Nueve delfines. Dieciséis muertos antes que ellos. Y ni un solo ser humano detrás de rejas.
Se llaman Apolo, Flex, Diego, Mincho, Oceanía, Solei, Solomon, Saty y Squalo. Sobrevivieron a Dolphin Connection Cancún —antes Dolphinaris, antes Dolphin Discovery, el nombre cambia, el negocio no—, dentro de Ventura Park, en pleno Boulevard Kukulcán, kilómetro 25 de la Zona Hotelera. A metros de los hoteles de siete estrellas, donde entre 2018 y 2025 murieron dieciséis de sus compañeros mientras la piscina seguía llena de turistas pagando por una selfie.
El delfinario no cerró porque a la autoridad se le ocurrió: cerró en octubre de 2025 después de que un video de los delfines en distrés extremo se volviera viral. Otra vez: no fue vigilancia. Fue vergüenza pública.
Mincho tiene un carcinoma que le cubre el 70% de la lengua. Solei está ciega de un ojo y llagada de la otra. Oceanía trae las córneas inflamadas de forma crónica. La buena noticia, si se le puede llamar así, es que seis de los nueve ya fueron autorizados para comenzar el proceso de traslado a un corral marino. La mala es que llevan desde mayo en preparación, y once meses clausurados antes de eso. Desde que llegó la Profepa, cero muertes más. Ese dato sólo demuestra una cosa: no era imposible cuidarlos. Es que nadie quiso durante siete años.
Y aquí viene la parte que debería darnos más rabia todavía: la negligencia no se fue cuando cerró el negocio. Organizaciones como Veeleaf y Tide Breakers han documentado, con imágenes, que los nueve delfines siguen en piscinas donde apenas pueden moverse, con menos comida de la que necesitan y sin una sola sombra que los proteja del sol todo el día. Bajo resguardo de la propia Profepa. El gobierno, que se supone los está salvando, los tiene hoy en condiciones que también califican como abandono.
¿Por qué once meses y contando? No es que falte ley. En julio de 2025, el Senado aprobó por unanimidad prohibir los espectáculos con delfines y su reproducción en cautiverio, y ordenó su traslado a corrales marinos. Ya pasó más de un año. El reglamento que define cómo se aplica esa ley —los criterios, los plazos, quién paga qué— sigue sin publicarse. Nueve delfines enfermos están atrapados, literalmente, en el hueco entre una ley aprobada y un papel que nadie ha firmado.

Aquí no hace falta especular si hubo delito, al menos con la empresa que los dejó así. El Código Penal de Quintana Roo lo dice en el artículo 179 bis: la falta de condiciones dignas de salud y el abandono ya son, por definición, maltrato animal. Desde 2023 estos delitos se persiguen de oficio. Dieciséis delfines murieron bajo custodia de una empresa con fines de lucro. Cero carpetas de investigación conocidas contra sus responsables.
A estos animales los usamos para vender felicidad envasada —“nado con delfines”, 90 dólares, foto incluida— durante años, y en cuanto dejaron de ser rentables, se volvieron nadie. Ni siquiera el destino que hoy se propone para los seis liberados —corrales en Isla Mujeres y Chankanaab— es ajeno al negocio: son instalaciones que también pertenecen a Dolphin Discovery. La misma empresa que los enfermó decide, otra vez, a dónde van a parar.
No necesitamos otra campaña de concientización. Necesitamos que alguien publique el reglamento que lleva un año engavetado, y que la Fiscalía Especializada abra una carpeta con nombre y apellido. Pero mientras esa presión no llegue de arriba, la política local tiene la cabeza en otro lado: la clase política de este estado discute quién va a ser candidato a la gubernatura en 2027. Si esto le estuviera costando dinero a un hotel, no a un animal, ya tendríamos mesa de crisis y conferencia de prensa.
Da rabia. Debería dárnosla a todos. Respetar la vida no es una frase para el discurso de toma de protesta. Es un reglamento publicado y una carpeta de investigación con nombre y apellido, o es puro cinismo con membrete oficial.
Luces del Siglo ya firmó la petición de Empty The Tanks México para exigir el traslado de los nueve delfines a corrales marinos. Súmate tú también: https://www.change.org/p/trasladen-a-los-nueve-delfines-de-ventura-park-a-corrales-marinos
Leona no pidió permiso para informar. Nosotras tampoco.




