Urgen a prevenir suicidio infantil

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  • Los niños son una población muy afectada, nadie quiere hablar del suicidio infantil porque denota el fracaso de nuestra sociedad.
DANIEL SANTIAGO / AGENCIA REFORMA

MONTERREY, NL.- Reportes recientes de dos muertes en niños ponen sobre la mesa el tema de otro gran riesgo durante la pandemia, el suicidio infantil.

Personal cercano a los centros educativos donde estudiaban estos menores de edad indicó que estos casos ocurrieron en los primeros meses del año.

Si bien las cifras oficiales indican que el suicidio se concentra en jóvenes y adultos, durante la pandemia, los menores de edad se han convertido en un grupo vulnerable.

De acuerdo con INEGI, casi la mitad de las muertes por lesiones autoinfligidas se registran principalmente en el grupo de 30 a 59 años; le sigue el grupo de jóvenes de 18 a 29 años, con 34 por ciento; y las niñas, niños y adolescentes de 10 a 17 años con 10 por ciento.

“Los niños hoy son mucho más vulnerables”, dijo Faryde Lara, directora de Fundación Sak, en la CDMX, que se dedica a la atención y prevención en torno al suicidio.

“Pero si bien los niños son una población muy afectada, nadie quiere hablar del suicidio infantil porque, de alguna forma, denota el fracaso de nuestra sociedad, pero es una realidad”.

Cifras del Estado indican que de 2016 a 2019 hubo anualmente menos de 300 suicidios. En 2020 se registraron 339.
“En esta pandemia se han presentado situaciones en las que hay que estar alerta”, dijo Guillermo Rocha, coordinador del área de Urgencias Psicológicas de la Facultad de Psicología en la UANL

“Como el aislamiento, las dificultades en el sueño, la sensación de amenaza y la desesperanza sobre un futuro incierto, que son respuestas que,cuando nos adaptamos a ellas de una manera inadecuada, podrían convertirse en factores de riesgo para conductas suicidas”.

Violencia y salud mental

Con especialidad en suicidología, Faryde Lara comenta que en su Fundación se dispararon los llamados de auxilio en este año, al pasar de 10 a 100 mensajes mensuales en promedio, un 15 por ciento por parte de menores de edad.

Los riesgos aumentan cuando se combinan dos factores, la violencia y la falta de atención a la salud mental, indica Lara, Premio Mujer Tec 2020 en la categoría de Salud y Bienestar.

“La violencia la tenemos muy normalizada, nuestra manera de relacionarnos, nuestras dinámicas con otras personas, nuestras maneras de comunicarnos suelen ser muy violentas y no nos damos cuenta.

“Además, uno de cada tres mexicanos tiene una enfermedad mental que puede relacionarse con suicidio”.

El suicidio es definido por la Organización Mundial de la Salud como un problema grave de salud pública, pero que tiene la cualidad de ser prevenible. Para ello es necesario atender los casos de depresión o intentos de suicidio, e implementar estrategias para la detección temprana de posibles riesgos de suicidio.

En este sentido, la atención a la salud mental en niñas, niños y adolescentes se vuelve prioritaria, indicó el INEGI en septiembre, en sus estadísticas, en el Día Mundial de Prevención del Suicidio.

Debido a que 9 de cada 10 suicidios están ligados a un problema de salud mental, ya sea ansiedad, depresión o adicciones, el detectar estos problemas es un paso hacia la prevención, dice Lara.

“Ahí ya tienes una manera de prevenir, al tomar medidas en lo psicológico”.

Otro factor asociado al suicidio es el ambiental. En el caso de los niños, señala Lara, el bullying o acoso se ha convertido en el más frecuente.

Señales de alarma

En su consulta con adolescentes, la psicoterapeuta Elizabeth Siller indica que ha encontrado mucha frustración debido a la pandemia, a causa de la cancelación de fiestas, graduaciones o viajes.

“Expresan el ‘ya para qué’ y eso me preocupa mucho, porque habla del desánimo, de la desesperanza, de señales de alerta”, comenta la psicóloga clínica.

