POR KUKULKAN
AHORA resulta que los pirómanos quieren encabezar la investigación del incendio. Ariadna Montiel puso ayer el dedo en el tanque de gasolina: “El huachicol fiscal nació con el PRIAN”, sentenció la presidenta nacional de Morena al recordar las reformas energéticas impulsadas por Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Y, naturalmente, ardió Troya. Si algo incomoda más que una acusación política es una acusación acompañada de fechas.
EN 2008, mientras Felipe Calderón impulsaba su reforma energética, Andrés Manuel López Obrador encabezaba el Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo. Cinco años después, PRI y PAN consumaron la Reforma Energética de Peña Nieto que transformó el mercado de hidrocarburos. Justo ahí está el pequeño detalle que hoy algunos quisieran guardar en un carrotanque: la apertura a la importación privada de combustibles no la inventó la 4T.
LA PROPIA documentación de la Secretaría de Energía establece que, después de la reforma constitucional de diciembre de 2013 y de la nueva Ley de Hidrocarburos, se modificó profundamente el marco jurídico y se abrió la posibilidad de otorgar permisos de importación a particulares. Es decir, se construyó la carretera. Otra cosa es quiénes decidieron después circular por ella con placas chuecas. Porque sería simplista decir que una reforma creó automáticamente el contrabando. Pero también resulta bastante cínico que quienes diseñaron aquella apertura aparezcan hoy preguntando quién abrió la puerta.
Y ENTONCES llegamos a Ernesto Ruffo Appel. El primer gobernador panista de Baja California, exsenador y personaje histórico de Acción Nacional fue detenido en julio por la FGR por su presunta participación en una trama de huachicol fiscal. Ruffo es accionista de Ingemar, empresa involucrada en las investigaciones sobre contrabando de combustibles desde Estados Unidos.
AQUÍ ES donde las cifras dejan de ser víboras para convertirse en boas constrictoras. La investigación ministerial sostiene que la organización relacionada con Ingemar habría realizado 4 mil 238 operaciones de importación entre enero y julio de 2025 por Nuevo Laredo, Camargo, Matamoros y Reynosa. El presunto truco era digno de la multiplicación de los panes y los peces, pero versión gasolinera: carrotanques que declaraban 10 mil litros podían transportar alrededor de 110 mil.
SEGÚN información de la investigación publicada recientemente, la red habría movido más de 800 millones de litros de gasolina y diésel en apenas 15 meses, con un daño fiscal estimado en 5 mil 400 millones de pesos. Nada mal para un negocio que algunos descubrieron políticamente apenas cuando comenzó a salpicarles los zapatos. Pero hay otro detalle particularmente sabroso. Durante el gobierno de López Obrador se intentó cancelar permisos de Ingemar, pero la empresa acudió a tribunales, litigó durante cuatro años, obtuvo amparos y terminó conservando cuatro permisos vigentes para importar hidrocarburos.
COMO si la escena política de estos días tuviera algo de comedia involuntaria. Los partidos que participaron en la apertura energética ahora exigen cuentas a quienes investigan las redes que utilizaron ese mercado; y Morena responde desempolvando el álbum familiar para recordar quién firmó las primeras invitaciones a la fiesta. Eso sí: tampoco alcanza con decir “fue el PRIAN” y santas pascuas. Si las redes crecieron durante años, atravesaron aduanas mexicanas, movilizaron trenes, buques y miles de carrotanques y presuntamente involucraron empresarios, agentes aduanales, funcionarios y hasta mandos militares, la 4T también tiene obligación de explicar cómo semejante elefante cargado de diésel cruzó tantas veces la sala sin que nadie lo viera.
AHÍ ESTÁ precisamente la diferencia entre investigar y encubrir. Que caiga quien tenga que caer. Panista, priista, morenista, empresario, marino, aduanal o funcionario. Pero tampoco quieran vendernos gasolina por agua bendita. Porque los papeles podrán haberse invertido y los acusadores de hoy podrán ensayar amnesia selectiva. Las fechas no militan. Los permisos tampoco. Y los expedientes judiciales mucho menos.
POR ESO cuando el PRIAN pregunte indignado quién dejó abierta la puerta del huachicol fiscal, quizá convenga responderle con otra pregunta: ¿No reconocen la cerradura? Porque fueron ellos quienes ayudaron a instalarla. Y ahora que la Fiscalía está revisando quiénes entraron, quiénes salieron y cuánto combustible pasó por ahí, resulta que los antiguos cerrajeros quieren aparecer como veladores. ¡Vaya memoria la del PRIAN! Tan volátil como la gasolina. Y, últimamente, bastante más inflamable.




