Hallan 179 figuras de hace 1,000 años en cueva hundida

Fecha:

  • En 13 depósitos rituales prehispánicos que contenían incensarios, urnas-esfinge y cajetes, muchos con representaciones de jaguares, tecolotes y serpientes.
STAFF / LUCES DEL SIGLO

CINTALAPA, CHIS.- Expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) hallaron 13 depósitos rituales prehispánicos con 179 piezas prehispánicas de la cultura zoque.

Se trata de objetos cerámicos como incensarios, urnas-esfinge y cajetes, muchos con representaciones de jaguares, tecolotes y serpientes que permanecieron durante más de mil años en una cueva hundida a 10 metros de profundidad en Cintalapa, en el cañón del Río La Venta,

La llamada Cueva Mundo Zoque donde se resguardaba este tesoro cultural tiene más de 100 metros de largo, en el cual se encontraron urnas, cajetes y sahumadores con figurillas humanas y de animales.

Con base en las características tipológicas de la cerámica y de las representaciones iconográficas registradas, los materiales han sido fechados, preliminarmente, hacia el periodo Clásico Tardío regional (600–900 d.C.).

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“En la cosmovisión zoque estos tres animales están vinculados al mundo nocturno y a las cuevas”, expresó el arqueólogo Josuhé Lozada.

“El jaguar (kank) simboliza la oscuridad y es guardián del inframundo y del corazón del monte, el tecolote se asocia con la noche y la sabiduría, y la serpiente con la fuerza y el ciclo de la vida y la muerte”.

Uno de los aspectos más sobresalientes del hallazgo es que los incensarios, decorados con representaciones de las espinas del tronco de la ceiba (árbol sagrado para estos grupos), parecen marcar el recorrido ceremonial al interior de la cueva.

Al entrar a la cueva y luego de atravesar estrechos pasajes, el espacio se abre en amplias cámaras con estalactitas y estalagmitas, conformando un escenario natural asociado simbólicamente con el inframundo o ts’uan.

Como parte del hallazgo, a 30 metros de la cueva entrada se encuentra un sifón, cuyo paso únicamente es posible durante la temporada de secas, porque en época de lluvias permanece inundado.

Para lograr su acceso se requirió un descenso en rápel de más de 10 metros de profundidad, lo que contribuyó a mantenerla intacta y evitar su saqueo durante siglos, de acuerdo con el investigador comisionado Lozada Toledo.

Después de cruzarlo se ingresó a dos cámaras ascendentes: en la primera, ubicada al este, se localizaron concentraciones de cajetes junto a estalagmitas que fueron modificadas por los antiguos zoques, a fin de darles un aspecto antropomorfo.

La segunda, hacia el sur, contenía conjuntos de cajetes de distintos tamaños, algunos con mangos-efigie de representación humana.

El recorrido culminó en una cámara principal donde se identificaron cinco depósitos rituales con abundante cerámica naranja de pasta fina.

De ellos, destaca un sahumador decorado con una cruz que representa los rumbos del universo o quincunce, símbolo cosmológico mesoamericano.

La pieza posee un mango de 32 centímetros, rematado con la representación de una serpiente con las fauces abiertas.

De acuerdo con el arqueólogo Lozada Toledo, la disposición de las ofrendas y el contexto de la cueva indican que fue utilizada con fines ceremoniales, particularmente para rituales propiciatorios de lluvia y fertilidad agrícola, y no como un lugar de habitación.

El hallazgo arqueológico constituye uno de los más relevantes de las últimas décadas en la entidad chiapaneca.

Para Lozada Toledo, representa una aportación fundamental para el conocimiento de la antigua cultura zoque, y fortalece las acciones que el INAH impulsa para investigar, conservar y proteger el patrimonio arqueológico de Chiapas y de México.

El especialista tuvo la colaboración de la arqueóloga y escaladora profesional Martha Arcelia García Sánchez, y del espeleólogo Gabriel Merino Andrade.

Las investigaciones continuarán con nuevas exploraciones, su registro mediante fotogrametría tridimensional y estudios especializados permitirán comprender con mayor precisión la cronología e importancia cultural del sitio arqueológico.

Asimismo, se contemplan exámenes detallados de las partes interiores de los objetos cerámicos, los cuales presentan buen estado de conservación y, probablemente, resguarden residuos químicos, restos de copal, cenizas o, incluso, huesos humanos.

Cabe destacar que la cavidad fue descubierta por el guía local Jairo Díaz Barreiro, quien es integrante de la Alianza de Empresarios del Segmento de Naturaleza, Asociación Civil, mismo que notificó del descubrimiento al Centro INAH Chiapas, en enero pasado.

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