- En una comunidad donde el mar, la pesca deportiva y la conservación conviven todos los días, prestadores de servicios turísticos y pescadores de fly fishing participaron en el segundo Taller de Diagnóstico Participativo de Turismo.
STAFF / LUCES DEL SIGLO
XCALAK, Q. ROO.- En una comunidad donde el mar, la pesca deportiva y la conservación conviven todos los días, prestadores de servicios turísticos y pescadores de fly fishing participaron en el segundo Taller de Diagnóstico Participativo de Turismo.
Un ejercicio que busca ordenar el crecimiento de esta actividad dentro de la Reserva Estatal Santuario del Manatí, Bahía de Chetumal.
El encuentro forma parte del proyecto “Conservación de la Reserva Estatal Santuario del Manatí a través del fortalecimiento de las prácticas de turismo sustentable”.
Es impulsado por el Instituto de Biodiversidad y Áreas Naturales Protegidas de Quintana Roo (Ibanqroo), en coordinación con Amigos de Sian Ka’an y el Instituto Tecnológico de Chetumal.
La iniciativa cuenta además con el respaldo de la Cooperación Alemana, a través de KfW, y del Mesoamerican Reef Fund (MAR Fund), organismos que acompañan proyectos orientados a proteger ecosistemas estratégicos del Caribe Mexicano y de la región mesoamericana.
Durante la jornada, los participantes pusieron sobre la mesa una pregunta clave para el futuro de Xcalak: cómo aprovechar el potencial turístico de la zona sin comprometer los recursos naturales que sostienen la vida comunitaria y las actividades productivas.
La bahía de Chetumal no sólo es un espacio de trabajo para pescadores y guías turísticos, también es uno de los hábitats más importantes para el manatí antillano en México.
La Reserva Estatal Santuario del Manatí fue decretada originalmente en 1996 y cuenta con una superficie de 277 mil 733 hectáreas, ubicadas en el municipio de Othón P. Blanco, de acuerdo con documentos oficiales del Gobierno de Quintana Roo.
Su importancia ecológica radica en la protección de humedales, manglares, cuerpos lagunares y zonas costeras que sirven de refugio, alimentación y reproducción para diversas especies.
El manatí antillano (Trichechus manatus) está considerado en riesgo dentro de la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010, instrumento que identifica a las especies de flora y fauna silvestres que requieren protección especial en el país.
Su conservación depende, en buena medida, de la calidad de los ecosistemas acuáticos y de la reducción de amenazas como la pérdida de hábitat, la contaminación y las actividades humanas no reguladas.
En este contexto, el taller permitió avanzar en un diagnóstico desde la mirada de quienes conocen el territorio de primera mano.
A través de mesas de trabajo y ejercicios de cartografía participativa, los asistentes identificaron zonas de uso turístico, áreas sensibles, oportunidades de desarrollo y posibles amenazas para la reserva.
El ejercicio fue encabezado por Alicia Herrera Yáñez, académica del Instituto Tecnológico de Chetumal, quien guió el mapeo colectivo con el propósito de integrar el conocimiento local a los procesos de planeación.
Rosa María Loreto Viruel, coordinadora del proyecto por parte de Amigos de Sian Ka’an, explicó que los resultados del taller servirán como insumo para la planeación estratégica del programa de uso público de la Reserva Estatal Santuario del Manatí, Bahía de Chetumal.
El objetivo es fortalecer un modelo de turismo responsable, compatible con la conservación del área natural protegida.
Durante las actividades, Miguel Mateo Sabido Itzá, director de Áreas Naturales Protegidas, Mejora Regulatoria y de Archivos del Ibanqroo, destacó que la reserva llega a tres décadas de historia como un espacio clave para la biodiversidad y para las comunidades del sur de Quintana Roo.
Señaló que la colaboración entre instituciones, autoridades y habitantes es indispensable para impulsar acciones que generen bienestar sin deteriorar los ecosistemas.
Para los habitantes de la zona, el turismo sustentable no es un concepto abstracto: representa la posibilidad de mantener sus fuentes de ingreso sin perder el patrimonio natural que da identidad a la comunidad.
Con este segundo taller, el Ibanqroo y las organizaciones participantes buscan sentar las bases para una ruta de conservación construida desde el territorio.




