Feminismos en corto y sin tanto rollo

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Feminismos en corto y sin tanto rollo
El silencio cómplice de los hombres

Por Haidé Serrano

Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y una de las mujeres líderes más importantes del planeta no se salva de la violencia machista.

Se podría pensar que al ser la mujer más poderosa de Europa está libre de ser discriminada por el solo hecho de ser mujer. Todo lo contrario.

En un evento protocolario, el ministro de Asuntos Exteriores de Uganda, Jeje Odongo le niega el saludo a Von der Leyen. El video le ha dado la vuelta al mundo. El llamado “saludogate” evidenció la violencia machista en las altas esferas de la diplomacia euro-occidental. Y no es la primera vez, desde luego.

Pero lo que también se volvió viral fue el silencio que guardó Charles Michel, presidente del Consejo Europeo. Y que se volvió más evidente cuando el Presidente de Francia, Emmanuel Macron, no dejó de lado la ofensa a Von der Leyen e instó a Odongo a saludarla.

La omisión de Charles Michel es muestra clara del silencio cómplice de los hombres que contribuye a que las discriminaciones hacia las mujeres continúen, se perpetúen. Pero estas complicidades ya están teniendo consecuencias. En primera, las voces crecen para señalar la connivencia patriarcal. Y en segunda, se juegan el puesto. En el caso de Michel, su reelección como presidente del Consejo Europeo se ha puesto en duda. Y hay muchas posibilidades de que no lo logre.

Estas muestras públicas de violencia de género son indicadores claros de la violencia estructural. Que son cada vez más visibles gracias a las numerosas protestas de feministas. También dan cuenta del avance en el consenso de considerarlas inadmisibles y políticamente incorrectas.

Las y los políticos se vuelven cada vez más virales por sus expresiones discriminatorias. Al menos, para ridiculizarles en las redes sociales. Porque el efecto esperado sería que dejaran de ser machistas. Sin embargo, algo se avanza.

Transitar a la igualdad, al conocimiento de los orígenes y razones de la violencia de género pasa necesariamente por la educación. A través de lectura, de un taller, etc. Este cambio de cultura exige un cuestionamiento profundo, de cómo cada una de nostr@s participa en la violencia. Entre otros procesos, desaprendizajes y deconstrucciones.

Pero no se da por generación espontánea. Si l@s polític@s se empeñan en negar su obligación y participación en la violencia estructural las consecuencias serán cada vez mayores. Especialmente para l@s polític@ que quieran acceder o permanecer en el poder.

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