El Caribe está al sur

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Sergio León Cervantes

Durante años, en Quintana Roo hemos mirado al norte para hacer negocios y al Caribe para atraer turistas. Tal vez llegó el momento de voltear también hacia el sur. Escribo estas líneas desde Belice, un país de apenas 424 mil habitantes que, visto desde Cancún, podría parecer un mercado pequeño. Ese es el error: medir una oportunidad sólo por su población y no por su posición, necesidades y conexiones.

Belice comparte frontera con México, forma parte de CARICOM, habla inglés como idioma oficial y tiene una economía vinculada al turismo, comercio y servicios. Es vecino de Quintana Roo y puerta natural hacia un Caribe que incluye Jamaica, República Dominicana, Barbados y Trinidad y Tobago. Para una empresa mexicana, esa combinación vale mucho más que el tamaño del país.

Los números explican por qué. El Belize Tourism Board estima que 2025 cerró con 551,698 visitantes de pernocta, 9.6% por encima de 2019, además de 967,214 pasajeros de crucero, 8.1% más que en 2024. El turismo ya no está simplemente recuperándose: está alcanzando una nueva escala. Y cada habitación, restaurante, desarrollo inmobiliario, embarcación o empresa turística necesita alimentos, mobiliario, materiales, tecnología, mantenimiento, capacitación, logística y servicios.

Ahí aparece México. Data México, con cifras de Banco de México, registra en 2026 alrededor de 116 millones de dólares en exportaciones mexicanas hacia Belice frente a sólo 3.17 millones en importaciones. En junio, México vendió 18.1 millones de dólares y compró 336 mil. La balanza es abrumadoramente favorable, pero revela algo más: estamos lejos de explotar la vecindad económica que tenemos enfrente.

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Belice importó mercancías por 2,911 millones de dólares beliceños en 2025 y exportó 390 millones. Es una economía que compra afuera buena parte de lo que consume. Para Quintana Roo, Yucatán, Campeche, Chiapas y Tabasco eso debería encender una señal: muchos de esos productos podrían recorrer cientos de kilómetros desde México, no miles desde otros proveedores.

No se trata de vender lo que nos sobra. Esa mentalidad pertenece al pasado. Se trata de identificar qué necesita el mercado, adaptar producto, precio, empaque, financiamiento y servicio, construir distribuidores locales y después utilizar esa experiencia como plataforma hacia otros mercados caribeños. Exportar no es cruzar una frontera; es construir presencia.

También debemos aprender de Belice. Mientras Quintana Roo discute cómo elevar gasto y estancia promedio, nuestro vecino recibió en 2024 más de medio millón de turistas de pernocta y el FMI calcula que el turismo aporta directamente alrededor de 12% de su PIB. San Pedro, Caye Caulker y Placencia han construido una narrativa donde naturaleza, buceo, cultura y exclusividad conviven. No tenemos que copiar el modelo; debemos observar qué hace bien y qué podemos integrar.

Hay además una oportunidad escondida en sus problemas. El FMI advierte cuellos de botella en capacidad hotelera, conectividad aérea, financiamiento y fuerza laboral. Para empresas mexicanas de construcción, proveeduría, capacitación, tecnología, energía, logística y servicios, cada cuello de botella puede convertirse en un mercado. El crecimiento no se aprovecha sólo vendiendo mercancías, sino ayudando a resolver lo que impide que continúe.

Por eso el sur de Quintana Roo debe dejar de verse como el final de México. Chetumal puede ser principio. La frontera de Subteniente López, la conexión con Belice y la infraestructura ferroviaria y logística que se proyecta para la península pueden convertir al estado en plataforma regional. Cancún posee conectividad, talento turístico y capital empresarial; Chetumal, posición fronteriza; Belice, acceso cultural, comercial y lingüístico al Caribe. Juntos forman un corredor que todavía no dimensionamos.

Durante décadas pensamos que internacionalizar una empresa significaba mirar a Miami, Houston, Madrid o Nueva York. Son mercados indispensables, pero la siguiente oportunidad también puede estar a unas horas de casa.

La frontera no debería ser una línea donde termina nuestra economía, sino el punto donde comienza nuestra expansión. Quintana Roo tiene frente a sí un mercado pequeño en población, enorme en posibilidades y conectado con una región mucho mayor. La pregunta ya no es qué tan lejos está Belice. La pregunta es por qué, estando tan cerca, todavía hacemos tan pocos negocios juntos.

A veces las grandes oportunidades no están del otro lado del mundo. Están del otro lado de la frontera.

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