POR KUKULKAN
RESULTA que ni los discursos incendiarios, ni los muros imaginarios, ni la nostalgia de campaña permanente han podido con uno de los flujos más tercos de la economía mexicana: las remesas. Mientras desde Washington se han ensayado políticas migratorias con filo de navaja, y desde ciertos rincones de la derecha mexicana se aplaudía con entusiasmo cualquier tropiezo, los dólares —esos sí, muy reales— siguieron encontrando la forma de cruzar la frontera.
AHÍ ESTÁN los números, siempre menos ideológicos que los opinadores de sobremesa: en marzo de 2026 entraron a México 5 mil 394 millones de dólares, el mejor registro histórico para un mes de marzo. Un crecimiento anual de 4.91%. Nada mal para un fenómeno que algunos daban por herido de muerte hace apenas unos meses.
Y ES QUE SÍ, 2025 fue el año que muchos celebraron como si se tratara de un triunfo político: caída de 4.6% anual y nueve meses consecutivos de descensos. El “fin del milagro”, decían. El “agotamiento del modelo”, insistían. Faltó que lo declararan día festivo. Pero la realidad —esa incómoda costumbre de contradecir narrativas— tenía otros planes.
LO QUE OCURRIÓ no fue un desplome estructural, sino un cambio en la mecánica. Menos envíos, sí. Pero de mayor monto. Es decir, menos operaciones, pero más dinero en cada una. Como si los migrantes, en lugar de desaparecer del mapa económico, hubieran decidido optimizar su esfuerzo ante un entorno más hostil. Vaya ironía: la presión no detuvo el flujo, lo sofisticó.
AUNQUE el trumpismo endureció su retórica y apretó tornillos migratorios, del otro lado lo que ha estado ocurriendo es una adaptación silenciosa. Menos idas al envío semanal, más transferencias robustas. Menos volumen, más músculo. Y así, sin hacer mucho ruido, en el primer trimestre de 2026 ya suman 14 mil 456 millones de dólares, el nivel más alto para un inicio de año desde que hay registro.
PERO claro, estos números no le vienen bien a todos. Particularmente incómodo debe ser para la derecha mexicana que, entre 2024 y 2025, encontró en la caída de remesas una especie de argumento político de ocasión. Se celebraba la baja como quien encuentra agua en el desierto: con desesperación y sin preguntar mucho de dónde viene. Hoy, esos mismos datos deben haberles caído como balde de agua fría.
EL RELATO se les descompuso. Ni colapso, ni crisis terminal. Apenas un reacomodo. Y es que hay algo profundamente revelador en todo esto: las remesas no son un programa gubernamental, ni una política pública, ni un indicador manipulable desde el discurso. Son el resultado de millones de decisiones individuales, de familias que ajustan, resisten y sobreviven a pesar de todo. Incluso —o especialmente— cuando las condiciones se endurecen.
AQUÍ SURGE otro dato que suele pasar desapercibido: el 99% de las remesas ya se envían por transferencias electrónicas. Es decir, estamos ante un sistema prácticamente digitalizado, eficiente y difícil de frenar con medidas burocráticas o controles tradicionales. Mientras algunos siguen pensando en términos de muros físicos, el dinero ya viaja por autopistas invisibles.
Y POR SI eso no bastara, el superávit de la cuenta de remesas en marzo alcanzó los 5 mil 294 millones de dólares, superior al del año pasado. En otras palabras: México sigue recibiendo mucho más de lo que envía. Un pequeño detalle que suele desentonar con las narrativas catastrofistas.
¿SIGNIFICA esto que todo está resuelto? Por supuesto que no. La desaceleración existe, las condiciones en Estados Unidos son más complejas y el futuro dista de ser cómodo. Pero tampoco estamos frente al derrumbe que algunos quisieron vender. Lo que sí queda claro es algo más incómodo: ni la política migratoria más agresiva logra cortar del todo el vínculo económico entre quienes se fueron y quienes se quedaron. Y tampoco alcanza el entusiasmo ideológico para torcer la realidad cuando los números empiezan a hablar.
AL FINAL, las remesas hacen lo que mejor saben hacer: ignorar el ruido y seguir fluyendo. Aunque a algunos les incomode. Aunque otros lo celebren antes de tiempo. Aunque desde el poder se insista en lo contrario. Si algo ha quedado claro en este Nido de Víboras, es que hay cosas más resistentes que cualquier discurso. Y el dinero —cuando viene del trabajo y la necesidad— suele ser una de ellas.



