NIDO DE VÍBORAS

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Por KUKULKÁN

EN EL CORAZÓN de Cancún, un paraíso reconocido mundialmente por sus playas de ensueño y su exuberante naturaleza, se cierne una sombra que amenaza con desdibujar la esencia misma de este edén: el proyecto “Península Cancún”. Concebido como un desarrollo mixto que promete transformar el campo de golf de Pok Ta Pok en un conglomerado de viviendas, hoteles y comercios, mismo que encierra riesgos que van más allá de lo visible, tocando las fibras más sensibles de nuestro entorno y nuestra comunidad.

LA INICIATIVA, que se extiende sobre 57.25 hectáreas de área verde, colinda con el vital Sistema Lagunar Nichupté, pulmón de nuestra zona y refugio de innumerables especies. Sin embargo, pese a su magnitud, el proyecto se ha presentado a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) buscando luz verde sin un debate público adecuado, ignorando las voces de organizaciones civiles y pioneros que, desde hace 15 años, alertan sobre las consecuencias fatales de tal desarrollo.

LA HISTORIA detrás de “Península Cancún” es reveladora: un borrador que circuló en sombras, desconocido y luego minimizado por el gobierno municipal, y una aprobación que se percibe como un eco de intereses empresariales, más que como un reflejo de la voluntad colectiva. Su promoción lanzada por Hazama Corporation Desarrollo de Turismo S.A. de C.V., ligada a figuras que han buscado por años alterar el destino de este espacio verde, marca una continuidad de ambiciones que desatienden el equilibrio ambiental y social.

LA INVERSIÓN millonaria detrás de este emprendimiento no debe cegarnos ante el verdadero costo que conlleva: la potencial devastación de un ecosistema clave para Cancún y una transformación radical de la comunidad de Pok Ta Pok, que se opone firmemente a este desarrollo. Las cifras son alarmantes: 1,378 viviendas, 850 cuartos hoteleros, todo en lo que hoy es un refugio de biodiversidad y tranquilidad.

EL PROCESO de aprobación de “Península Cancún”, marcado por la falta de transparencia y la omisión del debate público, pone en evidencia una desconexión entre las autoridades y la ciudadanía a la que deberían servir. Su inclusión en el Programa de Desarrollo Urbano (PDU) a espaldas de la comunidad, y los errores en la Manifestación de Impacto Ambiental, son síntomas de una gestión que privilegia el desarrollo a cualquier costo sobre la preservación de nuestros recursos naturales y la calidad de vida de los cancunenses.

NO SÓLO es una afrenta a la biodiversidad y al tejido social de Cancún, sino que también plantea serias preguntas sobre la sustentabilidad a largo plazo de nuestro modelo de desarrollo. ¿Estamos dispuestos a sacrificar nuestro patrimonio natural y cultural por una visión de progreso que no contempla el bienestar ambiental ni el consenso ciudadano?

ES IMPERATIVO que reevaluemos colectivamente el camino que están tomando las autoridades municipales de forma unilateral, priorizando un desarrollo que sea verdaderamente sostenible y que respete la voz de la comunidad y la integridad de nuestro entorno. La historia de “Península Cancún” no debe ser la de cómo transformamos un paraíso en un enclave comercial, sino la de cómo escuchamos, aprendemos y optamos por un futuro que armonice progreso y preservación.

LA RESPONSABILIDAD de decidir el futuro de Pok Ta Pok, y por extensión de Cancún, recae en todos nosotros: ciudadanos, autoridades y empresarios. Este momento crucial debe marcar un antes y un después en cómo abordamos el desarrollo, asegurándonos de que no sea a costa de nuestro mayor tesoro: la naturaleza que nos define y nos sustenta.

@Nido_DeViboras