- ONE MEXICO 2050 Chapter IV: Cuando el Estado deja de improvisar
Sergio León Cervantes
Cada seis años México cambia de gobierno.
Pero ningún país que hoy lidera la economía mundial cambia de proyecto nacional cada seis años.
Esa es la diferencia entre administrar un país y construir un Estado.
Durante los últimos tres capítulos demostramos que México ya experimentó distintos proyectos políticos, cuantificamos el costo económico de mantener un modelo institucional que no logra corregir sus problemas estructurales y analizamos cómo Corea del Sur, Singapur, Estonia e Irlanda transformaron su futuro mediante estrategias sostenidas durante décadas.
La siguiente pregunta es inevitable:
¿Qué es exactamente un modelo económico de Estado?
La respuesta parece compleja, pero en realidad es sencilla.
Un modelo económico de Estado es el sistema mediante el cual una nación decide, de manera permanente, cómo generará riqueza, cómo desarrollará talento, cómo atraerá inversión, cómo garantizará el Estado de derecho y cómo medirá su progreso durante varias generaciones.
No es un programa de gobierno.
No es un Plan Nacional de Desarrollo.
No es un presupuesto anual.
No es una plataforma electoral.
Y tampoco pertenece a un partido político.
Es el sistema operativo del país.
Así como un teléfono puede cambiar de diseño sin modificar su sistema operativo, un país puede cambiar de presidente sin cambiar el rumbo de su desarrollo. Cuando ocurre lo contrario, cada administración reinicia prioridades, modifica reglas, cambia programas y comienza prácticamente desde cero. El resultado es un país que avanza por etapas, pero rara vez acumula décadas de progreso continuo.
Los países que hoy lideran productividad, innovación y competitividad entendieron esta diferencia hace mucho tiempo. Sus gobiernos discutieron políticas; sus Estados conservaron objetivos. Cambiaron administraciones, corrigieron estrategias y enfrentaron crisis, pero nunca renunciaron a un proyecto nacional compartido.
Todo modelo económico de Estado responde cinco preguntas fundamentales.
¿Qué riqueza queremos crear?
¿Cómo vamos a crearla?
¿Cómo lograremos que esa prosperidad alcance a toda la sociedad?
¿Qué instituciones garantizarán reglas estables para ciudadanos e inversionistas?
¿Cómo mediremos, año con año, si realmente estamos avanzando?
Mientras esas preguntas cambien cada seis años, el Estado improvisa.
Cuando permanecen y únicamente mejora la forma de ejecutarlas, el Estado construye.
La propia OCDE ha señalado que el gran desafío de México ya no consiste únicamente en preservar la estabilidad macroeconómica, sino en elevar sostenidamente la productividad mediante instituciones más sólidas, innovación, digitalización, inversión y un mejor Estado de derecho. En otras palabras, construir un modelo económico capaz de sostener el crecimiento durante décadas.
México reúne condiciones excepcionales: una ubicación geográfica privilegiada, acceso preferencial a algunos de los mercados más grandes del mundo, una plataforma manufacturera competitiva, liderazgo turístico, abundantes recursos naturales y una población joven. Sin embargo, ninguna ventaja estratégica produce prosperidad por sí sola. Lo que transforma el potencial en desarrollo es la capacidad del Estado para coordinar todos esos activos bajo un mismo rumbo nacional.
Ese es el propósito de ONE MEXICO 2050.
No proponer el programa económico del próximo gobierno.
Sino comenzar a construir el modelo económico de Estado que pueda servir a los próximos gobiernos.
Porque las economías cambian todos los días.
Los gobiernos cambian cada seis años.
Pero los modelos económicos de Estado sólo deberían cambiar cuando una generación decide construir un futuro mejor que el que recibió.
México ha llegado exactamente a ese momento de su historia.
¡Hasta la próxima semana, con nuevos retos y oportunidades!
Sin miedo a la cima, que el éxito ya lo tenemos.
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