Dr. Francisco Leannec González Silva
Cuando el gobernador Samuel García inició su administración —cargo que obtuvo gracias al voto ciudadano— una de sus principales propuestas fue emprender una reingeniería en diversos aspectos de la ciudad. Uno de ellos era la movilidad, bajo el argumento de que Roma no se construyó en un día y que los cambios que pretendía impulsar en Monterrey y su área metropolitana tampoco se lograrían en el corto plazo. De hecho, desde antes de ser gobernador le gustaba que lo llamaran senatore, emulando al senador romano.
Nerón fue emperador en la antigua Roma. Su administración se caracterizó por poner atención en la diplomacia y el comercio, así como por promover competiciones y pruebas atléticas. Sin embargo, su gobierno también se asocia con la tiranía y las extravagancias, rasgos que el autor de esta columna considera comparables con el actual gobernador de Nuevo León. Nerón es recordado por las ejecuciones sistemáticas y, sobre todo, por la creencia de que, mientras Roma ardía, él estaba componiendo música con su lira.
A pesar de los daños que se le atribuyen, existen relatos que hablan de su popularidad entre el pueblo romano, particularmente en las provincias orientales. Algo similar ocurre con Samuel García, quien mantiene presencia y promoción política en otros estados del país.
Las posibilidades de que Nerón ascendiera al trono eran inicialmente reducidas, al igual que las que tenía Samuel García cuando inició su campaña a la gubernatura en 2021. Nerón fue primero un senador joven, como también lo fue Samuel al ganar un escaño en el Senado en 2018 frente a políticos de mayor trayectoria. Asimismo, Nerón llegó al poder siendo muy joven, situación que el autor equipara con la elección de Samuel García como gobernador.
Con el paso del tiempo, Nerón se volvió más poderoso, alejándose de algunos de sus asesores y eliminando rivales al trono. Destituyó, por ejemplo, a Marco Antonio Palas, quien ocupaba un puesto en el tesoro imperial. El autor considera que, de forma similar, Samuel García ha tomado distancia de algunos aliados políticos, como su compadre, el senador Luis Donaldo Colosio, y que también removió al tesorero Carlos Garza, lo que —según esta interpretación— rompió vínculos con parte del empresariado regiomontano.
Nerón había prometido al Senado mayor autonomía. De manera paralela, Samuel García prometió una mayor separación de poderes con la aprobación de la nueva Constitución del estado.
Nerón comenzó a cantar en público en un intento por aumentar su popularidad. Samuel, por su parte, ha buscado atraer la atención mediante apariciones públicas bailando, con lo que, según el autor, intenta mantener presencia mediática como gobernante de Nuevo León. En la antigua Roma, varios historiadores criticaron las presentaciones públicas de Nerón, considerándolas impropias de su posición. De forma semejante, algunos críticos consideran inapropiadas las apariciones públicas del gobernador en ese tipo de actos.
Nerón participó en los Juegos Olímpicos del año 67 en competencias de carreras de carros, obteniendo premios pese a las críticas por su preparación y desempeño. Tras su muerte, los jueces declararon nulas todas sus victorias, convirtiéndolo en el único emperador romano que perdió sus coronas de laurel. El autor sostiene que algo similar podría ocurrir políticamente con Samuel García una vez que concluya el Mundial de Futbol, evento tras el cual —según su interpretación— quedarán evidentes los problemas derivados de obras inconclusas, como las líneas del metro y los efectos de las intervenciones urbanas en la ciudad.
Así como el Senado romano votó para que Galba fuera proclamado emperador y declaró enemigo público a Nerón, el autor plantea que en 2027 los candidatos asociados políticamente con Samuel García —ya sea para gobernador, alcalde o diputado— podrían enfrentar el rechazo del electorado en las urnas. Esto, independientemente del prisma político desde el cual se analice la situación.
Epílogo
El gobernador, a pesar de contar con tres doctorados, demuestra —según el autor— a través de su trayectoria política un profundo desconocimiento no sólo de la historia de Nuevo León o de México, sino también de la historia universal. Por ello, concluye que no deberían elegirse gobernantes que, a su juicio, evidencien ignorancia. En Nuevo León, afirma, ya se han tenido experiencias con gobernantes que resultaron un fracaso y representaron un retroceso para el estado.


