Frena el ‘Va y Ven’ en seco y provoca molestia y caos en Mérida

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  • Los trabajadores del volante del sistema de Transporte Va y Ven han dejado en el corralón sus unidades y anunciando un paro de labores.
CECILIA VERÁSTEGUI

MÉRIDA, YUC.- Son las cinco de la mañana del jueves, un día común; decenas de personas ya están en varias paradas del transporte público, van a sus centros de trabajo, escuelas, negocios.

La ciudadanía no sabe que su espera es en vano, los trabajadores del volante del sistema de Transporte Va y Ven han dejado en el corralón sus unidades y anunciando un paro de labores.

Pronto quedó colapsado el engranaje que mueve a la capital yucateca, no hubo el rugido habitual de los motores híbridos ni el destello azul de los validadores de credenciales.

Casi cien operadores del sistema de transporte masivo Va y Ven apagaron los motores y bajaron de las unidades, la consigna era clara, directa y grabada en cartulinas: paro indefinido por un salario digno.

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Exigen un aumento salarial que haga justicia a las largas jornadas al volante; sin embargo, mientras los choferes cruzaban los brazos en señal de protesta, la ciudad, ajena al pliego petitorio, colapsaba.

Para las 7:30 horas, el Periférico de Mérida y las principales avenidas conectadas a las rutas radiales ya eran un estacionamiento a cielo abierto.

La ausencia de los autobuses no aligeró el tráfico; al contrario, desató una reacción en cadena.

Miles de ciudadanos, desesperados por no perder el bono de puntualidad o la asistencia a la escuela, salieron a las calles en lo que tuvieran a la mano.

El flujo vehicular se saturó de autos particulares, mototaxis y motocicletas que sorteaban el caos entre cláxones enfurecidos y frenazos. En los paraderos del centro y del norte, el panorama era desolador.

“Llevo una hora esperando el camión para ir al hospital”, comentaba doña Martha, barriéndose el sudor de la frente con un pañuelo.

Como ella, miles de estudiantes, obreros y oficinistas miraban con impotencia la pantalla de sus celulares. El tiempo corría, la paciencia se agotaba y el transporte simplemente no llegaba.

El “agosto” de las plataformas: Tarifas dinámicas por las nubes

Ante la desesperación colectiva, las aplicaciones de transporte digital (Uber, DiDi, InDrive) se convirtieron en el “salvavidas” más codiciado y, a la vez, en la peor pesadilla para los bolsillos yucatecos.

Aprovechando la altísima demanda y el algoritmo de la tarifa dinámica, los precios se dispararon a niveles prohibitivos.

Viajes que habitualmente cuestan 60 pesos se cotizaban en 220 o hasta 300 pesos.

“Es un abuso total”, reclamaba Carlos, un joven universitario que contemplaba la pantalla de su teléfono con incredulidad.

“Para ir de Ciudad Caucel al Centro me quieren cobrar 250 pesos, gano 200 al día en mi trabajo de medio tiempo. Básicamente tendría que pagar por ir a trabajar”.

Quienes no podían costear el capricho de las plataformas no tuvieron más opción que resignarse a caminar kilómetros bajo el ya sofocante calor matutino o reagendar sus vidas para el día siguiente.

La respuesta oficial: El protocolo de emergencia de la ATY. Con la crisis escalando a pasos agigantados, la Agencia de Transportes de Yucatán activó de emergencia su protocolo de contingencia para mitigar el impacto en la ciudadanía.

Las acciones de las autoridades se concentraron en tres frentes principales:

Despliegue de unidades de apoyo: Camionetas van, autobuses de rutas alternas y vehículos oficiales de la corporación fueron habilitados temporalmente para cubrir los tramos con mayor saturación de usuarios, priorizando el Circuito Periférico.

Mesa de diálogo inmediata: Representantes de la ATY y de la empresa concesionaria instalaron una mesa de negociación con los portavoces de los casi cien choferes en paro para revisar las condiciones laborales y destrabar el conflicto.

Supervisión en campo: Inspectores de la agencia se desplegaron en los paraderos clave para coordinar el flujo de pasajeros y ofrecer alternativas de transbordo a la gente varada.

A pesar de los esfuerzos institucionales, la capacidad operativa del Va y Ven es tan grande que sustituirla por completo de la noche a la mañana resultó una tarea titánica.

Las camionetas de apoyo se llenaban en cuestión de segundos, dejando a decenas de personas estirando la mano en cada esquina. Al caer la tarde, el conflicto sigue en un punto muerto.

Los operadores mantienen su postura firme: las llaves no se moverán hasta que haya una firma que garantice el aumento de sueldo.

La ATY hace un llamado a la cordura y busca un acuerdo que no afecte las finanzas del sistema, mientras la concesionaria saca cuentas.

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