- La costa de Yucatán enfrenta una guerra silenciosa. Pescadores ilegales, conocidos como ‘Los Furtivos’, saquean los recursos marinos de manera sistemática.
IGNACIO CANUL
MÉRIDA, YUC.- La costa de Yucatán enfrenta una guerra silenciosa. Pescadores ilegales, conocidos como “Los Furtivos”, saquean los recursos marinos de manera sistemática.
Lo que durante años fue una actividad asociada, en algunos casos, a la subsistencia de familias de pescadores —que incluso conocen y toleran la participación de algunos de sus integrantes— ha evolucionado hacia una operación de mayor escala. Actualmente, el crimen organizado ha tomado el control de buena parte de esta actividad ilegal. Las organizaciones delictivas acopian y comercializan especies protegidas de alto valor, convirtiendo las redes de pesca en redes criminales impulsadas por el mercado negro.
Ante este escenario, las autoridades federales y estatales han intensificado los operativos de vigilancia. La Secretaría de Marina, la Secretaría de Seguridad Pública de Yucatán y la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca) realizan patrullajes por aire, mar y tierra con el objetivo de frenar un posible colapso ecológico y social en la península.
Durante un recorrido por diversos puntos de la costa yucateca, Luces del Siglo constató que “Los Furtivos” operan al margen de la ley, sin respetar las tallas mínimas de captura ni los periodos de veda.
Su principal objetivo son especies de alto valor comercial, entre ellas el pulpo maya, el mero y la langosta. Sin embargo, el caracol rosado y el pepino de mar representan sus principales objetivos. Este último permanece en veda permanente debido a la sobreexplotación, mientras que su elevada demanda en el mercado asiático lo ha convertido en el llamado “oro negro” del océano.
Pescadores yucatecos que solicitaron el anonimato por temor a represalias aseguran que las operaciones ilegales se realizan principalmente durante la madrugada, cuando embarcaciones rápidas sin matrícula oficial salen al mar.
“Operan de noche o de madrugada para evadir los radares; usan compresores de aire modificados para descender a grandes profundidades y emplean cloro y ganchos para obligar a las especies a salir de sus arrecifes”, relata uno de los pescadores entrevistados.
Otro pescador lamenta que el crimen organizado haya asumido el control de la mayoría de los grupos de pescadores furtivos y afirma que esta actividad ilegal afecta prácticamente a todo el litoral yucateco.
Las autoridades tienen identificados cuatro focos rojos principales.
En Celestún y Sisal, la pesca ilegal se concentra en la captura de pulpo y pepino de mar. Ante esta situación, pescadores locales han creado comités de vigilancia comunitaria para proteger la zona.
Otro punto crítico es Dzilam de Bravo, donde, según testimonios de pescadores, el crimen organizado controla tanto el acopio como la distribución ilegal de pulpo, langosta y pepino de mar.
El Arrecife Alacranes, rico en caracol rosado y langosta y ubicado a unos 140 kilómetros de la costa, también se ha convertido en un objetivo para las organizaciones criminales y los pescadores furtivos.
En San Felipe y Río Lagartos, los grupos conocidos como “Los Furtivos” también operan, de acuerdo con pescadores de la zona, bajo las órdenes de estructuras del crimen organizado.
La ofensiva de las fuerzas de seguridad ha dejado un saldo de al menos 14 pescadores furtivos detenidos en lo que va de 2026.
En marzo, tres pescadores fueron capturados en las inmediaciones de Isla Pérez, dentro del Arrecife Alacranes. Transportaban un cargamento ilegal de caracol rosado, especie sujeta a protección especial.
En mayo, dos hombres fueron detenidos en calles de Puerto Progreso cuando transportaban más de 77 kilogramos de pepino de mar ocultos en bolsas de plástico.
En junio se registró una persecución en altamar frente a Dzilam de Bravo. Las autoridades detuvieron a tres personas y decomisaron 250 kilogramos de pepino de mar, además de pulpo maya y boquinete.
Durante julio se realizaron dos operativos costeros que derivaron en la detención de seis personas. Tres fueron capturadas en la carretera Celestún-Mérida con 28 bolsas de pulpo, mientras que las otras tres fueron arrestadas en alta mar a bordo de la embarcación Lalito I.
Respetar los ciclos biológicos de las especies es fundamental para la supervivencia de las comunidades pesqueras. Consumir, almacenar o transportar especies en veda durante este periodo constituye un delito federal.
La captura legal de pulpo se reanudará el 1 de agosto de 2026, mientras que la temporada del caracol rosado comenzará el 30 de septiembre. El pepino de mar permanece en veda permanente debido a que su población no se ha recuperado del colapso registrado la década pasada. En el caso de la langosta, la temporada de captura acaba de iniciar y concluirá en febrero de 2027.
Sin embargo, esas fechas no forman parte del calendario de “Los Furtivos”, ni del de las organizaciones criminales que controlan esta actividad.
El artículo 420 del Código Penal Federal sanciona la captura ilegal de especies sujetas a veda con penas de uno a nueve años de prisión. Si el delito se comete dentro de un Área Natural Protegida, la condena puede incrementarse hasta en tres años adicionales.




