- En “Hoy es el Apocalipsis” el autor plantea una exploración de lo que llama “los apocalipsis que suceden cotidianamente”.
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GUADALAJARA, JAL.- “El mundo está al borde del colapso, pero lejos de los desastres naturales convencionales del género apocalíptico, es algo más profundo: una crisis existencial, moral y política”.
De esta forma lo plantea Francisco López Serrano (Zaragoza, 1960) en su novela ganadora del premio Ciudad y Naturaleza José Emilio Pacheco de la Universidad de Guadalajara (UdeG).
En “Hoy es el Apocalipsis” (Editorial UdeG) el autor plantea una exploración de lo que llama “los apocalipsis que suceden cotidianamente”.
Esa mirada, irónica y cargada de humor negro, ya aparecía en “La Dulzura del Apocalipsis”, su anterior volumen de relatos publicado en España, y vuelve ahora atravesada por una sensibilidad poética que el autor considera inseparable de su escritura.
“Yo me considero poeta incluso cuando no escribo poesía”, afirma; para él, la poesía es una forma de mirar el mundo más que un género estricto.
“Los alemanes tienen una palabra, dichtung, que amplía el concepto de lo poético; la poesía puede estar en un cuento, en un cuadro, en un ballet; desde esa perspectiva, yo soy poeta en todo lo que hago”, explica.
Su participación en el Premio José Emilio Pacheco Ciudad y Naturaleza tuvo un detonante claro: el nombre del poeta mexicano.
Desde que en los años 80 leyó una antología publicada en España, el también ganador del premio Setenil (2010) desarrolló un vínculo profundo con la obra de José Emilio Pacheco, lo que lo motivó a enviar su manuscrito.
A ello se sumó un interés particular por que su obra circulara en Latinoamérica, especialmente en México, país que considera la capital cultural de la lengua española, no solo por el número de habitantes, sino por lo que se está haciendo ahora.
Entre los cuentos del nuevo libro, admite tener un afecto especial por “Un Alma en Pena”, relato final de la colección, donde aborda el tema de la vivienda en España y la manipulación mediática en torno a la ocupación de inmuebles.
“Es una crítica esperpéntica de un fenómeno que se ha exagerado porque conviene a intereses espurios”, explica.
“Otra pieza destacada es su homenaje a Julio Cortázar, inspirado en el célebre “No se culpe a nadie”: un personaje enredado en la tarea absurda de desenredar unos auriculares, metáfora de las agonías contemporáneas.
A sus 65 años, reconoce que sus hábitos de lectura han cambiado.
“El tiempo hay que tasarlo ya de manera precisa”.
Hoy lee sobre todo poesía y ensayo, con una inclinación marcada hacia la poesía escrita por mujeres.
Durante su visita a la FIL adquirió libros de Coral Bracho, Tedi López Mills y la poeta tapatía Mónica Nepote, reciente ganadora del Premio Xavier Villaurrutia.
“La voz de las mujeres me da una perspectiva extrañada de la realidad, en el sentido que le daban los formalistas rusos: una mirada nueva sobre las cosas”.




