Se desconoce en Quintana Roo lo que respiramos

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Se desconoce en Quintana Roo lo que respiramos
  • En salud no se puede establecer relación con las infecciones respiratorias sin un sistema confiable que mida calidad del aire.
MARCO ANTONIO BARRERA

CANCÚN, Q. ROO.- La entidad quintanarroense carece de un sistema de monitoreo de la calidad del aire que genere información confiable, histórica y de largo plazo, la cual permita conocer los niveles de contaminantes emitidos hacia la atmósfera.

La falta de un programa de gestión pone al estado como uno de los dos únicos que no tienen un sistema de este tipo, lo que impide en materia de salud pública poder establecer una relación con las infecciones respiratorias agudas de la población.

En el Programa de Gestión de la Calidad del Aire (ProAire) 2019-2028 se reconoció que entre las personas hay la percepción de que la contaminación ambiental no es un problema grave por las bajas altitudes de Quintana Roo, con un promedio de 32.8 metros sobre el nivel mar, y por la dirección y velocidad del viento que facilitan la dispersión de contaminantes.

Pero en el análisis se alertó de diversas implicaciones de llegarse a incrementar la demanda del sector salud por nuevos casos relacionados con la contaminación atmosférica, lo que dejaría el estado en condiciones difíciles para priorizar los casos existentes con los nuevos ocasionados por esa problemática.

El Instituto Nacional de Ecología (Inecol), en el análisis del mismo estudio que citó en la Manifestación de Impacto Ambiental del Tramo 7 del Tren Maya —que irá de Chetumal a Escárcega—, reconoce la existencia de una red de monitoreo de calidad de aire “de bajo costo” integrada por 10 estaciones de medición en Quintana Roo.

La infraestructura, agregó, no genera información suficiente para establecer el estado actual ni es posible determinar tampoco una tendencia histórica.

Las estaciones de medición están en Othón P. Blanco (3), Bacalar (2), Benito Juárez (2), Solidaridad (1), Puerto Morelos (1) y Cozumel (1), de las cuales una (sin citar a la que se refiere) no opera desde hace años, y otra inició recientemente su funcionamiento, con lo cual se carece de registros suficientes para establecer con certeza la situación del aire.

El Inecol mencionó que la escasez de la información sugiere presumiblemente la inexistencia de niveles de contaminación por partículas suspendidas PM 2.5 que supongan un riesgo para la salud de la población.

Pero en los criterios establecidos en la Norma Oficial Mexicana “NOM-172-SEMARNAT-2019, Lineamientos para la obtención y comunicación del Índice de Calidad del Aire y Riesgos a la Salud”, se contempla que para confirmar situaciones específicas se requiere del análisis de datos de al menos un año completo.

De acuerdo con el ProAire, las principales fuentes generadoras de partículas menores a 10 micrómetros (PM 10) y partículas menores a 2.5 microméros (PM 2.5), amoniaco, carbono negro y metano, son aportadas en su mayoría por el uso de leña usada para cocinar, mientras que los sitios de disposición final de residuos son la fuente más importante de metano.

Las fuentes móviles (calculados en 592 mil 974 automóviles, camionetas, taxis de pasajeros, autobuses, camiones ligeros y de carga media, camiones remolques y motocicletas, hasta 2018) son las responsables de casi 70 por ciento de las emisiones de dióxido de azufre y más del 79 por ciento del monóxido de carbono y óxidos de nitrógeno.

Las principales fuentes generadoras fijas de partículas están en la zona sur del estado, como el ingenio azucarero donde se realiza la quema de bagazo de caña de azúcar para la cogeneración de electricidad y la central de turbogás de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en Xul-Ha, que utiliza diésel.

Del lado norte operan un par de centrales turboeléctricas, con dos plantas en Benito Juárez, una en Cozumel y otra en Holbox.

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