Padecen cancunenses un ‘infierno’ por deplorable transporte público

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  • Mientras la ciudad recibe a millones de turistas que llegan en busca de playas de arena blanca y aguas turquesa, las personas que sostienen esa industria con su trabajo diario enfrentan un escenario muy distinto al bajar del hotel, el restaurante o la tienda.
OMAR ROMERO

CANCÚN, Q. ROO.- Mientras la ciudad recibe a millones de turistas que llegan en busca de playas de arena blanca y aguas turquesa, las personas que sostienen esa industria con su trabajo diario enfrentan un escenario muy distinto al bajar del hotel, el restaurante o la tienda.

Paraderos saturados, unidades que no llegan y esperas que, de acuerdo con un sondeo realizado entre usuarios del transporte público, van de los 30 minutos hasta las tres horas.

Los testimonios, recabados en el paradero al exterior de Plaza Las Américas, uno de los más relevantes de la ciudad, coinciden en un mismo diagnóstico: la combi o el camión —cuando llega— va lleno, el trato de los operadores deja mucho que desear.

La tardanza termina por golpear tanto el tiempo personal como el bolsillo de quienes dependen del transporte público para moverse.

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Por ejemplo, hay quienes tienen que esperar hasta tres horas por una combi o pagar de su bolsillo un taxi de 300 a 350 pesos cuando el transporte simplemente no llega.

ELEVADO COSTO A PAGAR

Sixto Hernández, quien espera a diario las rutas 19 y 8 con destino a Urbi o Paraíso Maya, calcula que su tiempo de espera ronda la hora y cuarto, aunque en ocasiones se extiende hasta tres horas.

Cuando el transporte no aparece, la alternativa lo golpea directamente en el ingreso: “estoy pagando más de lo que gano”, dijo sobre las dos veces que ha tenido que tomar un taxi ante la ausencia total de unidades.

Ese mismo patrón de rutas que “cortan” antes de completar su recorrido fue señalado por otros usuarios como una causa constante de las esperas.

Una usuaria de la ruta 235, quien prefirió no dar nombre, relató que incluso los domingos las unidades dejan de circular hacia su Región desde temprano, lo que la obliga a permanecer parada por hasta una hora antes de regresar a comer a su casa tras la jornada laboral.

JORNADAS QUE SE DUPLICAN

Para Matilde y Lucy, vecinas de la colonia Tres Reyes, el problema no se limita a la espera, ya que cuando la unidad no llega deben transbordar hasta tres veces para completar un trayecto que debería tomar una fracción del tiempo.

“Con tiempo a las 8:00 am, para que espere 8:30 o 9:00 am, y para que yo llegue a mi trabajo a las 10:00 o 10:30 am”, detalló Lucy sobre la anticipación que debe calcular cada mañana solo para no llegar tarde.

Matilde atribuyó parte del problema a la desaparición de rutas que antes cubrían ese trayecto. 

“Había Turicun y Autocar y lo quitaron, no sé ni por qué”, lamentó, y explicó que ahora sólo quedan dos unidades para cubrir la demanda de toda la colonia, lo que se traduce en unidades saturadas y esperas cada vez más largas.

RIESGOS DE SALUD

El calor de Cancún no da tregua ni siquiera dentro de las combis, donde la sobreocupación se ha vuelto, según los entrevistados, un riesgo de salud.

Sixto fue el más contundente al respecto: en más de una ocasión ha visto a personas de la tercera edad desvanecerse dentro de las unidades por las altas temperaturas y el hacinamiento.

Azucena, usuaria de la ruta 30, describió una dinámica que se repite en distintos puntos de la ciudad: las combis se van de largo cuando van llenas, obligando a los pasajeros a esperar la siguiente y la siguiente.

“Alguien le ponga un alto, porque todos vamos apretados, manejan acelerados”, exigió, en referencia a los operadores que, pese al sobrecupo, aceleran su marcha.

RAYAN EN EL MALTRATO

Más allá de la infraestructura, el trato de los operadores fue otro de los señalamientos más repetidos.

Carol Rodríguez, usuaria frecuente de las rutas hacia Kusamil, fue la más específica al describir un problema que va más allá del mal humor.

“Se da el acoso de los choferes, incluso al hacer comentarios”, denunció, y remarcó que esa conducta no tiene justificación, a diferencia del desgaste que —dijo entender— arrastran algunos conductores por jornadas extenuantes sin tiempo para comer.

La usuaria de la ruta 235 fue igual de directa al describir la reacción de algunos operadores ante cualquier reclamo: prácticamente no hay respuesta, solo indiferencia.

“Ni le contestan. Son varios los que son déspotas, no tienen educación”, dijo, aunque matizó que existen también conductores amables entre los que cubren su ruta.

EMPATÍA, NO PROMESAS

Consultados sobre qué le pedirían a la autoridad, ninguno de los entrevistados habló de obras ni de anuncios oficiales.

Pidieron, en cambio, algo más elemental. “Más que nada, que no corten de allá, que vengan para acá”, resumió Sixto sobre las unidades que interrumpen su recorrido antes de completar la ruta.

La usuaria de la ruta 235 lo planteó en términos aún más simples: “que tengan más empatía con el pueblo”.

Entre paraderos saturados, transbordos forzados y tarifas de taxi que superan lo que algunos ganan en una jornada, el sondeo retrata una ciudad dividida, una que recibe cada año a millones de turistas que pagan por no esperar.

Transfers puntuales, taxis a la puerta del hotel, camiones exclusivos hacia la Zona Hotelera y la que, todos los días, deben recorrer a pie o a contrarreloj quienes la mantienen funcionando.

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