POR KUKULKAN
ALGO verdaderamente extraordinario está ocurriendo en Quintana Roo. Las bardas han adquirido conciencia política. Hasta hace poco pensábamos que una pared era simplemente eso: cemento, block, pintura y acaso algún anuncio de “se vende terreno”. Qué equivocados estábamos. En Cancún las paredes aparentemente ya piensan, sienten y, lo más sorprendente, tienen preferencias electorales rumbo a 2027.
UN BUEN día amanece con leyendas en apoyo de “Gino” Segura. Otras deciden que “Cancún con Sanén”. Más adelante aparece alguna inclinada hacia Batún. Y por ahí otras manifiestan ‘espontáneamente’ simpatías políticas por Rafael Marín. Nadie sabe cómo ocurre. Los aspirantes, por supuesto, se deslindan. Ellos no fueron. Sus equipos tampoco. Nadie dio instrucciones. Nadie contrató pintores. Nadie compró pintura. Nadie sabe nada.
SE TRATA, según los deslindes recogidos alrededor de estas pintas, “expresiones espontáneas del pueblo”. ¡Maravilloso! El pueblo antes se expresaba en las urnas. Ahora aparentemente se expresa con rodillo a las tres de la mañana. Lo más curioso es que algunas de estas manifestaciones espontáneas han aparecido en propiedades cuyos dueños aseguran que nadie les pidió permiso. Es decir, estamos frente a un nivel superior de participación democrática.
LA BARDA tiene más derecho a expresarse que el propietario de la barda. Hay vecinos que salen de casa y descubren que su patrimonio ya tomó partido. Y cuando se les pregunta, oiga, ¿usted apoya a Gino? Ellos responden, ‘No’. Pues resulta que su casa sí. Y ni modo, a respetar la pluralidad familiar. El fenómeno lleva meses apareciendo mientras distintos personajes de Morena buscan posicionarse rumbo a las elecciones de 2027.
MIENTRAS tanto, el Instituto Electoral de Quintana Roo ha recibido quejas y algunas pintas han terminado bajo medidas para su retiro… pero las bardas son perseverantes y tercas. Las borran. Regresan. Las denuncian. Reaparecen. Los políticos se deslindan. Se multiplican. Stephen King, el escritor estadounidense apodado ‘El Rey del Terror’, podría escribir algo interesante con esto. “El regreso de las bardas”. Próximamente en todos los cines.
TAL VEZ la autoridad electoral está abordando mal el problema. En lugar de citar a los aspirantes, debería interrogar directamente a las paredes: Señora barda, ¿quién la pintó? Silencio; ¿Recibió usted recursos públicos? Silencio; ¿Tiene relación con algún aspirante? Silencio. Caso cerrado por falta de pruebas. Y mientras todos investigan el misterio, los nombres siguen apareciendo por la ciudad. La estrategia es magnífica porque ofrece todos los beneficios de una campaña sin cargar con la incómoda responsabilidad de admitir que se está haciendo campaña.
EL NOMBRE aparece. La gente lo ve. Las redes lo reproducen. Los medios hablan del aspirante. Pero el aspirante no sabe absolutamente nada. Es política cuántica. La campaña existe y no existe al mismo tiempo. Depende de quién pregunte. Si pregunta un ciudadano: “¡Gino está por todas partes!”. Si pregunta el árbitro electoral: “¿Gino? ¿Cuál Gino?”. Y así avanzamos alegremente hacia 2027.
TODAVÍA falta para las campañas formales, pero algunos muros parecen tener un calendario electoral bastante más adelantado que el IEQROO. Eso también debe reconocerse. En Quintana Roo tenemos bardas visionarias. Ellas ya saben quién quiere ser candidato antes de que los interesados terminen de admitirlo. Porque esa es otra adorable costumbre de la política mexicana. Nadie está haciendo campaña. Todos están concentradísimos en su responsabilidad de defender la soberanía y al movimiento de la Cuarta Transformación.
NADIE asume su responsabilidad. Las fachadas se expresan por la libre y quizás deberíamos aceptar que hemos entrado en una nueva etapa: la democracia inmobiliaria. Las casas votan. Los comercios militan. Las banquetas hacen operación territorial. Y las bardas organizan espontáneamente la sucesión. Los aspirantes solamente pasan por ahí ¿Qué culpa tienen ellos? Lo malo es que, siguiendo esta lógica, cualquier día una pared podría amanecer exigiendo una diputación o una gubernatura. Y tendría argumentos. Después de todo, llevan meses haciendo más campaña que muchos políticos.
ASÍ QUE la próxima vez que vea una barda pintada con el nombre de algún suspirante, no piense mal. No hay campaña anticipada. No hay estrategia. No hay operadores. Mucho menos aspirantes desesperados por aparecer en todas partes. Es simplemente el pueblo expresándose. Aunque el pueblo propietario de la pared diga que no. Y cuidado con reclamar. Porque en Quintana Roo las paredes oyen. Pero, sobre todo, las bardas ya votan.




