José Réyez
En un país donde la violencia y el crimen organizado parecen temas reservados para la nota roja o los debates políticos, la irrupción de un matemático con ecuaciones y modelos estadísticos ha sacudido a los economistas.
Rafael Prieto-Curiel, investigador del Complexity Science Hub en Viena, logró cuantificar lo invisible. Su estudio revela que los cárteles mexicanos emplean a 175 mil personas. Es decir, en conjunto, esta actividad criminal resulta el quinto empleador más grande del país.
Más allá de la polémica política, lo que Prieto-Curiel ha puesto sobre la mesa es una pregunta incómoda: ¿estamos combatiendo el crimen organizado con las herramientas equivocadas?
Tradicionalmente, la estrategia del gobierno mexicano se basó en la detención de capos. Y desde el sexenio pasado también se atienden las causas sociales de la violencia.
El estudio de Prieto-Curiel señala que los homicidios aumentaron un 40 por ciento entre 2013 y 2023, y las desapariciones forzadas continúan siendo una herida abierta.
La violencia no es una simple disputa entre criminales. Es un sistema económico y social que se reproduce a sí mismo.
El dato más revelador del estudio es, quizá, el del reclutamiento. Para mantenerse, los cárteles necesitan incorporar entre 350 y 370 personas cada semana. Es decir, alrededor de 19 mil 300 nuevas personas al año, durante el periodo de estudio.
Detrás de cada número hay un joven, muchas veces en situación de vulnerabilidad, que encuentra en el crimen una opción de empleo, identidad o supervivencia.
Frente a esto, duplicar las aprehensiones no frena la espiral violenta; sólo genera más vacantes que alguien ocupará.
La solución, sugiere el modelo, pasa por romper ese ciclo de entrada. Políticas de prevención efectivas –empleo digno, educación, reconstrucción del tejido social– podrían reducir las muertes en un 25% y disminuir el tamaño de las organizaciones delictivas en más de un 10% en los próximos años.
Lo paradójico es que las matemáticas, una disciplina abstracta y aparentemente alejada de la realidad cotidiana, están demostrando ser más certeras que muchos diagnósticos políticos.
Prieto-Curiel ya había aplicado modelos predictivos en la Ciudad de México para optimizar la vigilancia por cámaras de seguridad, logrando aumentar la captura de delincuentes de uno a 120 por día.
México gasta anualmente cerca de 10,000 millones de dólares en seguridad y 9,000 millones en programas sociales. Lo que Prieto-Curiel propone, desde la frialdad de los números, es un cambio de mirada: entender al crimen organizado como un sistema complejo, que se adapta, crece y sobrevive. Y, desde ahí, diseñar políticas inteligentes, no sólo reactivas.
La columna vertebral de los cárteles no son solo sus líderes visibles, sino los miles de hombres y mujeres que, por diversas razones, terminan formando parte de una estructura que los desecha con la misma facilidad con que los recluta.
Abordar esa realidad exige valor político y honestidad intelectual. Mientras tanto, un matemático exiliado en Viena sigue haciendo cuentas.