Otras frases que no hay que pasar por alto son: “Ya no quiero estar aquí”, “Ya no puedo con esto”, “Ya no quiero ser un estorbo”, o “No quiero ser una carga”. También hay que poner atención en si aumenta el consumo de alcohol o drogas, o si la higiene personal comienza a ser deficiente.

Los cambios drásticos en hábitos como la alimentación, el sueño, o la disminución del interés por actividades que antes disfrutaba o el aislamiento son también señales.

Siller indica que, aunque sí ha aumentado la cantidad de casos de intentos de suicidio o de suicidios durante la pandemia, en el caso de menores de edad ha habido una mayor alerta por parte de padres de familia.

“Los padres empiezan a conocer estas señales y a estar alerta”, señala.

Una vez que se conocen y detectan señales, es importante saber qué hacer, como acompañar a la persona, tener empatía con ella, escucharla y buscar apoyo profesional.

Además, evitar minimizar las señales de atención.

“Hay que aceptar que el problema está pasando en nuestra familia”, pide Siller, “porque pasa que la familia no hace frente o no lo creen, es más como un ‘no, está chiflado, está triste, lo hace para llamar la atención, está jugando’. Cuando lo aceptas y te das cuenta de que sucede es cuando se empieza a trabajar para sobrellevar esta situación”.

La otra pandemia

Una de las preocupaciones en las escuelas es cómo se atenderá la salud emocional en los niños. Durante la pandemia el apoyo profesional psicológico ha sido difícil de implementar a la distancia.

Luis Carlos Villalpando, director de una primaria pública, señala que padres de familia y maestros tienen un rol en el cuidado de la salud mental.

Los docentes, por ejemplo, pueden ayudar con clases en las que haya espacio y tiempo para escuchar al niño hablar de sus emociones, mientras que los padres de familia deben tener las herramientas para detectar señales de alerta.

Faryde Lara, de la Fundación Sak, alerta por una pandemia emocional en las escuelas.

“Ojalá que en el regreso a las escuelas haya un apoyo o protección para quienes se sientan vulnerables, pero si la vulnerabilidad no es atendida profesionalmente, difícilmente vamos a poder detener la pandemia que se nos viene encima, la de la salud mental”, dice Lar.

“La situación, como la que estamos viviendo ahorita, indiscutiblemente va a tener repercusiones fuertes que, ojalá, nos haga reaccionar para que podamos tomar otras medidas como sociedad y le demos la importancia que el tema tiene.

“Se requieren profesionales como psicólogos y médicos”, indica, “pero capacitados para atender estas problemáticas, que sean factores de protección y no de riesgo, como llega a suceder”.

Crece alarma

Muertes por lesiones autoinfligidas según grupo de edad:

  • 46% 30 a 59 años
  • 34% 18 a 29 años
  • 10 % 10 a 17 años

A nivel mundial, el fallecimiento por lesiones autoinfligidas fue la tercera causa de muerte en adolescentes en 2015, con 67 mil casos.

En México, para 2018 sucedieron 641 fallecimientos por lesiones autoinfligidas del grupo de niñas, niños y adolescentes de 10 a 17 años.

Del total de fallecimientos de niñas, niños y adolescentes de 10 a 17 años, las lesiones autoinfligidas intencionalmente ocuparon el cuarto lugar de las principales causas de mortalidad, después de accidentes, agresiones y tumores.

Señales de alerta

Un adolescente puede sentirse suicida debido a ciertas circunstancias de la vida como:

  • Tener un trastorno psiquiátrico, como depresión.
  • Sufrir una pérdida o un conflicto que involucre a amigos o a familiares cercanos.
  • Presentar antecedentes de maltrato físico o abuso sexual, o exposición a la violencia.
  • Sufir problemas de alcoholismo o drogadicción.
  • Tener problemas físicos o médicos, por ejemplo, quedar embarazada o tener una infección de transmisión sexual.
  • Ser víctima de hostigamiento.
  • Sentir incertidumbre acerca de la orientación sexual.
  • Exponerse al suicidio de un familiar o amigo.
  • Ser adoptado.
  • Antecedentes familiares de trastorno del estado de ánimo o comportamiento suicida.
    Fuente: mayoclinic.org
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