- La perforación de pozos sin autorización se ha convertido en una amenaza silenciosa para el acuífero de Quintana Roo.
OMAR ROMERO
CANCÚN, Q. ROO.- La perforación de pozos sin autorización se ha convertido en una amenaza silenciosa para el acuífero de Quintana Roo, al aumentar el riesgo de intrusión salina en las reservas de agua dulce de las que dependen la población, las comunidades rurales y la industria turística.
Organizaciones civiles especializadas en recursos hídricos alertaron que esta práctica se concentra principalmente en el sur del estado, sobre todo en Bacalar y Othón P. Blanco, donde ya se han detectado alteraciones en la calidad del agua mediante monitoreos comunitarios.
Alejandro López Tamayo, director general de Centinelas del Agua, estimó que cerca del 10 por ciento de los pozos existentes en Quintana Roo fueron perforados sin notificar a la Comisión Nacional del Agua (Conagua), autoridad encargada de regular las concesiones, supervisar las condiciones de extracción y vigilar la calidad del recurso.
El riesgo aumenta por la naturaleza del subsuelo quintanarroense. La Península de Yucatán se caracteriza por un acuífero cárstico, formado por roca caliza, ríos subterráneos y conductos de disolución, lo que facilita el movimiento del agua, pero también la vuelve más vulnerable a contaminación y desequilibrios en la extracción.
La UNAM ha señalado que este tipo de acuífero requiere monitoreo y modelación especializados, por su compleja dinámica subterránea.
“Si hay un conducto de disolución o un río subterráneo y se extrae un mayor volumen para el que estaba concesionado un pozo, eso es lo que provoca la intrusión salina”, explicó López Tamayo.
El especialista advirtió que el problema se agrava cuando varios pozos operan en una misma zona sin coordinación. “Si hay muchos pozos extrayendo agua en un mismo lugar, pueden jalar el agua salada y salinizar a todos los demás pozos”, señaló.
La intrusión salina ocurre cuando el agua de mar avanza hacia el acuífero y desplaza o contamina el agua dulce. Estudios recientes han advertido que este fenómeno debe incorporarse con mayor fuerza a la planeación territorial y a la gestión del agua en Quintana Roo, especialmente por tratarse de un acuífero costero expuesto a presión urbana, turística y climática.
López Tamayo explicó que la solución pasa por cumplir con un procedimiento que muchos propietarios desconocen o evitan: solicitar la concesión correspondiente ante Conagua. Aclaró que el trámite no significa “pagar por el agua”, sino obtener una autorización que permite determinar si el sitio es adecuado, si la zona ya tiene demasiadas extracciones y cuánto volumen puede aprovecharse sin comprometer el equilibrio del acuífero.
“No es que te vayan a cobrar el agua, pero sí necesitas hacer este trámite”, subrayó.
Conagua mantiene registros de disponibilidad, recarga y descarga natural comprometida de los acuíferos del estado, información que sirve como base para determinar condiciones de aprovechamiento y evitar una extracción desordenada.
Hasta ahora, Centinelas del Agua ha detectado alteraciones únicamente en municipios del sur; sin embargo, López Tamayo no descartó que el problema pueda avanzar hacia otras regiones.
“Al día de hoy no nos han reportado alguna comunidad más hacia el norte, pero estaremos pendientes por si esta situación se presenta también en otras comunidades”, indicó.
La alerta ocurre en un contexto de creciente presión sobre el agua subterránea de la Península de Yucatán, considerada la principal fuente de abastecimiento para la región. Investigaciones sobre salinización en zonas costeras advierten que el aumento del nivel del mar y los cambios en la recarga del acuífero podrían incrementar la salinidad del agua dulce en las próximas décadas




