Sonría, candidato: ahí viene Harfuch

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POR KUKULKAN

HUBO un tiempo no muy remoto en la política mexicana en que para conseguir una candidatura se necesitaba estructura, padrino, dinero, operadores, acarreados y, con algo de suerte, votos ¡Qué tiempos tan complicados aquellos! Ahora podría bastar con un teléfono celular, buena iluminación y lograr que el secretario de Seguridad Ciudadana Omar García Harfuch mire a la cámara durante tres segundos, regale una sonrisa para que alguien se convierta casi casi en candidato.

RESULTA que entre los suspirantes de Morena y sus aliados rumbo a las elecciones de 2027 ha comenzado a cotizarse un nuevo activo político: la selfie con Harfuch. No necesariamente una conversación. No necesariamente su respaldo. Ni siquiera una amistad. Simplemente una foto. Porque la política mexicana ha evolucionado tanto que ahora el espaldarazo puede medirse en megapíxeles. Una imagen con el secretario de Seguridad se ha convertido en objeto de deseo para aspirantes que después corren a colocarla en Facebook, Instagram o X con alguna frase profundamente espontánea: “Siempre un gusto coincidir”.

TRADUCIDO del dialecto político al español: Miren con quién me junto. La operación es sencilla. El suspirante detecta a Harfuch, calcula trayectoria, intercepta al secretario y dispara el celular antes de que algún competidor se atraviese. Después viene lo verdaderamente importante: subir la fotografía a redes sociales, ya que una selfie guardada en el teléfono no construye candidatura. Publicada, en cambio, puede convertirse en señal, mensaje, interpretación, rumor, trascendido y, con suficiente imaginación, hasta destape.

HARFUCH no necesita decir nada. Para eso están los aspirantes. Uno subirá: “Conversando sobre los grandes retos de México”. Aunque solamente hayan hablado del clima. Otro escribirá: “Compartimos la visión de seguir transformando al país”. Aunque Harfuch únicamente haya preguntado dónde estaba el baño. Y algún entusiasta terminará agradeciendo “la confianza”. ¿La confianza de qué? Detalles. Lo importante es la foto.

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ESTE fenómeno de la Harfuchmanía revela algo bastante más interesante que la vanidad digital de nuestra clase política: el poder también tiene temporadas. Durante años, la fotografía políticamente rentable era con Andrés Manuel López Obrador. Había que aparecer cerca, muy cerca, de preferencia escuchándolo con expresión de alumno aplicado. Esa imagen decía: pertenezco. Hoy, según se observa entre los nuevos suspirantes, la demanda empieza a moverse. El mercado político también actualiza sus estampitas.

Y HARFUCH cotiza al alza. No resulta difícil entender por qué. El secretario de Seguridad es una de las figuras más visibles del gobierno de Claudia Sheinbaum, ocupa diariamente espacios informativos por los operativos contra el crimen y mantiene interlocución con las agencias de seguridad estadounidenses. Para un aspirante necesitado de fotografías que sugieran cercanía con el poder, Harfuch tiene actualmente algo parecido a denominación de origen.

AUNQUE dentro de Morena no todos contemplan esa cercanía con entusiasmo. Para algunos sectores duros, la relación de Harfuch con Washington provoca suspicacias. Pero tampoco hay que exigir demasiada coherencia. Una cosa es desconfiar del secretario en privado. Y otra desperdiciar la selfie. Principios sí. Pero tampoco exageremos. Así llegamos a una nueva disciplina olímpica rumbo a 2027: los cien metros planos con celular para alcanzar a Harfuch.

SIN DUDA Habrá codazos, sonrisas y políticos que casualmente coincidan con él cuatro veces por semana. Y seguramente veremos fotografías acompañadas de textos tan naturales como: “Encuentro fortuito con mi querido amigo Omar”. Fortuito, después de esperarlo cuarenta minutos junto a la salida. Lo fascinante es que Harfuch podría terminar convertido en padrino político involuntario de personajes a quienes probablemente apenas reconoce. Porque esa es otra ventaja de la selfie: no requiere consentimiento ideológico. Uno puede tomarse una fotografía con un funcionario y después dejar que las redes hagan el resto.

ANTAÑO los políticos presumían cartas de recomendación. Ahora presumen píxeles. Antes buscaban la bendición del presidente. Ahora buscan el encuadre correcto. Y mientras Morena prepara sus candidaturas para 2027, algunos aspirantes parecen haber descubierto una novedosa metodología demoscópica. Olvídense de las encuestas. Olvídense del territorio. Olvídense de las bases. La pregunta correcta es: ¿Cuántas fotos tienes con Harfuch? En la política mexicana contemporánea quizá todavía no sabemos quién será candidato. Pero ya sabemos quién quiere salir en la foto. Y sonría, secretario. La fila está muy larga.

@Nido_DeViboras

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