Perdí, pero si hubiera jugado, gano

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POR KUKULKAN

HAY DERROTAS que se aceptan con dignidad, derrotas que se aceptan a regañadientes y luego está la versión Mar-a-Lago, en la que uno pierde, felicita al rival, le echa la culpa a un aliado y anuncia que de todos modos habría arrasado. Todo en menos de 24 horas y sin despeinarse el copete.

EL MARTES los estadounidenses fueron a votar en las elecciones intermedias. Según las proyecciones, el Partido Demócrata se quedó con el Senado, donde suma al menos 54 escaños, y con la Cámara de Representantes, donde le quitó una veintena larga de distritos a los republicanos. Para el inquilino de la Casa Blanca fue un tsunami azul. Para Donald Trump fue, por lo visto, un malentendido.

SU PRIMERA reacción salió en Truth Social, ese confesionario digital donde el presidente se dice a sí mismo lo que nadie más se atreve a decirle. La tesis fue impecable: él no estaba en la boleta y, de haber estado, habrían ganado de forma aplastante. Es el equivalente político del futbolista que ve desde la banca cómo su equipo pierde 5 a 0 y declara que, si lo hubieran metido, el marcador sería otro. Lo de menos es que nadie lo haya comprobado; lo importante es la fe.

PERO el mismo día, el mismo hombre le dijo al New York Times que estaba absolutamente dispuesto a aceptar los resultados y que probablemente llegarían a algún tipo de acuerdo con los demócratas. En Fox News fue más lejos: dijo que los demócratas habían hecho un buen trabajo y que habían luchado duro. Así, en el mismo ciclo de noticias, Trump reconoció la derrota, felicitó al vencedor y aseguró que la derrota no era suya. Si eso no es el primer caso documentado de una derrota aplastantemente victoriosa, que venga el Tribunal Electoral a desmentirlo.

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CAPÍTULO aparte merece el deslinde de la derrota “no es mía”. En Texas, bastión republicano por excelencia, la demócrata Gina Hinojosa derrotó al gobernador Greg Abbott, y James Talarico le ganó la senaduría al fiscal Ken Paxton. ¿La explicación presidencial? Según UnoTV, Trump dijo que Abbott se había vuelto un “RINO”, es decir, republicano sólo de nombre. Es una fórmula práctica: si ganas, eres trumpista; si pierdes, siempre fuiste un infiltrado. Con ese método, el Partido Republicano no pierde elecciones; solo se depura.

Y COMO en toda tragedia hay reparto coral, el vicepresidente JD Vance atribuyó las derrotas a la guerra con Irán, según CBS. Mike Johnson, presidente de la Cámara, ya anunció que no buscará encabezar a la minoría. El propio Trump, siempre agradecido con quien le presta micrófono, criticó a Fox News por darle demasiada cobertura a los demócratas. Los gobiernos que pierden suelen culpar a los medios; lo novedoso es culpar al medio propio.

TAMPOCO faltó la paradoja institucional. El Departamento de Justicia desplegó cerca de mil observadores electorales en los 50 estados y presumió la mayor operación de monitoreo de su historia. Tanta vigilancia para cuidar el voto, y el voto salió sin hacerle caso a nadie. En Misisipi, con casi todo contado, la contienda por el Senado se decidía por 43 votos. Es una diferencia que cabe en un camión urbano y que, de haber ido para el otro lado, seguro tendría hoy a alguien en Truth Social hablando de fraude.

QUEDA la promesa de la reconciliación. Trump le dijo a Politico que no quiere pasarse dos años sentado vetando todo, una frase que tranquilizaría más si no viniera de quien días antes amenazaba con vetar las leyes demócratas. El nuevo Congreso toma posesión el 3 de enero, así que el presidente tiene dos meses para decidir cuál de sus versiones gobernará: la del buen perdedor, la del ganador hipotético o la del cazador de RINOS.

DESDE este lado del río Bravo el espectáculo resulta familiar. Por acá también hay quien gana con el 30 por ciento y dice que fue mandato popular, y quien pierde por 20 puntos y jura que le robaron la elección. La diferencia es de escala, no de especie. La política, allá y acá, es el único oficio donde puedes perder el partido, aplaudirle al rival, despedir al portero y anunciar en la misma rueda de prensa que eres campeón invicto.

AL FINAL, el mensaje de Trump cabe en una frase que bien podría bordarse en las gorras rojas de 2028: “Acepto los resultados, salvo los que no me gustan”. Total, ni que fuera la primera vez que el emperador sale a desfilar convencido de que todos le aplauden el traje.

@Nido_DeViboras

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