Congela EE. UU. reloj electoral en Venezuela

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  • En este momento “elecciones serían prematuras”, dice Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, al reconocer que la oposición venezolana está en desventaja.
STAFF / LUCES DEL SIGLO

CIUDAD DE MÉXICO.- “¿Elecciones? Creo que es prematuro en este momento.” Con esta frase, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, resumió lo que Washington espera —y lo que no está dispuesto a aceptar— en las horas y días posteriores a la captura de Nicolás Maduro.

La frase no fue menor: llegó un día después de que el propio presidente Donald Trump confirmara al mundo que el líder del régimen chavista y su esposa, Cilia Flores, habían sido detenidos en Caracas por fuerzas especiales estadounidenses.

Para Rubio, la operación no fue una invasión, ni un acto de guerra, sino una medida de seguridad nacional. “Nos importan las elecciones, nos importa la democracia, pero lo primero que nos importa es la seguridad, el bienestar y la prosperidad de Estados Unidos”, insistió durante una entrevista con NBC News.

Y añadió con tono directo: “Maduro NO es el presidente de Venezuela. Maduro es el líder del Cártel de los Soles, una organización narcoterrorista que se ha apoderado de un país”.

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Las palabras de Rubio marcaron un viraje discursivo notable. Mientras voces dentro y fuera de Venezuela clamaban por elecciones libres en 30 días —como establece el artículo 233 de la Constitución venezolana en caso de falta absoluta del presidente—, Estados Unidos priorizó otros objetivos: control territorial, contención del narcotráfico y bloqueo a la influencia de potencias adversarias en la región.

“No vamos a permitir que el petróleo venezolano quede bajo control de China, Irán o Rusia”, enfatizó el secretario de Estado, antes de subrayar que Estados Unidos no necesita el crudo venezolano, pero tampoco cederá su gestión a rivales geopolíticos.

El enfoque estadounidense deja claro que la “transición” post-Maduro no será automática ni estará centrada exclusivamente en urnas y observadores electorales. En palabras de Rubio: “Estamos hablando de lo que ocurra en las próximas dos o tres semanas, dos o tres meses, y de cómo eso se vincule con el interés nacional de Estados Unidos”.

En ese margen, la administración Trump ha optado por mantener la presión: sanciones, congelamiento de activos, bloqueo petrolero y control de embarcaciones. “Mientras no haya cambios tangibles, seguirán enfrentándose a esta cuarentena petrolera”, advirtió Rubio.

Desde Caracas, el chavismo respondió con su propia hoja de ruta. El Tribunal Supremo de Justicia designó a Delcy Rodríguez como presidenta interina, en aplicación del mismo artículo 233 que exige asumir funciones ante la ausencia temporal del presidente. Rodríguez, por su parte, no tardó en hablar: exigió la liberación inmediata de Maduro, reiteró que él “sigue siendo el único presidente legítimo” y confirmó que hay “contactos con funcionarios estadounidenses”.

Pero más allá del discurso oficial, la cúpula chavista enfrenta el desafío de sostener el aparato estatal sin su principal figura política y sin reconocimiento internacional pleno. Las fuerzas armadas, clave para la estabilidad interna, se han mantenido hasta ahora bajo control del gobierno, pero el silencio de algunos mandos ha comenzado a generar rumores.

Por otro lado, la oposición venezolana —particularmente la liderada por María Corina Machado, recientemente galardonada con el Nobel de la Paz— se ha mantenido expectante.

Consultado sobre por qué EE. UU. no trabaja directamente con ella, Rubio fue diplomático pero firme: “María Corina es fantástica (…) es parte de ese movimiento, pero la realidad es que, desafortunadamente, la mayoría de la oposición no está presente en Venezuela”.

Una frase que refleja las dudas en Washington sobre la capacidad real de la oposición para tomar el control político y territorial del país.

En este contexto, las elecciones siguen siendo un tema tabú para Estados Unidos y una urgencia simbólica para la oposición. Para el chavismo, hablar de elecciones sin Maduro es reconocer una derrota institucional. Para el pueblo venezolano, en tanto, el día después de la captura no trajo cambios inmediatos: la gasolina sigue racionada, la inflación no cede y el miedo a una nueva ola de violencia o represión se mantiene.

En las calles de la capital venezolana, la realidad es que la “caída de Maduro” no ha sido aún el inicio de una transición clara, sino el punto de partida de una nueva disputa por el control del país. Un conflicto que ahora tiene a Caracas, Washington, Moscú y Pekín observando el mismo tablero, con expectativas radicalmente distintas.

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