POR KUKULKAN
EN MORENA nadie dice “desobediencia”. Se le llama interpretación flexible de la línea. Y así, mientras la presidenta Claudia Sheinbaum repite —con tono de manual y mirada de maestra— que en su movimiento no habrá nepotismo, en los estados la realidad bosteza… y hace exactamente lo contrario.
Y ES QUE una cosa es el discurso nacional, pulcro, feminista y republicano, y otra muy distinta es el ejercicio del poder local, donde el apellido pesa más que el proyecto y el parentesco vale más que cualquier encuesta. Ahí, en ese terreno sin cámaras mañaneras, San Luis Potosí y Zacatecas se han convertido en ejemplos incómodos de cómo se desafía a la presidenta sin levantar la voz.
LA REFORMA constitucional que prohíbe el nepotismo electoral —esa que todos aplaudieron— no aplicará sino hasta 2030. El dato es clave. Legalmente, en 2027 todavía se puede. Moralmente, según Sheinbaum, no. Pero la moral, ya se sabe, no siempre gana elecciones.
AL INTERIOR de Morena, la instrucción es clara: el nepotismo estará prohibido desde ahora, por convicción y por congruencia. El problema es que esa orden sólo es obligatoria para Morena. Sus aliados —el PT y el Partido Verde— pueden mirar para otro lado, silbar bajito y seguir como si nada.
Y ESO es exactamente lo que está ocurriendo. El claro ejemplo es San Luis Potosí, el gobernador Ricardo Gallardo, del Verde pero aliado fiel de la 4T cuando conviene, ha jugado con las reglas como quien mueve piezas de ajedrez sabiendo que el reloj no corre para él.
SE TRATA de una reforma electoral local que establece que la candidatura al gobierno en 2027 deberá ser para una mujer encendió todas las alertas. Nada tiene qué ver con el respeto del principio de paridad, sino con el nombre que flota en el ambiente: el de su esposa. No hay candidatura anunciada, cierto. Pero en política no hace falta decirlo todo para que se entienda.
ESTA reforma no viola la ley federal —porque aún no aplica—, pero sí desafía abiertamente el mensaje presidencial. Y lo hace desde un partido aliado que, convenientemente, no está obligado a obedecer la consigna morenista.
PERO el caso más rancio, más clásico, más de abolengo político, es Zacatecas donde David Monreal, gobernador de Morena, enfrenta el fantasma de la sucesión familiar: su hermano Saúl Monreal, senador y eterno aspirante, aparece una y otra vez en las quinielas de 2027.
AQUÍ no hay reformas quirúrgicas ni ingeniería legal sofisticada. Hay algo más simple: un apellido que no se quiere ir. El problema para Zacatecas es doble. No sólo se trata de nepotismo, sino de desobediencia directa.
TAMPOCO hay PT ni Verde a quien echarle la culpa: es Morena contra su propia narrativa. Y mientras en la Ciudad de México se habla de ética republicana, en Zacatecas el silencio se vuelve cómplice. Lo irónico es que nadie está rompiendo la ley. Todos se refugian en el mismo argumento: la reforma es hasta 2030. Y es cierto.
PERO Sheinbaum no habló de leyes, habló de principios. Y en política, cuando los principios se subordinan al calendario electoral, lo que queda es puro pragmatismo… del viejo. Así, el mensaje que baja desde Palacio Nacional se diluye en los estados.
MORENA pide disciplina, pero tolera excepciones. Condena el nepotismo, pero lo administra. Y sus aliados hacen lo que mejor saben hacer: aprovechar el hueco legal mientras dure. En el Nido de Víboras, la pregunta no es si habrá nepotismo en 2027. La pregunta es quién se atreverá a decirle que no a la presidenta. Hasta ahora, en San Luis y Zacatecas, la respuesta ha sido clara: nadie lo dice, pero muchos lo hacen.


