POR KUKULKAN
LA ADUANA gringa no perdona. Si usted es político, empresario o funcionario mexicano, atrévase a entrar a Estados Unidos bajo su propio riesgo. Y no olvide: lo que pasa en el SAT… no se queda en el SAT. En la ruleta del Tío Sam, a veces se gana una Green Card, pero últimamente, lo que se reparten son cancelaciones de visa, miradas sospechosas y portazos diplomáticos.
EL ÚLTIMO en perder en esta mesa fue Alex Tonatiuh Márquez Hernández, exadministrador de Aduanas, que al parecer se pasó de listo con su afición por los relojes suizos, esos que no sólo marcan la hora, sino el estatus… y la sospecha de lavado. A Tonatiuh lo removieron del cargo en diciembre pasado sin mucha ceremonia.
Y EL VERDADERO reloj de arena comenzó a correr cuando se supo que su visa estadounidense había sido cancelada. No por llegar tarde, sino por llegar cargado de sospechas. El hombre, que debía vigilar los accesos al país, ahora no puede cruzar ni al McAllen Mall. Irónico, ¿no?
DESDE luego, Tonatiuh no está solo en esta lista negra que bien podría llamarse el Club de los Vetados VIP. Según Reuters y medios nacionales, Estados Unidos ha cancelado la visa a más de 50 políticos mexicanos sólo en los últimos años. No siempre con pruebas públicas, no siempre con juicios en curso. A veces basta un rumor con corbata, una transferencia sospechosa o una cena con el amigo equivocado.
VAYAMOS haciendo memoria. Al alcalde de Puerto Peñasco, Óscar Eduardo Castro, lo dejaron sin visa cuando quiso entrar a Arizona. A su esposa e hijo también. O sea, juego en familia. Al diputado Mario Alberto López Hernández lo retuvieron 12 horas en la frontera… y le devolvieron todo menos la visa.
FUNCIONARIA de Coahuila, a Sonia Villarreal le aplicaron la migra selectiva por estar embarazada; no porque quisieran al bebé, sino porque sospechaban que lo querían gringo. Y así, una larga lista de personajes que, de la noche a la mañana, pasaron de cruzar por el Global Entry a ver la frontera desde el Google Maps.
¿Y LA CAUSA? Oficialmente, nada. Extraoficialmente, todo: presuntos vínculos con crimen organizado, corrupción, lavado, abuso de poder… o simplemente caerle mal a algún cónsul gringo con iniciativa. La realidad es que Estados Unidos lleva años aplicando esta política de forma discrecional. No necesitan sentencia, ni juicio, ni pruebas públicas. Una sospecha basta.
AL MENOS así lo explicó Roberta Jacobson, exembajadora en México: “el retiro de visa puede indicar una investigación en curso… o no”. Lo importante es el mensaje: si no puedes justificar tus relojes, tus casas o tus transferencias, mejor quédate en tu rancho.
LO SATÍRICO está en que para muchos de estos funcionarios, perder la visa es más castigo que perder el puesto. No poder ir a Houston de shopping, a San Antonio al chequeo o a Las Vegas al desfogue, es el verdadero dolor. Y en política, perder el glamour es casi como perder el fuero.
REGRESEMOS con Tonatiuh y su gusto por los relojes caros. La historia es vieja como la frontera misma: funcionario mete la mano, Estados Unidos mete la lupa, y la visa… desaparece como la transparencia en tiempos electorales. Lo nuevo es que ahora estos vetos se han convertido en una herramienta de presión diplomática, una especie de ‘lista negra sin lista’, donde el castigo va primero y las pruebas… tal vez nunca.
TODO sigue igual en México, Tonatiuh podría no enfrentar cargos, podría incluso volver al cargo (¿por qué no?). Y mientras eso ocurre, otros funcionarios revisan sus joyeros, actualizan sus perfiles y llaman discretamente al cónsul: ‘¿y mi visa sigue activa?’. Total, al final en el gran casino de la política binacional, el Tío Sam reparte las cartas, pone las reglas… y si no le gusta tu cara, simplemente te saca del juego.


