Ayuso: la conquistadora de titulares

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POR KUKULKAN

HAY POLÍTICOS que viajan para atraer inversiones, fortalecer relaciones diplomáticas o presumir resultados. Y luego está Isabel Díaz Ayuso, que parece viajar únicamente para comprobar cuántos incendios políticos puede provocar antes de abordar el vuelo de regreso. La presidenta de la Comunidad de Madrid aterrizó en México como quien llega tarde a una fiesta temática de 1492: hablando de Hernán Cortés, reivindicando la hispanidad y montando una especie de safari ideológico entre empresarios ultraconservadores, toreros nostálgicos y empresarios encantados de escuchar que la conquista fue prácticamente una obra social.

LO CURIOSO no es que lo piense. Lo verdaderamente extraordinario es que haya decidido venir a decirlo precisamente a México, un país donde la discusión sobre la Conquista dejó de ser sobremesa académica para convertirse en una herida política abierta. Pero Ayuso no vino sola. La acompañó algo todavía más peligroso que su discurso: su absoluto convencimiento de que está protagonizando una cruzada histórica. Y cuando un político comienza a verse a sí mismo como salvador cultural, normalmente termina convertido en meme internacional.

LA ESCENA en la Asamblea de Madrid fue un espectáculo digno de una serie de HBO producida por militantes enojados. Mientras Ayuso paseaba por México repartiendo discursos sobre libertad y mestizaje, en Madrid sus adversarios políticos la trituraban verbalmente con una pasión que ya quisiera cualquier oposición latinoamericana. “Ridícula”, “casposa”, “fanática”, “agitadora internacional”, “vividora”. Faltó que alguien la acusara de haber hundido el Titanic y provocar la caída del Imperio romano. La izquierda madrileña convirtió la sesión parlamentaria en una terapia colectiva contra la presidenta regional.

Y AUNQUE muchas de las críticas son exageradas —porque la hipérbole es el combustible oficial de la política moderna—, también dejaron al descubierto algo evidente: Ayuso ya no gobierna Madrid; gobierna un personaje construido para la guerra cultural permanente. Ese es el verdadero negocio político de Ayuso: no administrar hospitales, transporte o vivienda. Eso aburre. Lo rentable hoy es convertirse en influencer ideológica de la derecha internacional. Viajar, provocar, declarar, incendiar las redes y regresar a casa convertida en mártir de la libertad occidental.

UNA ESPECIE de Juana de Arco patrocinada por think tanks liberales y empresarios que creen que la historia de América comenzó con una espada española y terminó con un brunch financiero en Miami. Y claro, México era el escenario perfecto. Aquí cualquier declaración sobre Hernán Cortés funciona como cerillo en gasolinera. Ayuso lo sabe. No es ingenua. Su visita jamás buscó diplomacia; buscaba titulares. Y los consiguió. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum la exhibía como símbolo de ignorancia colonial y la izquierda madrileña pedía disculpas públicas al pueblo mexicano, ella consolidaba exactamente lo que quería: convertirse en referente global de la derecha anti woke hispana.

LO FASCINANTE es que ambos bandos terminaron necesitándose mutuamente. Ayuso necesita que la izquierda la llame fascista para seguir vendiéndose como perseguida política. Y la izquierda necesita a Ayuso para recordarles a sus votantes que el franquismo no murió: simplemente aprendió a usar TikTok y vuelos internacionales. En medio del circo quedaron los mexicanos, observando atónitos cómo una presidenta regional española decidió venir a explicarnos nuestra propia historia. Porque hay algo profundamente colonial —aunque seguramente ella no lo note— en viajar miles de kilómetros para decirle a otro país cómo debe interpretar su pasado.

LA IRONÍA es deliciosa: mientras Ayuso habla obsesivamente de libertad, termina atrapada en la prisión más antigua de la política española: la nostalgia imperial. Esa necesidad enfermiza de algunos sectores de España de seguir creyendo que América Latina continúa esperando instrucciones de Madrid. Y mientras tanto, los problemas reales siguen ahí. Madrid con crisis de vivienda. México con violencia e incertidumbre económica. Pero la discusión internacional terminó girando alrededor de una estatua mental de Hernán Cortés y un espectáculo de Nacho Cano patrocinado con dinero público. La decadencia política resumida en una postal.

QUIZÁ lo más revelador no fue el escándalo, sino el vacío. Y es que detrás de tanto discurso sobre hispanidad, libertad y soberanía, no apareció una sola propuesta concreta para fortalecer la relación entre México y Madrid. Sólo hubo provocación, simbolismo barato y toneladas de vanidad política. Ayuso vino buscando aplausos de su tribu ideológica y terminó confirmando algo mucho más grande: que la política contemporánea ya no necesita gobernar bien. Sólo necesita generar contenido.

@Nido_DeViboras

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