- En las profundidades del Ex Convento de San Bernardino de Siena, investigadores del INAH han documentado un invaluable tesoro arqueológico sumergido.
IGNACIO CANUL
VALLADOLID, YUC.- En las profundidades del Ex Convento de San Bernardino de Siena, investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han documentado un invaluable tesoro arqueológico sumergido.
En el cenote Síis Já, especialistas localizaron una serie de vestigios bélicos y culturales que datan de la Guerra de Castas (1847-1901), convirtiendo este cuerpo de agua en una cápsula del tiempo que resguarda la memoria histórica del oriente del estado.
La misión de rescate y registro se realizó en febrero de 2026, motivada por denuncias sobre intervenciones no autorizadas en el sitio.
El operativo, liderado por la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) con el apoyo de la Fundación Convento Sisal Valladolid A.C., reunió a un equipo de expertos integrado por los arqueólogos Gustavo García, Sergio Grosjean, Mauricio Germon y el especialista en espeleobuceo José Palacios.
Todos ellos evaluaron el estado de conservación del patrimonio subacuático.
Claudia Curiel de Icaza, secretaria de Cultura del Gobierno de México, destacó la relevancia de estas acciones, al subrayar que la protección del patrimonio es un pilar fundamental del Estado.
Señaló que estas intervenciones son esenciales para salvaguardar los “testimonios vivos” que forman parte de la identidad y la memoria colectiva de la nación.
La secretaria enfatizó que la labor del INAH trasciende la simple recuperación de objetos, pues busca proteger narrativas históricas.
El objetivo primordial es asegurar que estos espacios sagrados y arqueológicos continúen siendo una fuente de conocimiento, aprendizaje y continuidad cultural para las generaciones venideras, garantizando su preservación a largo plazo.
Depósito estratégico
De acuerdo con los peritajes, el cenote Síis Já —“pozo de agua fría” en maya— funcionó como un depósito estratégico durante la Guerra Social Maya.
Se cree que, entre 1847 y 1848, el ejército yucateco arrojó su armamento al agua para evitar que el bando rebelde maya se apoderara de los pertrechos, configurando así un contexto arqueológico bélico sin precedentes en la región.
Hasta el momento, el inventario registra 153 armas de fuego, incluyendo fusiles y mosquetes europeos, además de un cañón de hierro que aún conserva su base de madera original.
El hallazgo se complementa con piezas de cerámica, talavera y porcelana que abarcan desde el periodo prehispánico hasta el siglo XX, materiales que se mantienen in situ para garantizar su integridad física mediante condiciones controladas.
Durante las inmersiones, el arqueólogo Gustavo García empleó técnicas de fotogrametría de vanguardia para documentar las piezas clave.
Mediante la captura de imágenes de alta resolución del cañón y el armamento, el equipo ha comenzado a desarrollar modelos tridimensionales a escala utilizando software especializado, lo que permitirá un análisis detallado sin necesidad de extraer los objetos del agua.
Esta documentación en 3D facilitará la reconstrucción de las prácticas históricas y el análisis comparativo con otros sitios arqueológicos.
Al estudiar los hallazgos en su contexto original, los investigadores podrán comprender mejor los procesos sociales y militares ocurridos en Valladolid, permitiendo una interpretación científica más precisa de los eventos que marcaron el siglo XIX en Yucatán.
Sin embargo, no todo es positivo: la prospección también sacó a la luz la existencia de infraestructura ilegal, como escaleras y puentes colapsados que han dañado los depósitos sedimentarios.
Estas estructuras, denunciadas previamente por el arqueólogo Sergio Grosjean, representan un grave peligro para los vestigios que aún permanecen enterrados bajo el lodo del cenote.
A este daño estructural se suma la presencia de “líneas de vida” instaladas por buzos furtivos y una alarmante degradación ecológica.
Los expertos notaron la ausencia total de bagres (ahlu), una especie típica de estos ecosistemas, lo que sugiere que la contaminación del acuífero y la intrusión humana descontrolada están aniquilando la fauna local y alterando el equilibrio del sitio.
Ante la vulnerabilidad del yacimiento, el INAH y la Fundación Convento Sisal han emitido un exhorto urgente a la sociedad y a las autoridades para redoblar la vigilancia.
Se planea retomar un proyecto de investigación sistemática que iniciará con labores de saneamiento para retirar desechos modernos, permitiendo así que el equipo de Grosjean realice un levantamiento científico riguroso que asegure la supervivencia de las piezas.
Se anunció que el museo de sitio del Ex Convento de San Bernardino de Siena recibirá piezas restauradas que fueron recuperadas en campañas anteriores (2003).
Esta exhibición permitirá que el público aprecie la riqueza del segundo convento más antiguo de la península, reintegrando estos objetos históricos a su comunidad de origen como parte del Atlas Arqueológico Subacuático de Yucatán.


