Contra la gravedad no hay fuero

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POR KUKULKAN

HAY QUIENES dicen que las estatuas no hablan. Error. Hablan… cuando se caen. La de Felipe Calderón no necesitó pronunciar un solo discurso para volver a ocupar titulares. Bastó un árbol, una ráfaga de viento y un largo olvido institucional para que el bronce terminara mirando al suelo, en una imagen que muchos interpretaron como una metáfora perfecta del lugar que hoy ocupa el expresidente en la memoria pública. Y es que el karma tiene un sentido del humor muy peculiar. No manda notificaciones, no organiza conferencias mañaneras ni publica desplegados. Simplemente espera. A veces años. Luego aparece disfrazado de coincidencia… o de árbol.

LA ESCENA tiene todos los ingredientes de una tragicomedia mexicana: un expresidente cuya figura sigue dividiendo opiniones, un monumento derribado por causas naturales, un gobierno que no parece tener prisa por levantarlo y unas redes sociales que hicieron lo que mejor saben hacer: convertir el episodio en festival nacional del meme. Pero seamos sinceros, México podrá discrepar sobre economía, seguridad o reformas constitucionales, pero cuando aparece una oportunidad para fabricar memes, la unidad nacional florece de inmediato.

MIENTRAS algunos unos exigían que la estatua fuera restaurada por tratarse de patrimonio público, otros respondían que la escultura ya había encontrado la posición histórica que le correspondía. Hubo quienes hablaron de revanchismo político y quienes celebraron el accidente como si hubiera sido organizado por el destino con producción de Netflix. Lo curioso es que nadie discute realmente sobre el bronce. La estatua es apenas el pretexto. Lo que está sobre la mesa es el juicio permanente sobre uno de los sexenios más controvertidos de la historia reciente.

JUSTO ahí es donde aparece el verdadero protagonista de esta historia: la memoria. Por supuesto que los mexicanos olvidamos muchas cosas, pero también recordamos selectivamente. Hay quienes ven en Calderón al presidente que enfrentó al crimen organizado. Otros lo consideran el responsable de haber abierto una etapa de violencia cuyas consecuencias todavía persiguen al país. Ambas posturas conviven, chocan y sobreviven en cada conversación política. La estatua terminó atrapada entre esas dos narrativas. Lo más irónico es que el árbol terminó haciendo más ruido político que muchos discursos.

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AHORA BIEN, tampoco deja de resultar pintoresco que la explicación oficial sea que la escultura permanecerá en resguardo mientras revisan el estado del arbolado para evitar otro accidente. Es decir, el expresidente no fue derrotado por sus opositores, sino por Protección Civil. Difícil imaginar una derrota más botánica. Pero el episodio también deja otra lección: los monumentos suelen ser más vulnerables cuando cambia el clima político que cuando cambia el clima atmosférico. En México abundan las placas retiradas, los nombres borrados, las inauguraciones olvidadas y los homenajes que duran exactamente lo que dura un sexenio.

LA HISTORIA nacional tiene una extraña costumbre de remodelarse según quién ocupe la oficina principal. Eso explica por qué una estatua tirada puede convertirse en noticia nacional durante varios días. Y, sin embargo, conviene hacer una pausa entre tanta carcajada. Lo cierto es que, si el patrimonio histórico merece conservarse, debe hacerse sin importar si representa a un personaje querido o profundamente cuestionado. De lo contrario, terminaremos administrando la memoria pública según el humor político del momento. La historia no necesita simpatías para existir.

CLARO que esta reflexión probablemente dure menos que el siguiente meme. Mientras tanto, la estatua sigue esperando. Paciente. Silenciosa. Acostada. Quizá algún día vuelva a su pedestal. Quizá no. Después de todo, el bronce tiene más paciencia que los políticos. Y si algo enseña esta escena es que el poder también envejece. Los aplausos terminan, los escoltas desaparecen, los discursos se archivan y hasta las esculturas pueden acabar mirando el suelo. El tiempo es el único opositor que nunca pierde una elección. Dicen que el karma tarda, pero llega. En esta ocasión no llegó con trompetas ni con encuestas. Llegó con raíces, ramas… y una puntería que haría sonrojar a cualquier estratega político. En Los Pinos no hubo complot. Hubo gravedad. Y contra la ley de la gravedad, ni los expresidentes tienen fuero.

@Nido_DeViboras

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