevancia. Y ante semejante crisis existencial, encontró la solución: comprar megáfonos.
BRILLANTE idea. Mientras Morena presume músculo político y Claudia Sheinbaum presenta los logros de su administración, la oposición tiene la obligación democrática de revisar, cuestionar y desmontar aquello que considere propaganda gubernamental. Para eso están. Pero fiscalizar un Informe exige cifras, documentos, contradicciones y memoria. Un ataúd bien podría servir para celebración de adelantado Halloween.
CLARO que tampoco Morena debería escandalizarse demasiado, ya que si algo ha demostrado la política mexicana es que todos aman el espectáculo cuando controlan el escenario y lo condenan cuando les toca estar entre el público. Los mismos que hoy se horrorizan por los megáfonos conocen perfectamente el arte de la protesta legislativa. Pancartas, mantas, gritos, tomas de tribuna y escenificaciones forman parte desde hace décadas del folclor parlamentario mexicano. Aquí nadie llegó ayer al circo.
LO CURIOSO es que mientras en San Lázaro se preparaban bocinas y funerales simbólicos, dentro de Morena resonaba otra palabra: unidad. Ricardo Monreal pidió colocar el proyecto por encima de las aspiraciones personales y desde la dirigencia guinda también se insistió en mantener cohesionado al movimiento. Cuando un partido repite demasiado que está unido, uno inevitablemente comienza a buscar dónde están las grietas. Es como ese matrimonio que publica veinte fotografías románticas justo después de aventarse los platos. Así tenemos nuestra democracia: unos cargando un ataúd y otros jurando que la familia está más unida que nunca.
¡BENDITA normalidad política! Pero volvamos al féretro. Tal vez los priistas se equivocaron de cadáver. Porque lo que parece agonizar desde hace tiempo no es solamente aquello que pretendían simbolizar, sino el debate parlamentario mismo. El Congreso debería ser el sitio donde chocaran proyectos de país. Donde una mayoría tuviera que defender sus decisiones y una oposición estuviera obligada a demostrar por qué están equivocadas. En cambio, cada vez vemos más escenografía y menos deliberación. El oficialismo cuenta votos. La oposición cuenta megáfonos. Y el ciudadano cuenta los días para la siguiente elección.
ESO SÍ: espectáculo no falta. Quizá pronto el reglamento de San Lázaro tenga que incluir entre los requisitos para ser diputado saber utilizar micrófono, megáfono, pancarta, ataúd y, de ser posible, máquina de humo. Y si esta será la nueva batalla parlamentaria, cuarenta megáfonos apenas son el comienzo. Que alguien le avise a Morena que vaya comprando tapones para los oídos. Y al PRI, por favor, que guarde el ataúd, pues podría necesitarlo.




